Sergio Villarreal Barragán, conocido como “El Grande”, volvió a ocupar un lugar central en la discusión pública tras ser presentado como pieza clave en Narcocracia, el nuevo libro de Anabel Hernández, que toma su testimonio como eje para revisar la penetración del crimen organizado en México.
La obra se construye sobre entrevistas extensas con Villarreal Barragán, exoperador de alto rango de los Beltrán Leyva, y examina sus dichos sobre relaciones entre líderes del narcotráfico y figuras de distintos sectores políticos, empresariales y sociales. Hernández plantea el relato del exintegrante del cártel como una vía para observar cómo el dinero y la influencia de esas redes alcanzaron decisiones y alianzas dentro del país.

De policía a operador criminal
Nacido en Coahuila, Villarreal Barragán inició su carrera en la Procuraduría General de la República y en la Policía Ministerial de su estado. Su apodo surgió por su complexión: casi dos metros de altura y más de 100 kilos de peso. Con el tiempo se convirtió en uno de los principales operadores primero del Cártel de Juárez, después del Cártel de Sinaloa y finalmente de los Beltrán Leyva.
Su nombre ganó proyección internacional después de su captura en Puebla en 2010, cuando pasó a ser testigo colaborador del gobierno de Estados Unidos. Desde esa posición aportó información sobre la estructura de los cárteles y sobre supuestos vínculos con funcionarios mexicanos, entre ellos Genaro García Luna, exsecretario de Seguridad Pública.
En 2024, su testimonio volvió a generar controversia al afirmar que el Cártel de Sinaloa presuntamente ofreció apoyo a campañas políticas y mantuvo contactos con la DEA. Especialistas y periodistas han cuestionado la confiabilidad de algunos de esos señalamientos, y el analista Raymundo Riva Palacio ha señalado críticas por supuestas contradicciones y falta de pruebas directas.
El 12 de septiembre de 2010 fue detenido en Puebla durante un operativo de la Marina Armada de México en una residencia de la colonia San Andrés Cholula. Los reportes oficiales indican que no opuso resistencia, que estaba desarmado y que se encontraba acompañado solo por su círculo más cercano.
Según esos mismos reportes, “El Grande” optó por entregarse de inmediato, una decisión que sorprendió a los agentes por su historial de violencia y su posición dentro de los Beltrán Leyva. La versión oficial añade que buscó evitar un enfrentamiento armado y acogerse como testigo colaborador.
