El muchacho rompe su compromiso tras escuchar unos versos

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El matrimonio entre el joven y Erilema quedó deshecho después de que la madre del muchacho le recitara unos versos sobre un caballo manco. Tras varios días de reflexión, el hombre dejó de frecuentar a la mujer, pese a que poco antes estaba decidido a casarse con ella.

La historia comenzó cuando el joven cayó bajo la influencia de Erilema y quedó completamente absorbido por una pasión que le impedía atender a quienes le hablaban o concentrarse en lo que hacía. Caminaba sin rumbo, como sonámbulo, y dedicaba todos sus pensamientos a la mujer.

La relación provocó inquietud en la madre, que consideraba que Erilema tenía una reputación cuestionada en el pueblo. Según el relato, la mujer había mantenido amores con numerosos hombres de una localidad de más de 10 mil habitantes. Incluso se menciona que había tenido relaciones, al menos, con tres hombres llamados Homobono.

El joven, sin embargo, decidió que quería desposarla. Ante la preocupación de su madre, defendió la posibilidad de que Erilema cambiara de vida. Explicó que ella le había prometido abandonar su conducta anterior y serle fiel, aunque con una precisión que dejaba margen: al menos frecuentemente. También pidió que se tuviera compasión de ella y se creyera en su transformación.

La intervención de la madre

Antes de hablar directamente con su hijo, la mujer buscó ayuda en distintas prácticas religiosas y populares. Encendió un cirio a Santa Rita de Casia, patrona de las causas desesperadas, y otro a Santa Lucía, asociada con quienes necesitan recuperar la vista. Después rezó una novena a San Judas Tadeo y esparció bajo la cama del joven unos polvos atribuidos a la Madre Celestina, acompañados por el ensalmo de las Siete Verdades.

Finalmente, en la intimidad de su recámara de viuda, le preguntó si eran ciertos los rumores sobre la boda con Erilema. También le planteó la afirmación de que la mujer pretendía llegar vestida de blanco a la iglesia, pese a las convenciones del pueblo sobre la virginidad de las novias.

La conversación no produjo una respuesta inmediata. La madre evitó discutir cada argumento de su hijo y, en lugar de insistir, recurrió a una copla que había escuchado de su padre: “No compres caballo manco pensando que ha de sanar. Si de bueno se fue a manco, de manco ¿a dónde no irá?”.

El muchacho permaneció pensativo durante varios días. Después cambió de actitud, dejó de ver a Erilema y el compromiso se deshizo. La madre no supo si agradecer la intervención de las santas, los polvos de la Madre Celestina o la novena a San Judas Tadeo. Para el narrador, la decisión final se debió a aquellos versos sobre el caballo manco.

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