El Barça cumplió con su condición de favorito y derrotó al FC Porto por 39-37 en la primera semifinal de la Supercopa Ibérica masculina de balonmano, disputada este viernes en el IFEVI de Vigo. El conjunto azulgrana dominó durante buena parte del encuentro, llegó a disfrutar de una ventaja de siete goles y terminó controlando la reacción portuguesa para asegurar su presencia en la final, donde defenderá el título conquistado en las cuatro últimas ediciones.
El resultado refleja una victoria trabajada, aunque el marcador final también evidencia que el Porto consiguió transformar un partido inicialmente desequilibrado en un duelo abierto durante la segunda mitad. La diferencia de dos goles no debe ocultar el dominio ejercido por el Barça en el arranque ni la capacidad del equipo portugués para aprovechar cualquier relajación del vigente campeón de Europa.

Un comienzo que marcó la semifinal
Antonio Carlos Ortega apostó de inicio por una primera línea formada por Janus Smárason, incorporado procedente del Pick Szeged, junto a Dika Mem y Timothey N’Guessan. La elección concedió al Barça capacidad de lanzamiento, velocidad en la circulación y soluciones variadas ante una defensa portuguesa que tardó en encontrar respuestas. El islandés y Peter Cikusa están llamados a asumir una parte importante de la responsabilidad ofensiva esta temporada tras la salida de Domen Makuc al Kiel, y ambos tuvieron protagonismo en un equipo que mostró voluntad de acelerar el juego desde los primeros ataques.
El Barça abrió una brecha de 7-1 en apenas seis minutos gracias a sus transiciones rápidas, una defensa activa y la eficacia de sus principales finalizadores. El técnico del Porto, Carlos Martingo, tuvo que solicitar tiempo muerto cuando el marcador señalaba un 10-4 en el minuto 10. La interrupción permitió al conjunto luso reorganizarse y mejorar sus prestaciones ofensivas con la entrada de Xavi Barbosa y João Gomes, pero no alteró la tendencia general del primer periodo.
Los azulgranas administraron rentas de seis y siete tantos hasta el descanso, al que llegaron con un 22-15. Dani Fernández, Dika Mem, Ian Barrufet y los extremos contribuyeron a sostener la producción goleadora, mientras el sistema defensivo dificultó la continuidad del Porto. La diferencia no fue únicamente consecuencia de una mayor eficacia en el lanzamiento: también nació de la capacidad del Barça para recuperar balones y convertirlos rápidamente en goles.
El Porto encuentra una vía para regresar al partido
La dinámica cambió en el inicio de la segunda parte. El Barça redujo su intensidad y el Porto aprovechó el momento para acercarse en el marcador. Tres goles consecutivos del lateral islandés Thorsteinn Gunnarsson y la escasa aportación inicial de Viktor Hallgrímsson bajo los palos azulgranas permitieron a los portugueses situarse 24-21 en el minuto 33.
Ese tramo puso a prueba la madurez competitiva del campeón. El Porto, que esta temporada participará en la Liga de Campeones, empezó a alimentar la posibilidad de una remontada, especialmente porque el Barça dejó de imponer con la misma claridad su defensa y sus transiciones. Sin embargo, el equipo de Ortega reaccionó desde atrás y recuperó parte de la solidez que había mostrado antes del descanso.
Las ventajas de 30-26, 33-28 y 36-32 reflejaron la recuperación azulgrana. El Barça no logró romper definitivamente el partido, pero sí evitó que el rival se acercara a una distancia que pusiera en riesgo su clasificación. En ese contexto, la aportación goleadora estuvo muy repartida: Dani Fernández y Dika Mem marcaron seis tantos cada uno, Ian Barrufet también anotó seis, mientras Frade sumó cinco y Aleix Gómez consiguió otros cinco, incluidos tres desde los siete metros.
Una expulsión añade tensión al desenlace
La semifinal entró en una fase de máxima tensión en el minuto 55, con 37-33 en el marcador. Un codazo de Miguel Oliveira en la cara de Peter Cikusa provocó la reacción del banquillo azulgrana y terminó con una tarjeta roja directa para el jugador del Porto. El incidente también generó un enfrentamiento verbal entre Antonio Carlos Ortega y el entrenador portugués, en un momento en el que el partido todavía no estaba completamente resuelto.
Los árbitros Alberto Murillo Castro y Pablo García Sánchez castigaron además con exclusiones a Peter Cikusa por parte del Barça y a Vasco Costa, Guilherme Borges, Gilberto Duarte, João Gomes y Brandão por el Porto. La sucesión de sanciones condicionó los últimos minutos, pero no modificó el desenlace. El Barça conservó la ventaja y cerró el encuentro con el 39-37 definitivo.
La final medirá la continuidad del dominio azulgrana
La clasificación prolonga la hegemonía del Barça en la Supercopa Ibérica, torneo que ha ganado en sus cuatro ediciones anteriores. Más allá del trofeo, el partido ofreció indicios relevantes sobre el proceso de adaptación de la plantilla. La marcha de Makuc obliga a repartir minutos y responsabilidades en la primera línea, mientras la incorporación de Smárason amplía las opciones para gestionar el ataque posicional.
La victoria también deja una advertencia para el tramo decisivo de la competición. El Barça fue superior cuando defendió con concentración y corrió tras cada recuperación, pero perdió margen cuando bajó la intensidad y permitió que el Porto jugara con mayor comodidad. Ante un rival de mayor regularidad en la final, esos altibajos podrían tener un coste más alto.
El Porto, por su parte, abandona Vigo con una derrota, pero también con la confirmación de que puede competir durante largos periodos contra uno de los grandes equipos europeos. Su reacción tras el descanso y la producción ofensiva de Guilherme Borges, autor de seis goles, y Antonio Martínez, con seis tantos y cuatro penaltis convertidos, sostuvieron la amenaza hasta el final. El Barça ya tiene la final asegurada; el siguiente desafío será transformar su superioridad inicial en un dominio más constante durante los sesenta minutos.
