Ford pide reformar T-MEC para premiar producción local

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Por Redacción de Mercados Globales • 2 de julio de 2026

El director ejecutivo de Ford Motor Company, Jim Farley, solicitó modificaciones al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) que otorguen ventajas a los fabricantes con alta producción nacional y penalicen a quienes dependen mayoritariamente de importaciones. La propuesta surge en un contexto de revisiones anuales del acuerdo comercial, tras la decisión de la administración Trump de no renovar el pacto trilateral original.

Farley expuso su postura durante una entrevista telefónica con CNBC el miércoles. Señaló que el nuevo marco debe facilitar la competencia de las empresas estadounidenses frente a competidores que importan vehículos desde Japón y Corea del Sur. “Es imperativo que cualquier nuevo acuerdo facilite, y no dificulte, competir con los fabricantes estadounidenses que importan desde Japón, Corea del Sur y competidores globales que importan desde esas ubicaciones”, afirmó.

Producción versus importaciones: el caso de Ford

Ford ensambló más de dos millones de vehículos en territorio estadounidense durante el año pasado, la cifra más alta entre todos los fabricantes. La compañía exportó 311.000 unidades a más de 60 mercados y solo importó 378.000 vehículos, lo que representa el 17 % de sus 2,2 millones de ventas internas. Esta proporción contrasta con la de sus principales rivales.

General Motors importó 1,17 millones de vehículos en 2025, equivalente al 41 % de sus ventas en Estados Unidos. Toyota, por su parte, importó más de 1,19 millones de unidades, o el 47 % de sus ventas domésticas. Estos datos, proporcionados por fuentes de la industria, ilustran la diferencia estructural entre los modelos de negocio de cada empresa.

El peso del sector automotriz en el comercio regional

La industria automotriz representó aproximadamente el 18 % del comercio total de Estados Unidos con Canadá y México el año pasado. Cualquier ajuste al T-MEC que altere las reglas de origen o los incentivos fiscales podría modificar sustancialmente los flujos de inversión y empleo en la región. Ford emplea el mayor número de trabajadores sindicalizados de la UAW entre los fabricantes que operan en el país, un factor que Farley destacó como parte de su argumento a favor de recompensar la producción local.

La decisión de la administración Trump de someter el tratado a revisiones anuales, en lugar de una renovación automática, introduce un elemento de incertidumbre que las empresas deben gestionar. Farley argumentó que los fabricantes con mayor proporción de ensamblaje nacional deberían recibir beneficios específicos bajo el nuevo esquema, mientras que quienes importan la mayor parte de sus unidades enfrentarían desventajas competitivas.

Repercusiones para la cadena de suministro y el empleo

Un cambio en las reglas del T-MEC que favorezca la producción doméstica podría acelerar la relocalización de líneas de ensamblaje, aunque también podría elevar costos para los consumidores si las importaciones se encarecen. Analistas del sector señalan que las empresas con menor dependencia de importaciones, como Ford, podrían obtener ventajas en licitaciones gubernamentales o en acceso a créditos fiscales vinculados al tratado. Sin embargo, los fabricantes con fuerte presencia importadora, como GM y Toyota, probablemente argumentarán que la diversidad de orígenes de sus vehículos responde a la demanda del mercado y a la eficiencia de sus cadenas globales.

El debate también toca el equilibrio entre comercio libre y protección de la industria nacional. Farley enfatizó que Ford exporta más vehículos de los que importa, lo que genera superávit comercial y mantiene empleos de alta calidad en plantas estadounidenses. Esta posición contrasta con la estrategia de competidores que priorizan la importación de modelos terminados desde Asia.

Perspectivas hacia las revisiones anuales

Las revisiones anuales del T-MEC, que podrían derivar en la terminación del acuerdo para 2036, obligan a los fabricantes a planificar escenarios de mediano plazo. La postura de Ford añade presión sobre los negociadores estadounidenses para que incorporen criterios de contenido nacional más estrictos. Al mismo tiempo, Canadá y México, como socios comerciales clave, podrían oponerse a medidas que restrinjan el flujo de componentes y vehículos terminados entre los tres países.

El resultado de este proceso definirá no solo las condiciones de competencia entre fabricantes, sino también la ubicación de futuras inversiones en plantas, centros de investigación y cadenas de proveedores. La industria automotriz, responsable de una porción significativa del comercio regional, se encuentra nuevamente en el centro de las negociaciones comerciales de América del Norte.

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