Di María eclipsa el homenaje a Messi con una ovación en el clásico rosarino

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El homenaje de la Asociación del Fútbol Argentino a Lionel Messi tuvo una respuesta inesperada durante el clásico entre Rosario Central y Newell’s Old Boys. Cuando el reloj se acercó al minuto 10 en el Gigante de Arroyito, la tribuna cumplió con el minuto de aplausos previsto para despedir al capitán de la selección, pero la escena tomó otro rumbo: los hinchas comenzaron a corear “Fideo, Fideo” y la ovación para Ángel Di María terminó ocupando el centro del momento.

La reacción no anuló por completo el reconocimiento a Messi. Hubo aplausos y también algunos silbidos, según los reportes difundidos desde el estadio. Sin embargo, la intensidad del respaldo a Di María modificó el sentido original del acto, diseñado para acompañar el anuncio del retiro del astro rosarino de la Albiceleste después de la derrota en la final del Mundial frente a España.

Un minuto de homenaje que cambió de protagonista

La AFA había establecido que, durante la octava jornada del Clausura argentino, todos los partidos incluyeran un minuto de aplausos en el minuto 10, una referencia directa al número que Messi utilizó durante buena parte de su trayectoria internacional. La iniciativa buscaba reconocer la carrera del futbolista del Inter de Miami y acompañar una decisión que conmocionó al ambiente del fútbol argentino.

En Rosario Central-Newell’s, el protocolo se puso en marcha cerca del minuto 10. La particularidad fue que la hinchada local no se limitó a seguir la consigna institucional. El grito “Fideo, Fideo” se impuso desde la tribuna y trasladó la atención hacia Di María, quien estaba en el campo como jugador de Central. El episodio reflejó la fuerza de una identificación local que, en un clásico de enorme carga emocional, puede expresarse incluso por encima de una ceremonia nacional.

Di María eclipsa el homenaje a Messi con una ovación en el clásico rosarino

La dimensión rosarina de la ovación a Di María

Di María no es una figura más para Rosario Central. Surgido de sus divisiones inferiores, el extremo construyó una carrera internacional que incluyó pasos por el Real Madrid, el París Saint-Germain y otros clubes de primer nivel, además de una presencia decisiva en la selección argentina. Su regreso al club de origen convirtió cada aparición en el Gigante de Arroyito en un acontecimiento cargado de memoria y pertenencia.

Esa relación ayuda a explicar por qué la tribuna aprovechó un momento dedicado a Messi para reivindicar a Di María. No necesariamente se trató de una descalificación de la figura del capitán argentino, sino de una manifestación de identidad propia. En un clásico, el vínculo con el barrio, la formación y la camiseta suele adquirir una intensidad diferente a la de los homenajes asociados a la selección nacional.

La escena también expuso dos formas de valorar a los referentes argentinos. Messi representa una dimensión global, asociada a los títulos, los récords y la conducción de la selección durante una época histórica. Di María, en cambio, conecta de manera más directa con la historia cotidiana de Rosario Central y con el orgullo de ver a un futbolista formado en casa regresar al club que lo proyectó al fútbol profesional.

El gesto de Di María y el contraste con la tribuna

Ante la reacción de los aficionados, Di María optó por acompañar los aplausos destinados a Messi y respetar el protocolo dispuesto por la AFA. Su actitud evitó que el episodio se transformara en una disputa abierta entre dos símbolos de la selección. El futbolista no intentó apropiarse de la ceremonia ni respondió de manera provocadora a los cánticos que lo colocaron como protagonista.

Ese comportamiento añadió un matiz relevante a la escena. Mientras la tribuna expresaba sus preferencias y sus afectos, el jugador sostuvo el carácter colectivo del homenaje. Messi y Di María compartieron durante años la camiseta argentina, atravesaron momentos de críticas y terminaron siendo piezas centrales del ciclo que devolvió títulos importantes al país. En ese contexto, el respeto mostrado por el rosarino funcionó como un recordatorio de que la rivalidad entre clubes no tiene por qué trasladarse a la relación entre compañeros de selección.

Una despedida atravesada por el contexto

El anuncio de Messi llegó pocas semanas después de la derrota en la final de la Copa del Mundo ante España y en medio del duelo familiar por la muerte reciente de su padre. La combinación de ambos factores dio al retiro una carga emocional mayor y convirtió el homenaje de la jornada del Clausura en una respuesta institucional a una noticia de fuerte impacto.

Pero el episodio de Arroyito mostró que las ceremonias nacionales no se reciben de la misma manera en todos los estadios. Cada club interpreta los acontecimientos desde su propia tradición y sus propios referentes. En Rosario Central, la presencia de Di María desplazó parcialmente el foco sin borrar el reconocimiento a Messi; simplemente reveló que, para esa tribuna, el ídolo formado en casa ocupaba un lugar afectivo imposible de ignorar.

La ovación dejó así una imagen significativa de la despedida de Messi: incluso cuando la AFA intentó unificar el homenaje en todo el fútbol argentino, las gradas conservaron la libertad de expresarlo con sus propios códigos. En el Gigante de Arroyito, esos códigos hablaron de pertenencia, memoria y orgullo local, con Di María como protagonista inesperado de una ceremonia concebida para La Pulga.

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