El Getafe iniciará su cuarta aventura europea con una plantilla competitiva, pero más corta de lo que habían previsto José Bordalás y la dirección deportiva. El mercado de fichajes terminó dejando al equipo entre dos y tres incorporaciones por debajo de las necesidades expresadas por el entrenador, una carencia especialmente relevante para un curso que combinará LaLiga EA Sports, la Copa del Rey y, como mínimo, ocho partidos de la Liga Conferencia.
La advertencia ya estaba sobre la mesa antes del cierre del mercado. Bordalás había señalado que el conjunto azulón estaba “muy justo de efectivos” y que durante el inicio de la temporada había tenido que recurrir prácticamente a los mismos jugadores. Toni Muñoz, director deportivo, confirmó después esa percepción al admitir que con “dos o tres jugadores” más la plantilla habría quedado mejor compensada. No hubo, por tanto, un enfrentamiento público entre ambas áreas, sino un diagnóstico compartido sobre una limitación concreta.
Un refuerzo final que no cambió el tamaño del grupo
El último movimiento del Getafe fue la llegada de Iván Azón, delantero de 23 años cedido por el Como. El atacante disputó 40 partidos con el Ipswich la pasada temporada, en la segunda categoría inglesa, con cinco goles y cuatro asistencias. Su incorporación aportó una alternativa para el frente ofensivo, pero no resolvió la falta de efectivos en otras zonas del campo.
La operación tuvo un efecto casi neutro en el número de jugadores disponibles: entró Azón y salió Juan Berrocal, que rescindió su contrato antes de incorporarse al Málaga. Nemanja Gudelj, cuyo fichaje ya estaba asumido por Bordalás aunque todavía no era oficial cuando el técnico habló, sí añadió experiencia y versatilidad. Sin embargo, el mercado no proporcionó el volumen adicional que el entrenador consideraba necesario para afrontar tres competiciones.

Once incorporaciones, pero no once soluciones nuevas
El Getafe completó once movimientos durante el verano, una cifra que podría sugerir una renovación profunda. La realidad es más matizada. Martín Satriano, Zaid Romero, Sebastián Boselli y Mario Martín ya habían estado a las órdenes de Bordalás como cedidos la campaña anterior y continuaron en el proyecto después de que el club ejecutara o acordara sus respectivas compras. El vestuario incorporó continuidad, pero no todos esos movimientos ampliaron de forma inmediata el abanico de recursos.
Las caras nuevas fueron Saba Sazonov, Orel Mangala, Enes Ünal, Johan Mojica, Francho Serrano, Gudelj y Azón. Con esa combinación de cesiones, jugadores libres, regresos y apuestas económicas, la entidad trató de cubrir las salidas de Luis Milla, Mauro Arambarri, Juan Iglesias, Diego Rico, Domingos Duarte y Coba Gomes, además de otros futbolistas con los que ya no contaba, como Javi Muñoz, Yvan Neyou o Álex Sancris.
La dificultad no estuvo únicamente en sustituir nombres, sino en compensar perfiles. Las bajas redujeron alternativas en posiciones donde el calendario exige rotaciones constantes, mientras que varias de las incorporaciones tuvieron que integrarse durante una preparación condicionada por la competición europea. La reconstrucción se produjo al mismo tiempo que aumentaba la exigencia deportiva, una combinación que limita el margen de adaptación.
Europa llegó antes de que el equipo estuviera terminado
La clasificación para la Liga Conferencia apareció como un premio inesperado y obligó al Getafe a acelerar decisiones. La eliminatoria previa contra el Partizán comenzó antes de que la plantilla quedara cerrada, de modo que el equipo tuvo que competir con fichajes pendientes, futbolistas sin ritmo suficiente y una carga de partidos anormal para el inicio de curso.
El conjunto azulón superó la ronda, pero la secuencia dejó señales inmediatas: cinco encuentros oficiales en 17 días, un desplazamiento a Belgrado y, posteriormente, una derrota en El Sadar. El problema no es solo físico. Los viajes a Belgrado, Ámsterdam, Craiova y Tiflis añadirán horas de desplazamiento y alterarán las semanas de trabajo, mientras que los habituales turnos de jueves y domingo obligarán a gestionar con precisión los minutos de cada jugador.
La polivalencia como recurso y también como advertencia
Bordalás dispone de alternativas en ataque con Satriano, Ünal, Borja Mayoral, Azón y Juanmi Jiménez, aunque este último se encuentra lesionado. La situación es menos holgada en otras líneas, donde el entrenador deberá apoyarse en jugadores capaces de desempeñar varias funciones. Gudelj puede actuar como central o centrocampista; Mojica cubre todo el carril izquierdo; Kiko Femenía puede ocupar ambos laterales, y Andrés García ofrece soluciones en diferentes posiciones ofensivas.
La polivalencia permite sostener una plantilla corta, pero no equivale a disponer de dos jugadores especializados para cada puesto. Cuando las lesiones, las sanciones o la acumulación de partidos aparezcan, mover a un futbolista de su posición natural puede resolver una urgencia y crear otra. El Getafe tendrá que convertir esa flexibilidad en una ventaja sin que se transforme en dependencia permanente.
El verdadero desafío será sostener la competitividad
Toni Muñoz calificó el mercado de “entretenido” por el número de operaciones y explicó que la clasificación europea llegó antes de lo esperado. Esa circunstancia ayuda a entender por qué el club terminó el verano con una plantilla que no refleja por completo sus aspiraciones: tuvo que reconstruir parte del equipo mientras preparaba una eliminatoria que no permitía esperar.
El Getafe regresa a Europa con un grupo acostumbrado a competir por encima de sus recursos numéricos, una cualidad que ha definido buena parte de la etapa de Bordalás. Pero el calendario obligará a medir hasta dónde puede prolongarse esa capacidad. La ilusión por volver al escenario continental es evidente; la cuestión decisiva será si la estructura actual ofrece suficientes relevos para que el esfuerzo europeo no termine debilitando la pelea doméstica. El viaje será largo y, esta vez, el equipaje vuelve a parecer justo.
