El euro inició la jornada del 4 de septiembre en República Dominicana con una cotización de 68,58 pesos dominicanos, un aumento de 1,2% frente a los 67,77 pesos registrados al cierre anterior, según datos de Dow Jones. El movimiento devuelve atención a una divisa que, aunque ha ganado terreno en los últimos días, mantiene un balance más ambiguo cuando se amplía el horizonte: avanza 1,01% en una semana, pero se ubica 4,75% por debajo de su nivel de igual período del año pasado.
Un repunte diario que rompe la estabilidad reciente
La subida de apertura supone una ruptura de la relativa estabilidad que había caracterizado la cotización del euro frente al peso dominicano. Sin embargo, el dato aislado no confirma por sí solo un cambio estructural de tendencia. La evolución semanal es positiva, pero la comparación interanual indica que el peso todavía conserva una posición más fuerte frente a la moneda europea que hace doce meses. Para empresas importadoras, viajeros y hogares con compromisos denominados en euros, la diferencia entre ambos plazos resulta relevante: el encarecimiento inmediato puede elevar costos, aunque todavía no revierte la mejora acumulada desde la perspectiva anual.

La volatilidad apunta a un ajuste ordenado
La volatilidad observada para el euro se sitúa en 8,1%, por debajo de la referencia de 12,04%. Esa distancia sugiere un mercado con menor intensidad de oscilaciones que la habitual y reduce, por ahora, la señal de desorden cambiario. En términos prácticos, una baja volatilidad no elimina el riesgo de nuevas variaciones, pero sí indica que el incremento de la jornada se produce dentro de un entorno relativamente contenido. La combinación de una cotización ascendente y una volatilidad moderada suele ser más consistente con un reajuste gradual de precios que con una reacción especulativa de corto plazo.
El dólar sigue siendo la variable decisiva
Aunque la referencia de la jornada es el euro, la trayectoria del peso dominicano dependerá principalmente de su relación con el dólar estadounidense. Las decisiones del Banco Central de la República Dominicana y de la Reserva Federal, la demanda de divisas para financiar importaciones y el desempeño de la actividad local son factores que inciden directamente en esa paridad. El Banco Central proyecta un tipo de cambio cercano a 66,35 pesos por dólar en septiembre de 2026 y alrededor de 69,15 pesos un año después, una previsión que contempla una depreciación gradual y controlada de la moneda dominicana.
Ese escenario no implica que todas las monedas se moverán de forma idéntica frente al peso. El euro incorpora además la evolución económica de la eurozona y la relación global entre la moneda europea y el dólar. Por ello, un fortalecimiento internacional del dólar hacia el cierre de 2026, contemplado entre los elementos de riesgo para el mercado local, podría presionar al peso incluso si el comportamiento del euro frente al dólar fuera menos dinámico. La cotización EUR/DOP debe leerse, en consecuencia, como el resultado de dos fuerzas: la posición del euro en los mercados internacionales y la disponibilidad de divisas en República Dominicana.
Un crecimiento cercano al 4% como soporte interno
El panorama macroeconómico previsto para 2026 ofrece un elemento de respaldo para la estabilidad financiera dominicana. UBS Financial Services estima que el crecimiento real del producto interno bruto podría acelerarse hacia 4%, favorecido por tasas de interés más bajas y un contexto externo más propicio. La firma considera que la continuidad política y las políticas favorables al mercado mantendrán el dinamismo económico, mientras la reducción de tasas liberaría demanda interna y estimularía la inversión.
El turismo aparece como una pieza central de esa expectativa. Una recuperación del entorno internacional puede sostener el ingreso de divisas por servicios, junto con las remesas, dos fuentes que han ayudado a compensar los déficits de la balanza comercial y de rentas. UBS proyecta un déficit de cuenta corriente de entre 2% y 2,5% del PIB hacia el cierre de 2025 y 2026, una magnitud que, según su análisis, podría financiarse con inversión extranjera directa neta estimada entre 3,5% y 4% del PIB. Turismo, comercio, industria, energía e inmobiliario concentran buena parte de ese flujo esperado.
La política fiscal añade impulso, pero exige disciplina
El Gobierno ha adoptado una postura fiscal más activa para responder a un período de crecimiento moderado. El Congreso aprobó un presupuesto suplementario que incrementa el gasto de capital en 0,4% del PIB para 2025 y eleva el déficit global a 3,5% del producto. Para 2026, el Ministerio de Hacienda plantea un déficit global de 3,2% del PIB y un superávit primario de 0,5%. La estrategia busca sostener la actividad mediante inversión pública focalizada sin abandonar por completo la señal de responsabilidad fiscal.
La sostenibilidad de ese equilibrio será observada de cerca por los mercados. UBS prevé que la deuda pública bruta permanezca alrededor de 58% del PIB durante los próximos 12 a 18 meses, siempre que no se produzcan perturbaciones macroeconómicas inesperadas. Un mayor gasto puede impulsar infraestructura y demanda, pero una expansión que no se traduzca en capacidad productiva o recaudación suficiente elevaría la presión sobre las necesidades de financiamiento y, de forma indirecta, sobre el mercado cambiario.
Riesgos externos y climáticos en una economía abierta
La lectura favorable para 2026 no elimina vulnerabilidades. República Dominicana mantiene una fuerte exposición a las condiciones externas por su dependencia del turismo, las importaciones, las remesas y los flujos de inversión. Eventos climáticos adversos pueden afectar infraestructura, producción agrícola y actividad turística; a ello se suman los desafíos de gobernabilidad que UBS identifica como habituales en los mercados emergentes. La cotización del euro de esta jornada ofrece una señal puntual de mercado, pero el rumbo de fondo estará determinado por la capacidad del país para preservar entradas de divisas, ejecutar una política fiscal creíble y absorber shocks sin alterar la senda de depreciación gradual prevista para el peso.
