El glaciar Petermann, en el noroeste de Groenlandia, perdió el 4 de agosto una plataforma de hielo flotante de unos 76 kilómetros cuadrados, según el seguimiento de los satélites Copernicus Sentinel-1 de la Agencia Espacial Europea (ESA). La masa desprendida, cuatro veces mayor que Ceuta y comparable a la superficie de Manhattan o del municipio de Leganés, comenzó a desplazarse de forma independiente por el océano Ártico.

El episodio constituye la mayor pérdida de hielo flotante registrada en el Petermann en más de una década. Aunque la separación final se produjo de forma rápida, las observaciones por satélite habían detectado durante meses señales de deterioro en la lengua de hielo del glaciar, una de las mayores de Groenlandia entre las que desembocan directamente en el mar.
Los científicos estudian la evolución del Petermann mediante imágenes desde 2019. Durante abril, los datos ya mostraban deformaciones y grietas en la plataforma flotante. Esas alteraciones siguieron avanzando en los meses posteriores, hasta concentrarse especialmente en la zona central de la lengua de hielo.
Las fracturas avanzaron antes de la ruptura
Las imágenes de radar de Sentinel-1 permitieron observar el deterioro de la superficie incluso en condiciones de nubosidad o falta de luz. La interferometría, una técnica que compara mediciones realizadas en distintos momentos, hizo posible seguir la propagación de las fracturas y medir la deformación del hielo antes de que la sección oriental terminara por separarse.
“Los cambios que observamos en el glaciar Petermann se estaban produciendo muy rápidamente antes del evento de desprendimiento del iceberg, por lo que fue increíblemente emocionante monitorizar la propagación de la grieta con interferometría casi en tiempo real”, explicó Molly Hammond, estudiante de doctorado de la Universidad de Leeds responsable del procesamiento de los datos de Sentinel-1.
La estructura liberada pertenece a la categoría de grandes islas de hielo, caracterizadas habitualmente por una superficie superior relativamente plana y una extensión considerable en relación con su altura. Algunas de estas masas pueden permanecer a la deriva durante años antes de fragmentarse, mientras son desplazadas por las corrientes y las condiciones del océano Ártico.
El desprendimiento de agosto no es el primero de gran tamaño documentado en este glaciar. En 2010 se separó una masa de aproximadamente 251 kilómetros cuadrados y en 2012 otra de unos 130 kilómetros cuadrados. El nuevo episodio, sin alcanzar aquellas dimensiones, confirma la continuidad de los cambios en la lengua flotante del Petermann.
Las grietas que permanecen en la plataforma siguen propagándose, de acuerdo con las observaciones citadas por la ESA. Los investigadores anticipan al menos otros dos posibles desprendimientos, que podrían dar lugar a nuevas islas de hielo de alrededor de 94 y 84 kilómetros cuadrados, respectivamente.
La ESA prevé mantener el seguimiento del glaciar y de la nueva isla de hielo con satélites, observaciones aéreas y sistemas de rastreo. Los datos servirán para documentar el desplazamiento y el deterioro de la masa desprendida, así como para analizar los procesos de fractura que modifican las regiones polares.
