Los mercados financieros iniciaron septiembre con una sesión de marcada aversión al riesgo, impulsada por la escalada de hostilidades entre Estados Unidos e Irán. La combinación de un petróleo más caro y mayores rendimientos de la deuda estadounidense golpeó a las acciones en Wall Street, elevó las preocupaciones sobre inflación y limitó el margen para que la Reserva Federal reduzca pronto las tasas de interés. En este contexto, el peso mexicano mostró una resistencia relativa y cerró cerca de 16.99 unidades por dólar.
La reacción de los inversionistas respondió a un doble frente de incertidumbre. Estados Unidos lanzó nuevos ataques contra Irán, por segunda ocasión en pocos días, mientras Teherán aseguró que respondería de forma “decisiva”, pese a las advertencias del presidente Donald Trump sobre represalias. El riesgo de una ampliación del conflicto llevó a los operadores a recalibrar sus posiciones ante posibles interrupciones en los mercados energéticos y un aumento más persistente de los costos de transporte, producción y consumo.

El crudo vuelve a situarse en el centro de la preocupación
El barril de West Texas Intermediate (WTI), referencia estadounidense del petróleo, superó los 90 dólares por primera vez desde finales de julio. El movimiento reflejó la prima de riesgo que el mercado suele incorporar cuando aumentan las tensiones geopolíticas en Medio Oriente, una región clave para la producción y el tránsito global de hidrocarburos. Más allá del nivel puntual del precio, los analistas observan si el incremento se mantiene durante varias sesiones y comienza a trasladarse a indicadores de inflación.
Un repunte duradero de la energía plantea un problema para las autoridades monetarias. Los precios de la gasolina, los combustibles industriales y el transporte tienen efectos directos sobre los presupuestos de hogares y empresas, pero también pueden alimentar expectativas de inflación. Cuando consumidores y compañías anticipan costos más elevados, tienden a ajustar decisiones de gasto, precios y salarios, lo que vuelve más difícil que la inflación retorne de manera sostenida a los objetivos de los bancos centrales.
Adam Sarhan, de 50 Park Investments, señaló a la agencia AFP que el aumento simultáneo del petróleo y de los rendimientos de los bonos está ejerciendo presión sobre la economía. Su lectura resume la preocupación predominante en el mercado: mientras el crudo encarece la actividad, el mayor costo del dinero reduce la capacidad de financiamiento de empresas, familias y gobiernos. La coincidencia de ambos factores puede deteriorar las expectativas de crecimiento, especialmente en sectores dependientes de crédito.
Las tasas largas recortan el atractivo de las acciones
La tensión en el mercado petrolero se produjo en un momento en que los inversionistas ya seguían de cerca el comportamiento de los bonos del Tesoro. Hacia las 20:25 GMT, el rendimiento del bono estadounidense a diez años rondaba 4.79%, su mayor nivel desde enero de 2025, cuando Trump regresó a la Casa Blanca. Un rendimiento más alto implica que el gobierno estadounidense debe pagar más para financiarse, pero también funciona como una referencia para hipotecas, créditos empresariales y otras tasas de la economía.
Para las bolsas, el alza de los bonos tiene un efecto adicional. Los títulos de deuda pública, considerados entre los instrumentos más seguros del mundo, ofrecen mayores retornos y pueden competir con las acciones por los recursos de los inversionistas. El impacto es particularmente relevante para las compañías tecnológicas y de crecimiento, cuyas valoraciones dependen en buena medida de beneficios esperados en los próximos años. Al aumentar la tasa utilizada para descontar esos flujos futuros, su valor presente disminuye.
Wall Street reflejó esa dinámica en una jornada de pérdidas generalizadas. El Dow Jones retrocedió 0.79%, el S&P 500 cedió 0.71% y el Nasdaq, con mayor peso de empresas tecnológicas, cayó 1.03%. La baja del índice tecnológico mostró la sensibilidad del mercado a las tasas largas, aunque la presión también se extendió a otros sectores por la posibilidad de que la energía más cara frene el consumo y estreche los márgenes de las empresas.
El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, minimizó las señales de alerta y, en una intervención en Fox Business, se refirió a un “boom económico” en el país. Sin embargo, la evolución de los precios energéticos puede complicar la evaluación de la Reserva Federal. Sarhan consideró que unas expectativas de inflación más elevadas podrían obligar al banco central a esperar más antes de recortar sus tasas, una posibilidad que los mercados vigilan por sus implicaciones sobre crédito, inversión y valuaciones financieras.
El peso limita las pérdidas en una sesión adversa
En el mercado cambiario, el peso mexicano logró cerrar prácticamente sin cambios pese al fortalecimiento internacional del dólar y al aumento de la cautela entre los inversionistas. La divisa mexicana terminó alrededor de 16.99 pesos por dólar, con una apreciación marginal frente a la sesión previa, después de oscilar entre 16.93 y 17.01 unidades. El resultado mostró que, aunque el nerviosismo recortó las ganancias intradía, la moneda encontró demanda suficiente para evitar una depreciación más pronunciada.
El índice DXY, que compara al dólar con una canasta de seis divisas relevantes, avanzó 0.26%. Normalmente, un dólar más fuerte y un entorno de menor apetito por riesgo representan factores adversos para monedas emergentes como el peso. La estabilidad observada durante la sesión sugiere que los participantes mantuvieron una postura selectiva, aunque el comportamiento de la divisa seguirá expuesto tanto a las noticias sobre Medio Oriente como a las expectativas sobre las tasas estadounidenses.
Para las operaciones nocturnas, el mercado anticipaba un rango de fluctuación entre 16.94 y 17.05 pesos por dólar. La atención se concentrará en el reporte de empleo privado de ADP en Estados Unidos, que puede influir en las previsiones previas a los datos laborales oficiales. Un mercado de trabajo más fuerte de lo esperado podría reforzar la idea de que la Fed mantendrá una política restrictiva durante más tiempo; una señal de enfriamiento, en cambio, podría moderar esa presión.
La Bolsa Mexicana de Valores acompañó el tono negativo del exterior. El S&P/BMV IPC cayó 1.40% y cerró alrededor de los 64,500 puntos, en una jornada con una agenda económica local limitada. Entre los datos divulgados destacó el ingreso de remesas, que alcanzó 5,571 millones de dólares en julio, un aumento anual de 3.0%. El dato aporta apoyo al consumo de numerosos hogares, pero no elimina la vulnerabilidad de los activos mexicanos ante un entorno global definido por petróleo caro, tasas elevadas y riesgos geopolíticos.
