El caso que involucra el feminicidio de Leslie G. C. y el intento de asesinato de su hijo nonato revela tensiones estructurales en los mecanismos de protección a testigos en México. La fuga temporal de una de las dos testigos protegidas durante mayo de 2026 expuso debilidades operativas de la Fiscalía General del Estado de Chihuahua y planteó interrogantes sobre la viabilidad de procesos judiciales cuando los acusados mantienen presuntos vínculos con estructuras criminales organizadas. El episodio no es aislado, sino que forma parte de una secuencia de fallas que han caracterizado investigaciones de alto riesgo en la región fronteriza.
Antecedentes del entramado criminal
Martha Alicia M. A., conocida como “La Diabla”, fue vinculada a proceso en septiembre de 2025 junto con otras tres mujeres: Jhoselin T. F., una menor identificada como A. A. A. y Evelyn Bethzayda A. M. La acusación principal gira en torno a la planeación y ejecución de un feminicidio que incluyó el ataque directo contra el producto de la gestación. Las autoridades señalaron que las imputadas podrían contar con apoyo logístico o de inteligencia proveniente de grupos delictivos, circunstancia que elevó el nivel de riesgo para las testigos y justificó su ingreso al programa de protección. El plazo inicial de seis meses para la investigación complementaria venció en marzo de 2026 sin que el Ministerio Público presentara escrito de acusación, lo que obligó a solicitar una prórroga que será revisada por la jueza Lizbeth Marbella del Carmen Barraza Morales el 30 de junio.

La decisión de mantener a las testigos bajo resguardo se tomó precisamente porque el perfil de las acusadas sugería capacidad de movilizar recursos externos para intimidar o eliminar fuentes de información. Esta valoración coincide con patrones observados en otros expedientes de Chihuahua donde miembros de pandillas han logrado contactar a testigos pese a medidas de aislamiento.
Funcionamiento y fisuras del esquema de protección
El programa de testigos protegidos administrado por la Agencia Estatal de Investigación contempla vigilancia física, reubicación temporal y resguardo de identidad. Sin embargo, la salida no autorizada de una de las testigos por varias horas en mayo evidenció que los protocolos de monitoreo pueden verse comprometidos por factores como fatiga del personal, rotación de custodios o fallas en los sistemas de comunicación interna. Una vez localizada, la testigo fue reintegrada al esquema y se encuentra nuevamente bajo custodia, según fuentes de la propia fiscalía. Este tipo de incidentes erosiona la confianza de otros potenciales testigos que evalúan colaborar con la justicia, especialmente en contextos donde las organizaciones criminales mantienen presencia territorial activa.
En términos comparativos, casos similares en entidades como Nuevo León y Tamaulipas han mostrado que la efectividad del resguardo depende menos de la cantidad de agentes asignados que de la calidad de la inteligencia preventiva y de la coordinación entre fiscalías estatales y federales. Cuando esa coordinación falla, las probabilidades de fuga o de filtración de información aumentan exponencialmente.
Repercusiones en la cadena de justicia
La ausencia de un escrito de acusación dentro del plazo original ya generaba críticas sobre la capacidad de las fiscalías para concluir investigaciones complejas. La fuga temporal añade una capa adicional de vulnerabilidad: cualquier información que la testigo haya compartido durante su ausencia podría haber llegado a oídos de terceros interesados en obstaculizar el proceso. Aunque las autoridades aseguran que la investigación no se vio comprometida de manera irreversible, el solo hecho de tener que justificar una prórroga ante el tribunal retrasa la posibilidad de llevar el caso a juicio oral y prolonga la incertidumbre para las familias de las víctimas.
Este retraso también afecta la credibilidad del sistema ante la opinión pública. Cuando los plazos procesales se extienden repetidamente sin resultados tangibles, se refuerza la percepción de impunidad que históricamente ha rodeado a los feminicidios en México. Datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública indican que, a nivel nacional, menos del 30 % de las carpetas de investigación por feminicidio llegan a sentencia condenatoria, cifra que podría verse presionada aún más si los mecanismos de protección a testigos continúan mostrando fragilidad.
Efectos sociales y de largo plazo
Más allá del expediente específico, el incidente proyecta consecuencias sobre la disposición de la ciudadanía a denunciar y cooperar con las autoridades. En comunidades donde el crimen organizado ejerce control social, la noticia de que una testigo protegida logró evadir temporalmente la vigilancia puede interpretarse como señal de que las instituciones no garantizan seguridad real. Esta percepción reduce el flujo de información hacia las fiscalías y dificulta el desmantelamiento de redes criminales que operan con estructuras jerárquicas y capacidad de retaliación.
Desde una perspectiva institucional, el caso obliga a revisar los criterios de selección y capacitación del personal encargado de la custodia. La rotación frecuente de elementos, la falta de protocolos estandarizados ante conductas de riesgo de los propios protegidos y la insuficiente dotación de recursos tecnológicos son factores que suelen repetirse en distintas entidades. Sin reformas concretas en estos rubros, episodios como el de mayo de 2026 seguirán amenazando la integridad de procesos judiciales emblemáticos.
En el mediano plazo, la capacidad del Estado para ofrecer protección creíble determinará también el éxito de políticas de justicia transicional o de atención a víctimas de violencia de género. Si las testigos perciben que su seguridad depende más de la suerte que de protocolos robustos, la colaboración disminuirá y los casos de feminicidio seguirán resolviéndose con información fragmentada o incompleta. La audiencia del 30 de junio no solo decidirá sobre una prórroga procesal; también enviará señales sobre la disposición institucional para corregir estas deficiencias estructurales antes de que se repitan en otros expedientes.
