El PSOE de Córdoba encamina la elección de su alcaldable a unas primarias de dos o tres nombres

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El PSOE de Córdoba elegirá a su candidato a la Alcaldía mediante primarias después de que la búsqueda de una candidatura de consenso haya quedado definitivamente cerrada. La competición interna cuenta ya con dos aspirantes decididos: la parlamentaria andaluza Victoria Fernández y el concejal y diputado provincial José Antonio Romero. La incógnita reside ahora en si se sumará un tercer nombre, una posibilidad que condicionará el tono, los apoyos y la capacidad posterior del partido para presentar una alternativa cohesionada ante el actual gobierno municipal.

Las fuentes consultadas sitúan el desenlace en una horquilla limitada: las primarias serán previsiblemente un pulso entre Fernández y Romero, o una contienda a tres bandas. La opción de una participación más amplia parece remota porque los potenciales precandidatos deberán reunir los avales exigidos y porque parte de los nombres que se han barajado responden a equilibrios territoriales y orgánicos difícilmente compatibles entre sí. La cuestión ya no es, por tanto, si habrá votación, sino qué grado de fragmentación alcanzará la disputa.

Dos candidaturas ya declaradas

José Antonio Romero formalizó el jueves su decisión de concurrir al proceso. El edil sostiene que da el paso tras consultarlo con compañeros, familiares y amigos, y presenta su candidatura como una respuesta a la situación de la ciudad, no como una iniciativa contra otros dirigentes socialistas. Su mensaje combina una apelación a la unidad con una crítica a lo que define como “parálisis e inmovilismo” del gobierno de José María Bellido. Esa doble línea le permite defender una renovación política sin asumir un discurso de ruptura con la propia organización.

Romero, de 47 años, aporta una trayectoria municipal y provincial que le concede conocimiento directo de la institución y de la estructura partidaria. Es licenciado en Historia, fue gerente de Cecosam durante la alcaldía de Isabel Ambrosio y ejerció como portavoz socialista en Capitulares desde 2019, tras la salida de la exalcaldesa al Parlamento andaluz. En el mandato actual ha sido también portavoz en la Diputación Provincial, aunque su posición interna se ha debilitado después de que su intento de disputar la secretaría provincial a Rafi Crespín derivara en su relevo por Esteban Morales.

Victoria Fernández hará oficial su precandidatura con el propósito de “abrir una nueva etapa” y construir la ciudad que, según su planteamiento, desean los cordobeses. Su perfil reúne experiencia municipal, autonómica y gubernamental. Fue delegada provincial de Igualdad y Bienestar Social, cuarta teniente de alcalde con Rosa Aguilar y presidenta de Vimcorsa. Más tarde dirigió el área de Vivienda de la Junta de Andalucía y trabajó como asesora de gabinete del ministro Luis Planas. Su candidatura proyecta, así, una combinación de gestión pública, conocimiento de las políticas sociales y vinculación con espacios institucionales más amplios que el Ayuntamiento.

El tercer aspirante depende de un equilibrio delicado

La subdelegada del Gobierno, Ana López; el concejal Ángel Ortiz; y la senadora Ángeles Luna mantienen abierta su decisión. Sin embargo, las conversaciones internas apuntan a que no todos llegarán a la fase de avales. Algunas fuentes sostienen que una candidatura de Ortiz reduciría las opciones de que López concurra, y que el mismo razonamiento operaría en sentido inverso. Ambos perfiles ocuparían espacios parcialmente coincidentes dentro de la organización, de modo que su presencia simultánea podría dividir respaldos sin garantizar una ventaja política clara frente a las dos candidaturas ya anunciadas.

La situación de Luna parece, por ahora, menos definida. La senadora ha señalado que continúa valorando la posibilidad de presentarse, aunque dentro del partido se considera menos probable que dé el paso. El debate revela que la selección del alcaldable no depende solo de la disponibilidad individual de cada dirigente. También está en juego la capacidad de cada aspirante para articular una red de apoyos suficiente en las ocho agrupaciones de la capital y para convertir esos respaldos en avales efectivos.

Los secretarios de esas ocho agrupaciones se reunieron en la sede socialista de la avenida del Aeropuerto durante cerca de dos horas sin lograr novedades relevantes. La reunión se produjo después de que Fernández y Romero anunciaran sus movimientos, lo que redujo el margen para recomponer un acuerdo de última hora. Posteriormente, la ejecutiva de la agrupación Sureste abordó la continuidad de la opción vinculada a Ortiz, aunque la decisión quedó aplazada. Esa secuencia confirma que las primarias han dejado de ser una posibilidad teórica para convertirse en el mecanismo inevitable de resolución.

La unidad ya no se decide antes de votar

El fracaso de la candidatura consensuada obliga al PSOE a trasladar al voto de la militancia una negociación que, habitualmente, los partidos intentan cerrar antes de abrir formalmente un proceso electoral. Esto no implica necesariamente una crisis, pero sí eleva la exigencia sobre quienes concurran. El vencedor deberá acreditar que puede integrar a las corrientes y agrupaciones que hayan quedado en minoría; de lo contrario, la competencia interna puede prolongarse en forma de desmovilización o de falta de coordinación en la preparación de las municipales.

La principal prueba será distinguir entre una primaria de contraste político y una disputa de bloques personales. Romero ha insistido en que aspira a una candidatura de unidad, mientras que Fernández plantea una nueva etapa para la ciudad. Ambas formulaciones anticipan que el debate no se limitará a los currículos. Deberá abordar qué oposición quiere ejercer el PSOE frente al Ayuntamiento, qué prioridades urbanas defenderá y cómo recuperará centralidad en una Córdoba donde la elección municipal exige combinar implantación de barrio, solvencia institucional y una propuesta reconocible.

Una decisión con efecto más allá del cartel electoral

La designación del alcaldable servirá también para ordenar liderazgos internos de cara al próximo ciclo político. El partido llega a esta fase con figuras de procedencias distintas: experiencia en gobiernos municipales anteriores, presencia parlamentaria, responsabilidades estatales y recorrido orgánico. Esa diversidad puede enriquecer el proyecto si desemboca en una síntesis posterior, pero puede convertirse en una limitación si cada candidatura interpreta el resultado como una mera correlación de fuerzas interna.

Por eso, la relevancia de estas primarias no se agota en escoger un nombre para la papeleta. La votación determinará qué relato de renovación considera más convincente la militancia y qué tipo de liderazgo está en mejores condiciones de confrontar con el PP de José María Bellido. Con dos candidatos seguros y un posible tercero aún por decidir, el PSOE cordobés entra en una fase de competencia acotada, pero decisiva: la candidatura ganadora necesitará legitimidad interna y una propuesta municipal capaz de ampliar sus apoyos fuera de la organización.

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