Las enfermedades transmitidas por perros y gatos domésticos se convirtieron en una amenaza sanitaria para el ocelote ecuatoriano, sobre todo en la Costa. Un estudio realizado con ejemplares rescatados detectó una alta presencia de leucemia felina y también casos de moquillo, pese a que varios animales no presentaban síntomas. La preocupación de especialistas y centros de atención radica en que los felinos pueden sobrevivir a la infección y permanecer como portadores dentro de ecosistemas donde conviven con otras especies silvestres.
Un hallazgo sin señales clínicas
La alerta comenzó con dos ocelotes encontrados en 2019 en Proyecto Sacha: una hembra y su cría dieron positivo a leucemia felina, aunque no mostraban signos de enfermedad. Ambos fueron puestos en cuarentena, se recuperaron y posteriormente fueron liberados. A partir de ese tipo de casos, el proyecto empezó a aplicar entre 2019 y 2020 pruebas PCR a los animales recibidos, con el objetivo de identificar virus, bacterias, hongos y parásitos.
Los resultados fueron recogidos en un estudio publicado en 2022 por Journal of Wildlife Diseases, que analizó a 19 individuos. Según el reporte, el 87,5% dio positivo para leucemia felina y el 23,5% para moquillo. La primera enfermedad se transmite principalmente por contacto directo con gatos domésticos, mediante saliva, mordeduras o rasguños, y puede causar inmunodepresión, anemia y un deterioro general. El moquillo es una infección viral muy contagiosa que también afecta a perros y puede provocar problemas respiratorios, digestivos, neurológicos, oculares y nasales, además de convulsiones y riesgo de muerte.

La cercanía que favorece el contagio
El riesgo no se limita a los animales examinados. Eliana Molineros, directora médica de Proyecto Sacha, advirtió que un ocelote capaz de superar el virus puede diseminarlo en el lugar donde se encuentra y poner en peligro a otras especies, entre ellas lobos, nutrias, hurones y mapaches. Por esa razón, el proyecto realiza a todos los ejemplares que recibe un panel de pruebas virales que incluye leucemia e inmunodeficiencia felina, aunque hasta ahora no ha registrado casos de esta última.
La deforestación y la expansión agrícola y urbana han reducido la distancia entre los felinos, las viviendas y las mascotas. El biólogo Abel Gallo Pérez señaló que, en algunas zonas costeras donde ha trabajado, solo queda entre el 3% y el 5% del bosque existente entre las décadas de 1970 y 1990. Sus cámaras trampa han captado ocelotes junto a perros y gatos domésticos. En Mamey, una comunidad de unas 200 familias, observó ejemplares cruzando carreteras durante el día y desplazándose a pocos metros de viviendas con perros.
Carolina Sáenz, directora del Hospital de Fauna Silvestre de la Universidad San Francisco de Quito, sostuvo que el problema no son los perros y los gatos, sino la falta de conciencia sobre las consecuencias que pueden tener para la fauna silvestre. En ese hospital también se detectó panleucopenia en un ocelote. La enfermedad, comparable al parvovirus canino, puede transmitirse mediante heces contaminadas sin que exista contacto directo entre animales. El ejemplar presentó síntomas digestivos severos en 2019 y logró recuperarse.
Costos y medidas de prevención
El ocelote aparece como especie de Preocupación Menor en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, pero figura como Casi Amenazado en el Libro Rojo de los Mamíferos de Ecuador. Becky Zug, directora del Laboratorio de Carnívoros de la USFQ, consideró que la clasificación global no refleja la situación de la población ecuatoriana.
Proyecto Sacha, creado en 2018, ha atendido a más de 5000 animales silvestres, incluidos 60 ocelotes. Muchos llegaron atropellados, heridos por perdigones o separados de sus madres debido al tráfico ilegal. Molineros explicó que el panel para detectar tres enfermedades domésticas cuesta unos 500 dólares por individuo y que la rehabilitación puede durar entre 18 y 24 meses. Los especialistas reclamaron más recursos para los centros de rescate, mayor protección de las áreas naturales y freno a la expansión urbana sin control.
Sáenz recomendó vacunar anualmente a perros y gatos, desparasitarlos cada seis meses, esterilizarlos y evitar el contacto con animales silvestres. También pidió conservar bosques conectados, combatir el tráfico ilegal y mantener una disponibilidad suficiente de presas para sostener poblaciones sanas de ocelotes.
