Hollywood recupera la taquilla, pero el verdadero regreso está en la experiencia de ir al cine

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El cine atraviesa en 2026 su recuperación más convincente desde la pandemia. Durante los primeros siete meses del año, la venta mundial de boletos creció 15 por ciento frente al mismo periodo de 2025 y apunta a registrar su mejor desempeño anual desde 2019. Cinco películas ya superaron los mil millones de dólares en taquilla y, con los próximos estrenos de Dune y Avengers, esa cifra podría elevarse a siete.

El dato más importante, sin embargo, no es únicamente cuánto dinero han recaudado los estudios. Después de años en los que las plataformas de streaming, los videojuegos y los videos cortos redujeron la frecuencia de las visitas a las salas, el público parece estar redescubriendo el cine como una actividad social. La recuperación todavía es incompleta: la asistencia permanece más de 20 por ciento por debajo de los niveles anteriores a la pandemia. Aun así, la continuidad de los éxitos sugiere que no se trata solo de fenómenos aislados como Top Gun: Maverick o el fenómeno de Barbenheimer.

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Una cartelera amplia volvió a atraer al público

La diversidad de los éxitos explica parte de la fortaleza del mercado. Este año han funcionado grandes producciones como The Odyssey y Project Hail Mary, secuelas familiares como Toy Story 5, relanzamientos nostálgicos como The Devil Wears Prada 2 y películas de terror realizadas con presupuestos reducidos. También destacaron producciones independientes, entre ellas Iron Lung, impulsada por sus propios creadores.

La mezcla revela que el público no está respondiendo a una sola fórmula. Busca franquicias reconocibles, pero también propuestas nuevas; disfruta de espectáculos costosos, aunque puede convertir una película de bajo presupuesto en un acontecimiento. El éxito de Michael, que se convirtió en la cinta biográfica musical más taquillera de la historia, confirma además el atractivo de las figuras populares y de las historias capaces de conectar con audiencias amplias.

Para los estudios, esta variedad representa una oportunidad y un riesgo. La industria había pasado una década concentrada en explotar marcas conocidas de Marvel, Pixar, Lucasfilm y otras propiedades intelectuales. Pero títulos como Minions & Monsters, Supergirl y la versión de acción real de Moana muestran que el reconocimiento de una marca no garantiza el interés del público. Cuando las secuelas llegan demasiado pronto o repiten fórmulas recientes, la familiaridad puede convertirse en cansancio.

Los jóvenes no abandonaron las salas: cambiaron sus expectativas

La generación que creció con teléfonos inteligentes, redes sociales, Fortnite y Roblox se convirtió durante años en la principal preocupación de Hollywood. Sin embargo, los datos de 2026 contradicen la idea de que los jóvenes ya no quieren ir al cine. La generación Z, integrada por personas de entre 14 y 29 años, representa 40 por ciento de los asistentes en Estados Unidos, seis puntos más que en 2022. Entre los niños nacidos después de 2013 también crece la preferencia por ver películas en la pantalla grande.

La explicación está relacionada con el valor de la experiencia compartida. Los jóvenes también están asistiendo a conciertos, espectáculos de comedia y otros eventos en vivo. En un entorno saturado de entretenimiento disponible en casa, salir se vuelve atractivo cuando la actividad ofrece una sensación de comunidad, escala y participación que una pantalla personal no puede reproducir.

Este cambio también está modificando la búsqueda de talento. Backrooms, dirigida por Kane Parsons, un creador de YouTube de 21 años, consiguió el mejor estreno en la historia de A24. Obsession, de Curry Barker, se convirtió en la película más exitosa estrenada por Focus Features. Ambas superaron los 375 millones de dólares, pese a que sus presupuestos fueron muy inferiores al de The Mandalorian and Grogu, cuyo debut decepcionó.

La lección no es que cualquier contenido viral pueda transformarse en una película exitosa. El punto es que los creadores nacidos en internet conocen los códigos, el ritmo y el lenguaje de sus audiencias. Hollywood empieza a entender que las nuevas ideas no necesariamente aparecen primero en los estudios: también pueden formarse en comunidades digitales con una cultura propia de personajes, relatos y referencias.

La nostalgia funciona cuando conecta generaciones

Los primeros años de la década de 2000 se han convertido en una reserva especialmente productiva para los estudios. The Devil Wears Prada 2 recaudó cerca de 700 millones de dólares, más del doble que la película original de 2006. La nueva entrega de Scary Movie es la más taquillera de la franquicia desde la primera, mientras que Focker-in-Law busca prolongar el atractivo de Meet the Parents.

El mecanismo comercial es claro: las películas que marcaron a los millennials ahora pueden ser compartidas con sus hijos de la generación Alfa. La nostalgia, por tanto, deja de ser únicamente una apelación al recuerdo y se convierte en una herramienta para construir una experiencia familiar. Su límite aparece cuando el estudio confunde reconocimiento con necesidad. Recuperar una marca no basta; debe existir una razón para volver a verla en una sala.

La pantalla grande se transformó en parte del espectáculo

El renovado interés por los formatos cinematográficos es otra señal de cambio. Un video de Kodak en el que Ryan Coogler explicaba las diferencias entre los tipos de película y las relaciones de aspecto se volvió viral antes del estreno de Sinners. La cinta terminó recaudando 371 millones de dólares y obtuvo cuatro premios Oscar.

The Odyssey, de Christopher Nolan, llevó esa tendencia más lejos. Algunos espectadores recorrieron cientos de kilómetros y gastaron cientos de dólares para verla en el mejor formato disponible. El atractivo ya no está solamente en la historia, sino en la posibilidad de presenciar algo que no puede reproducirse con la misma intensidad en casa. Imax se beneficia de esa transformación: sus salas y sus cámaras se han convertido en elementos de mercadotecnia y, al mismo tiempo, en criterios de selección para los cinéfilos.

Los estudios también parecen haber encontrado un equilibrio más razonable entre las salas y el streaming. Tras los experimentos de la pandemia, un periodo de exhibición cercano a 45 días se ha consolidado como una fórmula funcional. Permite aprovechar la demanda inicial y, al mismo tiempo, evita que el público espere indefinidamente para ver la película en casa.

México confirma que el cine se vende como experiencia

La recuperación también se observa en México. Para Cinépolis, el cambio fundamental consiste en que ir al cine volvió a percibirse como un plan atractivo y compartido. Miguel Rivera, vicepresidente global de Programación de la empresa, señala que el público busca desconectarse, vivir una buena experiencia y reaccionar junto con otros espectadores.

El terror mantiene una fuerza particular entre las personas de 15 a 25 años, mientras que la animación y el cine familiar conservan su capacidad de convocar a distintos grupos. También crece el peso de los creadores de contenido. La película mexicana más popular del año en Cinépolis ha sido ¿Quieres ser mi… novia?, protagonizada por Juanpa Zurita, cuya audiencia se construyó en YouTube y otras redes sociales.

La exhibición de partidos del Mundial de futbol reforzó esa estrategia. Las salas ofrecieron una alternativa al estadio, con pantallas gigantes y un ambiente semejante al de una tribuna. El aprendizaje para la industria mexicana coincide con el de Hollywood: el público no sale de casa únicamente por una película. Sale cuando encuentra una experiencia suficientemente relevante, colectiva y difícil de sustituir.

El optimismo todavía necesita pruebas

Los resultados de 2026 no eliminan las fragilidades del negocio. El aumento de la taquilla también refleja boletos más caros y una mayor demanda de formatos premium. La participación de Hollywood en China cayó más de 50 por ciento desde la pandemia, las comedias siguen teniendo dificultades y varias películas originales no han encontrado una audiencia amplia.

La frase de William Goldman, “Nadie sabe nada”, conserva vigencia. Los ejecutivos no predijeron el alcance de Michael ni la cercanía de Project Hail Mary a los 700 millones de dólares. La conclusión más sólida no es que las franquicias hayan muerto ni que el cine haya recuperado su antiguo lugar central. Es que el público responde cuando los estudios ofrecen una combinación de calidad, sorpresa y escala. En 2026, Hollywood no descubrió una fórmula infalible; recordó que todavía debe ganarse cada visita a la sala.

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