Damián Alcázar expresó su respaldo al gobierno de Claudia Sheinbaum durante la presentación del segundo informe de gobierno de la presidenta, pero introdujo una precisión que marcó el tono de sus declaraciones: la cultura continúa siendo una tarea pendiente en México. El actor calificó como “maravilloso” el segundo año de la administración y defendió los avances que, a su juicio, ha alcanzado el proyecto político de la llamada Cuarta Transformación.
“Los demás ya hubieran querido hacer la mitad de lo que se está logrando”, afirmó Alcázar al referirse al desempeño gubernamental. Su apoyo no se limitó a la figura presidencial, sino que también incluyó al movimiento político que la acompaña. Según explicó, se trata de una fuerza que lo representa y que, desde su perspectiva, encarna el cambio que México necesitaba.
El elogio al gobierno no elimina la exigencia
La observación sobre la cultura surgió cuando el actor fue consultado acerca del crecimiento de ese sector en el país. Alcázar reconoció que todavía existen rezagos y evitó presentar el tema como una prioridad que pudiera resolverse de inmediato. “Digamos que es tarea pendiente, pero había cosas mucho más prioritarias”, respondió.
La frase establece una relación de causa y efecto dentro de su lectura del gobierno: primero debían atenderse asuntos considerados urgentes, mientras que la cultura quedó en un segundo plano. Sin embargo, el actor sostuvo que ese orden de prioridades ya debería comenzar a modificarse. “Yo creo que ya es hora de la cultura, lo mismo que la educación. Pero mucho más, mucho más fuerza”, añadió.
Su planteamiento no constituye una ruptura con Sheinbaum, a quien respaldó abiertamente, sino una demanda para ampliar el alcance de la agenda pública. Alcázar parece distinguir entre la aprobación general del rumbo político y la evaluación de áreas concretas: apoyar a un gobierno, en su discurso, no significa dejar de señalar aquello que considera insuficiente.

Una relación política construida durante varios años
Las declaraciones recientes se entienden mejor a la luz de la trayectoria pública del actor. Su cercanía con Morena no comenzó con el actual gobierno. En 2021, participó junto con Regina Orozco en un llamado a votar por ese partido durante las elecciones. En aquel momento se identificó como “chairo” y defendió políticas impulsadas durante la administración de Andrés Manuel López Obrador.
Ese mismo año se incorporó al Consejo Asesor de Cultura del Gobierno de la Ciudad de México, entonces encabezado por Claudia Sheinbaum. El organismo tenía como propósito aportar propuestas para proyectos culturales y artísticos de la capital. La participación de Alcázar mostraba que su vínculo con el movimiento no se limitaba a declaraciones públicas, sino que también había tenido una dimensión institucional.
Su incursión política incluyó además su participación en la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México. Aquella experiencia, sin embargo, estuvo acompañada de cuestionamientos por sus ausencias, algunas de ellas relacionadas con la grabación de la serie Narcos: México. El episodio dejó expuesta una tensión recurrente en la participación de figuras del espectáculo en la vida pública: la visibilidad mediática puede abrir espacios de representación, pero no sustituye las exigencias de presencia y trabajo institucional.
Apoyo con límites, no adhesión automática
En 2022, Alcázar acudió a la marcha convocada por López Obrador para conmemorar sus cuatro años de gobierno. Más tarde, en febrero de 2025, negó haber publicado mensajes contra Morena desde cuentas que utilizaban su nombre y aseguró que no tiene redes sociales. En ese contexto volvió a respaldar a Sheinbaum, a quien describió como una persona a la que admira, y afirmó que Morena “es lo mejor que le ha pasado a este país”.
A pesar de la contundencia de esas expresiones, el actor también ha mostrado que su respaldo no es completamente incondicional. En el debate sobre una posible incorporación de Miguel Ángel Yunes Márquez a Morena, cuestionó una decisión que, según su lectura, podía diluir la identidad del partido y acercarlo a prácticas asociadas con el PRI y el PAN.
Ese antecedente ayuda a matizar su intervención más reciente. Alcázar no está planteando una oposición al gobierno de Sheinbaum, pero sí reivindica la posibilidad de apoyar el proyecto y, al mismo tiempo, exigirle mayor definición en determinados campos. Su crítica a la falta de fuerza para la cultura y la educación parte precisamente de esa posición de cercanía.
La cultura como prueba del siguiente tramo
La importancia de sus palabras no reside únicamente en quién las pronunció, sino en el problema que colocan sobre la mesa. Cuando un gobierno concentra su discurso en resolver necesidades urgentes, la cultura suele competir por recursos y atención frente a áreas como seguridad, salud, infraestructura o programas sociales. No obstante, reducirla a un asunto secundario puede limitar su impacto en la educación, la identidad colectiva, la producción artística y la participación ciudadana.
El llamado de Alcázar apunta, por tanto, a una etapa distinta de la administración: una vez atendidas las prioridades inmediatas, el desafío consiste en convertir la cultura y la educación en políticas con mayor presupuesto, continuidad y capacidad institucional. Su respaldo a Sheinbaum permanece intacto, pero incorpora una expectativa concreta. Para el actor, la consolidación del proyecto político también tendrá que medirse por la importancia que otorgue a los espacios donde una sociedad se forma, se expresa y construye memoria.
