El Informe Mundial sobre Drogas 2026 de la ONU revela que el número de consumidores alcanzó los 331 millones en 2024, un incremento del 34 % respecto a 2014. Esta cifra equivale al 6,2 % de la población mundial entre 15 y 64 años. El cannabis concentra 256 millones de usuarios, seguido por opioides con 63 millones, anfetaminas con 32 millones, cocaína con 25 millones y éxtasis con 21 millones. Aunque el crecimiento demográfico explica parte del aumento, el consumo efectivo también se ha expandido, impulsado por mayor disponibilidad y cambios en la percepción de riesgo.
Los datos muestran que la producción de cocaína se cuadruplicó en la última década hasta superar las 4.000 toneladas puras en 2024. Este suministro abundante coincide con un alza del 38 % en consumidores. En Norteamérica, las políticas de legalización del cannabis en varios estados de Estados Unidos y en Canadá se asocian con prevalencias más altas y productos de mayor potencia.

Efectos en los sistemas de atención sanitaria
El acceso al tratamiento sigue siendo extremadamente limitado: solo una de cada 12 personas con trastornos por consumo recibe atención. Entre las mujeres la proporción cae a una de cada 23. Esta brecha de género se explica por factores sociales que aceleran la progresión hacia la dependencia en mujeres, combinados con estigmas que reducen la búsqueda de ayuda. Los opioides, especialmente el fentanilo en Estados Unidos, siguen siendo responsables de la mayor parte de las 492.000 muertes anuales estimadas por sobredosis.
Perspectivas de los distintos actores involucrados
Los gobiernos que han optado por la legalización del cannabis argumentan que regulan un mercado existente y generan ingresos fiscales. Sin embargo, los datos de la ONU indican que la menor percepción de riesgo ha elevado el consumo entre jóvenes. Por otro lado, países de Asia Oriental reportan que la metanfetamina domina las solicitudes de tratamiento, lo que refleja rutas de tráfico diferenciadas. Las organizaciones de salud comunitaria destacan que la falta de datos completos en África hasta hace poco subestimaba la magnitud real del problema y ahora permite diseñar intervenciones más precisas.
Los productores y distribuidores operan en un entorno donde el aumento de la oferta de cocaína responde a cultivos expandidos en América del Sur. Esta dinámica genera tensiones con las políticas de erradicación que rara vez logran reducir el volumen total disponible en los mercados de destino.
Tendencias proyectadas y riesgos emergentes
El informe sugiere que los opioides sintéticos continuarán expandiéndose por su bajo costo de producción y alta potencia. En paralelo, el cannabis de mayor THC podría incrementar los casos de trastornos psiquiátricos asociados. Si los países africanos siguen mejorando sus sistemas de vigilancia, es probable que las estimaciones globales se ajusten al alza en los próximos informes.
Un riesgo significativo radica en la brecha persistente de tratamiento, que podría amplificar problemas de salud pública y productividad laboral en regiones con escasos recursos. Otro factor de preocupación es la rápida transición de uso experimental a dependencia entre grupos jóvenes, especialmente cuando las sustancias se combinan. Las políticas que prioricen solo la reducción de oferta sin ampliar los servicios de atención probablemente fracasen en contener la mortalidad y los costos sociales asociados.
La evolución del mercado de estimulantes y alucinógenos hacia productos más accesibles en todos los continentes añade complejidad a las estrategias de prevención. Sin una respuesta coordinada que integre datos actualizados, tratamiento equitativo y control de precursores químicos, el número de usuarios con problemas graves seguirá creciendo en la próxima década.
