El presidente Donald Trump anunció el viernes que Estados Unidos asumirá el control mayoritario de una vasta parte de las reservas petroleras de Venezuela, en un acuerdo con el gobierno de Delcy Rodríguez que ha generado rechazo y dudas entre venezolanos. La medida contempla 100 mil millones de dólares en inversión estadounidense y el acceso a 65 mil millones de barriles, según personas citadas por The New York Times.
El pacto se produjo meses después de la captura en enero de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses. Pese a la salida del mandatario, Rodríguez permanece en el poder, no hay fecha fijada para elecciones y millones de venezolanos continúan enfrentando pobreza y apagones eléctricos. El anuncio de Trump no incluyó compromisos sobre una transición democrática.

Para parte de la población, la inversión prometida puede ser aceptable solo si abre paso a cambios políticos y económicos. José Leal, educador jubilado de 68 años en Valencia, consideró insuficiente la cifra frente al volumen de petróleo involucrado, pero dijo que toleraría el acuerdo si Estados Unidos ayuda a impulsar una salida democrática tras décadas de gobiernos represivos.
“Obviamente sale ganando más Estados Unidos, enormemente más”, afirmó Leal. Sin embargo, sostuvo que Washington tiene capacidad de influir en el rumbo del país y describió el convenio como “un mal necesario” si contribuye a terminar con el sistema instaurado por Hugo Chávez y continuado por Maduro.
Otros venezolanos cuestionaron que la cesión de control petrolero pueda mejorar sus condiciones de vida. Darío Nava, exgerente de la estatal PDVSA y residente de Maracaibo, dijo que se opone al acuerdo porque Estados Unidos “va a manejar nuestra industria petrolera” y, a su juicio, con ello “se pierde soberanía”.
En Caracas, el estudiante Carlos Arenas, de 24 años, señaló que aceptaría entregar parte del control de los recursos si existiera un beneficio económico visible para la población. No obstante, dijo que no percibe esa garantía en el acuerdo y añadió que tampoco espera un cambio político a corto plazo, al considerar que Trump parece cómodo con Rodríguez.
El petróleo ocupa un lugar central en la identidad política venezolana desde que el país nacionalizó sus recursos en la década de 1970. La defensa del control soberano de los pozos se convirtió después en uno de los pilares del proyecto socialista fundado por Chávez. Por ello, la decisión de Rodríguez supone un giro especialmente sensible para un gobierno que durante años confrontó a Washington.
El Partido Socialista de Rodríguez respaldó el sábado el acuerdo y las decisiones de la “compañera Delcy Rodríguez”, pese a invocar su compromiso histórico con la soberanía nacional. En redes sociales circularon memes que ironizan sobre la situación, incluido uno que modifica el logotipo de PDVSA por “PDUSA”. Rafael Ramírez, exjefe de PDVSA y antiguo aliado de Chávez, acusó desde el exilio a Rodríguez de abrir las puertas al “nuevo colonialismo de los EE. UU.”.
La dirigente opositora María Corina Machado había planteado anteriormente privatizar el sector petrolero, una propuesta que el chavismo criticó durante años y que ella no colocó en el centro de su campaña presidencial de 2024. Walter Molina, simpatizante de Machado, escribió que los venezolanos podrían aceptar el costo de 65 mil millones de barriles solo si ese precio corresponde a su libertad y no a la continuidad de una “tiranía criminal” bajo una nueva relación con Estados Unidos.
