El crédito vigente de la banca comercial al sector privado creció 3.3% real anual en julio de 2026, la misma tasa observada en junio, de acuerdo con los Agregados Monetarios y Actividad Financiera del Banco de México. El saldo de la cartera alcanzó más de 7.52 billones de pesos, unos 457,000 millones por encima del nivel registrado en julio de 2025. La estabilidad del dato general, sin embargo, encubre una expansión desigual: el financiamiento a los hogares mantiene el mayor dinamismo, mientras el crédito empresarial avanza con moderación.
Consumo sostiene la expansión
La cartera de consumo aumentó 7.1% real anual y superó 1.96 billones de pesos. Aunque su ritmo fue menor al 7.6% de junio, sigue siendo el principal motor del crédito bancario. Las tarjetas de crédito crecieron 7.8%; los préstamos de nómina, 5.2%; y los personales, 5.5%. El comportamiento confirma que las familias continúan utilizando el financiamiento para gasto corriente y compras de mayor valor, aun cuando varios subsegmentos muestran una desaceleración marginal.

Dentro de ese portafolio, la adquisición de bienes de consumo duradero avanzó 10.3% real anual. El crédito automotriz, su componente principal, creció 11.1%, frente a 11.6% un mes antes. La diferencia es pequeña, pero ilustra una pauta relevante: el crédito sigue expandiéndose con fuerza en rubros ligados al consumo, aunque a tasas algo menores que las de junio. Para los bancos, este segmento combina mayor rotación y rendimientos potencialmente más altos, pero exige vigilancia sobre la calidad de pago si el ingreso disponible de los hogares pierde fuerza.
Vivienda mejora lentamente
El financiamiento para vivienda creció 1.7% real anual, después de aumentar 1.5% en junio, y rebasó 1.52 billones de pesos. La mejora es limitada, pero rompe con una trayectoria de débil crecimiento. El mercado hipotecario suele responder con mayor rezago a las condiciones financieras, pues sus decisiones dependen de tasas, precios de vivienda, empleo formal y capacidad de enganche. Por ello, el repunte todavía no equivale a una recuperación amplia, sino a una señal de estabilización dentro de una cartera de larga duración.
Empresas avanzan con menor fuerza
El crédito a empresas y personas físicas con actividad empresarial aumentó 1.3% real anual, apenas por debajo del 1.4% de junio, para superar 3.84 billones de pesos. El contraste sectorial es marcado: construcción creció 3.7% y comercio 2.1%, mientras manufactura cayó 6.0%. Las bajas más profundas se concentraron en minería, con 35.6%; electricidad, agua y gas, con 24.3%; y fabricación de productos a base de minerales no metálicos, con 25.1%.
Esta dispersión sugiere que la banca no enfrenta una contracción uniforme de la demanda empresarial, sino condiciones específicas por actividad. Los sectores vinculados con proyectos intensivos en capital, energía o inversión industrial pueden estar ajustando sus necesidades de financiamiento ante una mayor cautela sobre sus flujos futuros. En cambio, construcción y comercio mantienen una expansión acotada, consistente con una economía donde el consumo interno conserva mayor tracción que la inversión productiva.
Margen para profundizar el financiamiento
El crédito bancario a intermediarios financieros no bancarios avanzó 20.5% y alcanzó 182,100 millones de pesos, una señal de mayor actividad en canales alternativos de financiamiento. La Asociación de Bancos de México ha señalado que el crédito al sector privado equivale a 39% del Producto Interno Bruto y busca que llegue a 45% hacia 2030. Emilio Romano, presidente de la ABM, destacó recientemente que la cartera privada alcanzó una cifra histórica cercana a 7.6 billones de pesos y que aún existe espacio para elevar la penetración financiera.
La posibilidad de cerrar esa brecha dependerá menos del volumen acumulado que de la composición del crecimiento. Una expansión basada predominantemente en consumo puede sostener la actividad en el corto plazo, pero el aumento duradero de la penetración crediticia requiere que vivienda, inversión empresarial e infraestructura recuperen impulso. La morosidad de la banca se ubicó en 2.5% en junio, un nivel que el sector considera controlado; mantenerlo así será determinante para que el crecimiento del crédito no comprometa la calidad de las carteras.
