José Ignacio Navarro cerró el mercado del Sevilla con una explicación directa sobre la salida de Joaquín Martínez Gauna, Oso, al Estrasburgo: no fue una decisión aislada, sino parte de una hoja de ruta obligada por el límite de coste de plantilla. El director deportivo admitió que las ventas y los ahorros salariales eran necesarios desde el inicio para dar margen de inscripción y maniobra al club.

García Plaza participó hasta el final
Navarro subrayó que Luis García Plaza conoció de primera mano cada negociación del tramo decisivo. El técnico permaneció con la dirección deportiva entre entrenamientos y oficinas hasta minutos antes de la medianoche del martes. El mensaje busca rebajar la tensión generada por su malestar público: el entrenador comprendía el contexto, aunque la pérdida deportiva de Oso alterase sus planes de inicio de temporada.
El dirigente consideró comprensible esa reacción. La normativa financiera de LaLiga limita la capacidad de reinversión: el club solo puede utilizar una parte de los ingresos obtenidos y de los salarios liberados. Ese marco convierte la planificación en un ejercicio condicionado, especialmente para equipos que arrancan la pretemporada con jugadores cuya continuidad no está asegurada.
Una salida pactada y una renovación pendiente
Navarro destacó además la actitud de Oso. El Sevilla trabajó durante meses en su renovación, pero el futbolista, con diez meses de contrato y propuestas económicas superiores, trasladó que quería salir dejando un traspaso. El club interpreta esa posición como una salida ordenada que evita el riesgo de perderlo sin compensación. La prioridad pasa ahora por blindar a Andrés Castrín, cuya renovación sigue abierta y al que la entidad considera una pieza de presente y futuro en el primer equipo.
