Juana Osco Loza y Adolfo Díaz Córdova, ambos de 50 años y dedicados a la confección en Gamarra, iniciaron una etapa familiar que durante una década parecía lejana: el nacimiento de sus hijas gemelas en el Hospital Nacional Docente Madre Niño San Bartolomé. La pareja llegó a ese resultado después de atravesar procedimientos médicos previos, intentos fallidos de inseminación artificial y una nueva evaluación especializada que derivó en un tratamiento de fertilización in vitro.
Las niñas nacieron por cesárea el 15 de agosto, luego de que Juana fuera sometida a una transferencia embrionaria en enero de 2026 y mantuviera sus controles gestacionales en el mismo establecimiento. El caso pone en primer plano una realidad frecuente en los tratamientos de fertilidad: los resultados no dependen de un único procedimiento, sino de una secuencia de diagnósticos, decisiones clínicas y seguimiento médico adaptado a cada paciente.

Un recorrido marcado por tratamientos sin resultado
Antes de llegar al Servicio de Reproducción Humana del Hospital San Bartolomé, Juana se había sometido a una intervención histeroscópica y a dos ciclos de inseminación artificial. Ninguno permitió concretar el embarazo que buscaba junto a Adolfo. La experiencia ilustra que las dificultades reproductivas no pueden interpretarse únicamente como una falta de persistencia o como un problema resoluble con una técnica estándar: requieren identificar condiciones médicas, evaluar alternativas disponibles y considerar los límites y riesgos de cada intervención.
La pareja acudió al hospital en julio de 2025, recomendada por otros pacientes. Allí pasó por una evaluación integral que incluyó estudios médicos, orientación especializada y valoración psicológica. Esa última dimensión resulta relevante porque los tratamientos de reproducción asistida suelen involucrar decisiones prolongadas, expectativas familiares y una carga emocional que puede acentuarse tras intentos anteriores sin éxito.
La fertilización in vitro como decisión clínica
Tras completar la evaluación, Juana y Adolfo eligieron continuar con fertilización in vitro. El procedimiento permitió realizar la transferencia embrionaria en enero de 2026, inicio de un embarazo que fue seguido mediante controles gestacionales en el Hospital San Bartolomé. La transición desde la inseminación artificial hacia la fertilización in vitro respondió, según la información difundida, a la valoración realizada por el equipo médico sobre la situación de la pareja.
La diferencia entre ambos métodos no es menor. Mientras la inseminación artificial busca facilitar el encuentro de los gametos dentro del aparato reproductor, la fertilización in vitro implica un proceso de mayor complejidad clínica, con etapas de obtención, fecundación y transferencia embrionaria. Por ello, la decisión exige información clara, evaluación individual y un acompañamiento que no se limite al momento del procedimiento.
Nacimiento prematuro y atención especializada
Las gemelas nacieron de manera prematura, con pesos de 1.915 y 2.085 gramos. Debido a sus condiciones al nacer, ambas recibieron atención especializada de un equipo multidisciplinario del hospital. En los embarazos múltiples, el seguimiento obstétrico y neonatal adquiere una importancia particular, dado que la prematuridad y el bajo peso al nacer pueden requerir vigilancia clínica inmediata y cuidados coordinados entre varias especialidades.
La atención posterior al parto es parte central del desenlace médico, no un detalle secundario frente al éxito reproductivo. El nacimiento de dos bebés después de un tratamiento de fertilidad representa la concreción de un proyecto familiar, pero también abre una fase que demanda monitoreo de salud, adaptación emocional y respaldo sanitario para los recién nacidos y sus padres.
La esperanza como experiencia, no como sustituto de la atención
“Estamos muy felices de ser padres. Han sido 10 años de lucha en diferentes lugares que todavía me parece difícil creer que mis hijas ya están aquí”, expresó Juana al referirse al nacimiento. También reconoció los nervios propios de una nueva etapa: “Estoy muy feliz, pero también estoy nerviosa; es una nueva etapa para nosotros”. Sus palabras reflejan una vivencia personal de persistencia, aunque no deben ocultar que el acceso oportuno a servicios especializados y la continuidad de la atención fueron factores concretos en el proceso.
Juana y Adolfo agradecieron a Dios, al Hospital San Bartolomé y a los profesionales que participaron en su tratamiento. “Nunca dejamos de tener esperanza”, señalaron. En términos de salud pública, ese testimonio subraya la necesidad de que las parejas con dificultades para lograr un embarazo encuentren información confiable y rutas de atención que eviten tratamientos dispersos o decisiones tomadas sin una evaluación completa.
Un servicio que integra diagnóstico y acompañamiento
El Servicio de Reproducción Humana del Hospital San Bartolomé ofrece evaluación y tratamiento a parejas que enfrentan dificultades reproductivas. Su intervención comprende distintas fases, desde los exámenes iniciales hasta la orientación especializada y el seguimiento de los casos según las necesidades identificadas. La experiencia de esta pareja muestra el valor de una atención organizada alrededor de un diagnóstico integral, especialmente cuando existen antecedentes de procedimientos que no dieron el resultado esperado.
Para Juana y Adolfo, la llegada de sus hijas cierra diez años de intentos y abre una realidad cotidiana distinta, marcada por el cuidado de dos recién nacidas. El caso no convierte la fertilización asistida en una garantía ni simplifica los desafíos clínicos asociados a un embarazo múltiple, pero confirma la importancia de contar con equipos especializados capaces de sostener el proceso desde la evaluación inicial hasta la atención neonatal.
