Vanguard eleva su pronóstico de crecimiento del PIB estadounidense al 3% para 2027, sustentado en la maduración de la inteligencia artificial. El análisis distingue tres fases: automatización actual, potenciación de la productividad laboral y creación de industrias inéditas. Solo las dos últimas determinarán si la IA se convierte en tecnología de uso general, similar a la electricidad o la computadora personal.
Las valoraciones bursátiles de las grandes tecnológicas ya incorporan gran parte del potencial alcista. Sin embargo, la historia muestra que los mayores beneficios a largo plazo suelen recaer en los usuarios y no en los creadores de la tecnología. La electricidad enriqueció más a las fábricas que a las compañías eléctricas; el automóvil benefició más a promotores inmobiliarios que a fabricantes de vehículos.

Oportunidades sectoriales
Proveedores de salud automatizarán tareas administrativas y elevarán la precisión diagnóstica. Entidades financieras ofrecerán asesoramiento personalizado a menor costo. Empresas de servicios podrán combinar conocimiento humano con análisis avanzado. Estos sectores cotizan actualmente con múltiplos orientados al valor y muchos operan fuera de Estados Unidos, donde el envejecimiento poblacional hace más valiosa la productividad incrementada.
Riesgo y reasignación
La transición desde la fase de inversión dominada por desarrolladores de modelos hacia una fase de consumo requerirá al menos uno o dos años adicionales. Para inversores de largo plazo, las acciones de valor estadounidenses, mercados desarrollados no estadounidenses y bonos de alta calidad ofrecen perfiles defensivos si la IA no cumple expectativas y oportunidades si lo hace. El ajuste de carteras debe anticipar este desplazamiento de valor, sin abandonar la exposición tecnológica.
