Claudia Martínez, de 46 años, y Margarita Hernández, de 38, fueron identificadas como las dos mujeres asesinadas en Tenampulco, Puebla. Sus cuerpos fueron localizados en las cercanías de un rancho de la comunidad de Salsipuedes, en una zona próxima a una barranca y al límite entre la cabecera municipal y la junta auxiliar de El Chacal.
El caso es investigado como doble feminicidio. De acuerdo con los primeros reportes, ambas mujeres habrían sido privadas de la libertad antes de ser asesinadas. Las autoridades las encontraron con las manos atadas, mordazas y lesiones compatibles con tortura, además de heridas en el cuello.

Dos vecinas de una comunidad rural
Claudia y Margarita eran vecinas de El Chacal, una junta auxiliar rural de Tenampulco donde los vínculos cotidianos entre familias suelen ser estrechos. La identificación de las víctimas convierte un hecho inicialmente reportado por la localización de dos cuerpos en una pérdida concreta para una comunidad pequeña, donde la ausencia de dos mujeres tiene repercusiones familiares, sociales y económicas inmediatas.
La ubicación del hallazgo también resulta relevante para la investigación. Salsipuedes se encuentra en un entorno rural, con caminos y áreas apartadas que pueden dificultar la vigilancia, la reacción institucional y la preservación de indicios. Determinar dónde ocurrió la agresión, cómo fueron trasladadas las víctimas y quién tuvo participación será decisivo para esclarecer el caso.
La investigación debe ir más allá del hallazgo
La severidad de las agresiones reportadas obliga a que la indagatoria reconstruya una secuencia completa: la última vez que Claudia y Margarita fueron vistas, los posibles recorridos previos, sus comunicaciones, la relación entre ambas y cualquier antecedente de amenazas o violencia. Estos elementos son necesarios para evitar que el expediente quede reducido únicamente a la escena donde fueron encontrados los cuerpos.
La clasificación jurídica como feminicidio no debe entenderse como una formalidad. Exige investigar si existieron razones de género, violencia previa, sometimiento, amenazas, exposición de los cuerpos o condiciones de vulnerabilidad que expliquen el ataque. Una investigación con perspectiva de género implica considerar esas circunstancias desde el inicio y no esperar a que aparezcan de manera tardía en el proceso.
Una cifra que revela un problema estatal
Con los asesinatos de Claudia Martínez y Margarita Hernández, el conteo de Diario CAMBIO sitúa en 34 y 35 los feminicidios registrados durante el año en Puebla. La cifra coloca este doble crimen dentro de un patrón que rebasa los límites de Tenampulco: la violencia feminicida afecta tanto a zonas metropolitanas como a municipios rurales, aunque sus manifestaciones y obstáculos de atención no sean idénticos.
En localidades rurales, la distancia física respecto de ministerios públicos, servicios de salud, refugios y redes especializadas puede ampliar la vulnerabilidad. La falta de transporte, el temor a denunciar en comunidades donde todos se conocen y la limitada presencia institucional son factores que pueden retrasar la protección de mujeres que enfrentan amenazas o agresiones. No sustituyen la responsabilidad individual de los agresores, pero sí muestran el contexto que el Estado debe atender.
El impacto no termina con la investigación penal
El esclarecimiento del doble feminicidio requiere resultados verificables: identificación de responsables, judicialización sólida y reparación para las familias. Pero la respuesta pública también debe incluir medidas preventivas en Tenampulco y sus juntas auxiliares, con rutas accesibles de denuncia, atención inmediata a reportes de desaparición y coordinación entre autoridades municipales, estatales y comunitarias.
La muerte de Claudia y Margarita no puede quedar absorbida por la acumulación de estadísticas. Cada nuevo caso confirma que la seguridad de las mujeres depende de una capacidad institucional que llegue antes de la agresión, actúe con rapidez ante una desaparición y sostenga investigaciones capaces de romper la impunidad. En Tenampulco, ese desafío adquiere ahora los nombres de dos vecinas cuya ausencia ya forma parte de la vida de El Chacal.
