El minuto 10 debía pertenecer a Lionel Messi, pero en el Gigante de Arroyito terminó teniendo otro protagonista. Durante el homenaje organizado por la Asociación del Fútbol Argentino, más de 50 mil aficionados de Rosario Central interrumpieron el tributo institucional para corear “¡Fideo!”, el apodo de Ángel Di María. La escena no canceló el reconocimiento al capitán de la Selección Argentina, aunque sí dejó claro que, en la casa de Central, el vínculo emocional con el extremo rosarino ocupa un lugar excepcional.
El instante en que cambió el homenaje
El protocolo se desarrolló inicialmente como estaba previsto. Cuando el reloj alcanzó el minuto 10 del clásico rosarino frente a Newell’s Old Boys, el partido se detuvo y las pantallas del estadio mostraron un video con imágenes de Messi. Los jugadores se sumaron al aplauso destinado a reconocer la trayectoria del futbolista argentino, especialmente su recorrido con la camiseta albiceleste.
En las tribunas, sin embargo, la respuesta tomó un rumbo distinto. La multitud comenzó a cantar el nombre de Di María y transformó unos segundos concebidos como homenaje nacional en una manifestación de identidad local. El contraste fue inmediato: mientras el campo y la organización seguían el guion preparado por la AFA, la hinchada expresó una memoria propia, ligada a la historia del club y a uno de sus hijos más reconocidos.

Más que un grito espontáneo
La reacción de los hinchas no puede entenderse únicamente como una interrupción del homenaje. Di María se formó en Rosario Central, club al que regresó para afrontar una nueva etapa de su carrera, y esa relación le concede una condición diferente a la de una figura admirada desde la distancia. Para la afición canalla, “Fideo” representa una conexión directa con la ciudad, con las divisiones inferiores y con la posibilidad de ver nuevamente en casa a un jugador que alcanzó la cima del fútbol internacional.
Ese lazo explica por qué el cántico tuvo tanta fuerza incluso dentro de un acto dedicado a Messi. El público no estaba necesariamente rechazando al astro argentino; estaba aprovechando un momento de alta carga simbólica para reafirmar a quién considera propio. La ovación funcionó, por tanto, como un reconocimiento paralelo: Messi recibió el tributo oficial y Di María obtuvo la respuesta afectiva de la tribuna local.
La rivalidad rosarina elevó el significado
El escenario también resultó determinante. Rosario Central y Newell’s Old Boys sostienen una de las rivalidades más intensas del fútbol argentino, y la identidad de ambos clubes se construye, en buena medida, alrededor de sus vínculos con figuras de la ciudad. Messi está profundamente asociado con Newell’s, donde realizó parte de su formación antes de marcharse a Barcelona. Di María, en cambio, mantiene una relación histórica con Central.
Por eso, el canto de los aficionados adquirió una dimensión adicional. En un clásico marcado por la competencia territorial y sentimental, reivindicar a Di María durante un homenaje a Messi permitió a la hinchada centralista subrayar su propio relato. No se trató solo de elegir un ídolo sobre otro, sino de marcar una pertenencia: frente a la figura universal identificada con el rival, Central puso en primer plano a un futbolista que considera parte de su patrimonio emocional.
Una despedida internacional con alcance nacional
El homenaje a Messi forma parte de una iniciativa anunciada por la AFA el 2 de septiembre. La entidad estableció que el minuto 10 de los partidos de las distintas categorías del fútbol argentino sería utilizado para reconocer la trayectoria del capitán, en el contexto del cierre de su ciclo internacional tras más de dos décadas con la Selección. La elección del minuto remite al número que Messi llevó durante buena parte de su carrera y convierte cada partido en un escenario de reconocimiento colectivo.
El protocolo comenzó en el encuentro entre Vélez Sarsfield y Boca Juniors y está previsto que continúe hasta el lunes 7 de septiembre, con el cierre de la octava jornada del Torneo Clausura 2026. En la mayoría de los estadios, la iniciativa siguió la forma esperada: aplausos, imágenes y una pausa para destacar los logros del futbolista. El clásico rosarino introdujo, sin embargo, una variable que ningún acto centralizado puede controlar por completo: la manera en que cada comunidad interpreta un homenaje nacional.
Dos ídolos, dos formas de pertenecer
La imagen del Gigante de Arroyito resume una diferencia importante entre la dimensión institucional y la dimensión popular del fútbol. Messi encarna una historia compartida por todo el país: títulos, finales, récords y una permanencia extraordinaria en la Selección. Di María agrega otra clase de cercanía, construida desde el origen y reforzada por su regreso al club que lo vio crecer. Uno pertenece al imaginario nacional; el otro conserva una relación especialmente intensa con un territorio concreto.
La ovación a “Fideo” no disminuyó el peso histórico de Messi, pero sí reveló que los homenajes adquieren significados distintos según el lugar donde se realizan. En Rosario Central, el minuto 10 se convirtió durante unos instantes en una declaración de identidad. Messi recibió el reconocimiento de la AFA, mientras Di María se quedó con el corazón de una tribuna que volvió a demostrar que el cariño por uno de los grandes hijos de Rosario no depende de un protocolo para hacerse escuchar.
