En la calle Blanco Belmonte de Córdoba se alza el antiguo palacio de los Condes de las Quemadas, una construcción del siglo XVII que perteneció originalmente a la familia Fernández de Mesa. Desde 1981 el inmueble alberga la Escuela Superior de Arte Dramático Miguel Salcedo Hierro y el Conservatorio Profesional de Danza Luis del Río, tras su adquisición por el Ministerio de Educación. El edificio, declarado Bien de Interés Cultural, conserva elementos arquitectónicos de distintas épocas y una tradición oral que lo vincula con la figura de un zapatero apodado Nono.
Línea temporal del inmueble
La historia documentada del palacio comienza en el siglo XVII como casa solariega de los Fernández de Mesa. Tras varios cambios de propiedad, en 1981 el Estado lo destina a uso educativo. Entre 1983 y 1984 se ejecuta la primera gran reforma para adaptarlo a las necesidades de la entonces Escuela de Arte Dramático y Danza. En 1997 se incorpora la casa contigua de los Cortés de Mesa, ampliando el conjunto. Estos hitos marcan la transición de residencia nobiliaria a centro de formación artística, sin alterar sustancialmente la estructura original.
La fachada principal presenta una portada de dos cuerpos: el inferior con puerta adintelada flanqueada por columnas y pilastras que sostienen un entablamento clásico y un frontón curvo interrumpido por el escudo familiar. Delante de la entrada existía antiguamente la plazuela del Ave María, diseñada para recibir carruajes. En el interior destacan la escalera principal del siglo XVI, decorada con yeserías heráldicas, y dos patios, uno de planta trapezoidal con galerías de columnas de estilo barroco y otro de menor tamaño pero similar belleza.

El origen de la leyenda
La tradición oral sitúa en el espacio que hoy ocupa el aula 5 la existencia de una vivienda popular donde trabajaba un zapatero remendón conocido como Nono. Según el relato transmitido de generación en generación, el hombre acumulaba deudas y, en un momento de desesperación, optó por el suicidio ahorcándose en el mismo lugar donde ejercía su oficio. Esta muerte, ocurrida en fecha indeterminada, dio pie a la creencia de que su espíritu quedó condenado a vagar por el edificio.
Las primeras menciones recogidas de apariciones datan de los años noventa del siglo pasado, aunque no existe constancia escrita de que los antiguos propietarios nobles hubieran tenido experiencias similares. Los testimonios más difundidos provienen de alumnas y personal de la escuela, quienes describen sensaciones de frío, sonidos de pasos sin origen visible y puertas que se abren o cierran solas.
Testimonios recogidos
Una alumna relató que, tras una clase vespertina, oyó pasos en el pasillo vacío y vio cómo la puerta del aula se movía sin intervención humana. Momentos después escuchó una voz que le decía “no tengas prisa”. El episodio la llevó a evitar quedarse sola en ese espacio. Otro testimonio corresponde a un vigilante de seguridad que, en la planta baja, percibió el sonido de un cristal roto sin encontrar daños ni personas. Al marcharse, aseguró haber visto a un hombre embozado en una capa vieja que lo miró fijamente antes de desaparecer por un pasillo.
El episodio más comentado ocurrió a mediados de los noventa durante una clase de danza: se oyeron golpes fuertes en la pared, la música se detuvo, las luces se apagaron y las persianas bajaron de golpe. Tras restablecer las condiciones, los fenómenos se repitieron con mayor intensidad, dejando a los presentes en penumbra. Ninguno de estos relatos ha sido corroborado por pruebas materiales ni por investigaciones técnicas.
Contexto cultural y patrimonial
El palacio forma parte del patrimonio arquitectónico cordobés y su uso actual como centro educativo mantiene vivo tanto el edificio como las narraciones que lo rodean. Las leyendas de fantasmas en inmuebles históricos suelen surgir en contextos de cambio de uso o de gran carga emocional acumulada a lo largo de siglos. En este caso, la historia del zapatero Nono añade una capa de identidad popular a un espacio que, de otro modo, podría percibirse únicamente como institución oficial.
Expertos en patrimonio suelen señalar que estas tradiciones orales, aunque carezcan de base documental verificable, contribuyen a la memoria colectiva y atraen el interés de estudiantes y visitantes. La ESAD, al albergar actividades artísticas, ofrece un marco propicio para que tales relatos circulen entre generaciones de alumnos, reforzando el vínculo entre el edificio y su entorno humano.
El conjunto sigue siendo un referente de la formación artística en Córdoba. Su declaración como Bien de Interés Cultural garantiza la protección de los elementos arquitectónicos originales, mientras que la leyenda de Nono permanece como parte del acervo intangible que acompaña al lugar. Ningún estudio ha confirmado la existencia de fenómenos sobrenaturales, pero el relato continúa formando parte de la identidad del antiguo palacio de los Condes de las Quemadas.
