El primer Mundial de 1930 nació de la visión de Jules Rimet y se celebró en Uruguay entre el 13 y el 30 de julio. Solo trece países participaron: cuatro europeos y nueve americanos. Ni Inglaterra, cuna del fútbol, estuvo presente. Aquella edición modesta marcó el inicio de un torneo que hoy, casi cien años después, reúne a 48 naciones en 2026.
El crecimiento refleja la expansión global del deporte. De dos continentes y espacios reducidos en los diarios de la época, el certamen pasó a ocupar portadas, suplementos y ediciones especiales en todo el planeta. La cobertura que comenzó como una nota marginal se convirtió en un fenómeno mediático y comercial sin precedentes.

De visión individual a fenómeno colectivo
Rimet apostó por Uruguay por su calidad futbolística y su capacidad organizativa. Ese criterio inicial contrasta con la actual distribución geográfica y comercial que exige la FIFA para 2026. El aumento a 48 equipos amplía la participación, pero también diluye la intensidad competitiva de las fases finales.
Continuidad de una cobertura iniciada en 2014
Esta columna, que sigue el Mundial desde Brasil 2014, documenta cómo el sueño de Rimet se mantiene vivo. Cada edición añade capas de complejidad técnica, económica y política, mientras el fútbol conserva su capacidad de generar ilusión colectiva. El formato 2026 representa el siguiente paso lógico de esa trayectoria iniciada hace casi un siglo.
