Durante el rodaje de la película Magallanes en Filipinas, Gael García Bernal fue despertado cada madrugada por el grito de vendedores de tamales. El hallazgo no era casual: revelaba un vínculo colonial olvidado entre México y Filipinas, originado cuando los tlaxcaltecas fueron enviados desde Nueva España para pacificar la región en el siglo XVI.

El actor mexicano comprendió entonces que los tamales filipinos de arroz conservan esa herencia culinaria y comercial. Esta conexión histórica, poco documentada en los relatos oficiales, añade una capa de profundidad a la cinta de casi tres horas dirigida por Lav Díaz.
Un explorador controvertido
Magallanes retrata al navegante portugués como figura ambigua: modernizó el comercio al unir el Atlántico y el Pacífico, pero también cometió ejecuciones durante motines y abandonó a un sacerdote en una isla. García Bernal se dejó crecer la barba y aprendió portugués para encarnar a un personaje que Portugal y España admiraron y vilipendiaron por igual.
Producción y reconocimiento
La cinta, coproducida por La Corriente del Golfo de Diego Luna y el propio García Bernal, ha recorrido festivales como Múnich, Morelia y Valladolid, donde obtuvo el premio a Mejor Película. Su estreno en salas mexicanas permite reflexionar sobre las rutas coloniales que aún unen continentes y sobre cómo el cine puede rescatar memorias omitidas por la historia oficial.
