Coquimbo registra aire bueno, pero el monitoreo sigue siendo clave

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Coquimbo presenta este 2 de septiembre de 2026 una calidad del aire calificada como buena. La concentración de material particulado fino MP2,5 alcanza los 9 microgramos por metro cúbico y el Índice de Calidad del Aire referido a Partículas (ICAP) se sitúa en 18, un nivel que se mantiene ampliamente dentro del rango saludable.

Un indicador favorable para las actividades cotidianas

Con un ICAP entre 0 y 99, la condición se clasifica como buena. En la práctica, esta medición indica una baja carga de partículas contaminantes y permite desarrollar actividades al aire libre sin restricciones específicas asociadas a episodios de contaminación. El registro también reduce la exposición inmediata de grupos más sensibles, como niños, personas mayores, embarazadas y pacientes con enfermedades respiratorias o cardiovasculares.

El dato es relevante porque el MP2,5, por su tamaño reducido, puede penetrar profundamente en el sistema respiratorio. Aunque el ICAP vigente se vincula históricamente con material particulado respirable MP10, la concentración informada de partículas finas complementa el diagnóstico sanitario y permite observar con mayor precisión la calidad del aire que respira la población.

La mejora nacional no elimina las brechas territoriales

Chile ha mostrado avances notorios durante las últimas dos décadas en la reducción de contaminantes atmosféricos. Sin embargo, una investigación publicada en 2025 en la revista Atmosphere, elaborada por la Universidad de Chile, el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia, el Ministerio del Medio Ambiente y la Universidad del Desarrollo, advirtió que los progresos no se distribuyen de manera uniforme entre los territorios.

El estudio identifica dos focos persistentes. En el sur, la combustión residencial de leña húmeda sigue siendo una fuente dominante de emisiones. En zonas industriales del norte y centro del país, en tanto, persisten episodios agudos de contaminación pese a la disminución de los valores generales de dióxido de azufre. Localidades como Coronel y Talcahuano continúan expuestas a esa vulnerabilidad.

Las condiciones locales pueden cambiar el escenario

La situación favorable de Coquimbo describe el estado actual, no una garantía permanente. Las concentraciones de contaminantes pueden variar por cambios meteorológicos, aumento del tránsito, emisiones de fuentes fijas, polvo en suspensión o condiciones que limiten la dispersión atmosférica. Por ello, el valor del monitoreo no reside sólo en informar una jornada limpia, sino en detectar con anticipación variaciones que requieran medidas preventivas.

La experiencia de otras regiones muestra que la calidad del aire depende tanto de normas como de conductas cotidianas y características geográficas. La estabilidad atmosférica asociada al Pacífico, por ejemplo, puede dificultar la renovación del aire en determinadas zonas; a ello se suman patrones de calefacción, transporte y actividad industrial que modifican las emisiones según la temporada.

Qué mide el ICAP

El ICAP se rige por el Decreto Supremo N.º 59 de 1998 y clasifica la contaminación por partículas en cinco rangos: buena, entre 0 y 99; regular, entre 100 y 199; alerta, entre 200 y 299; preemergencia, entre 300 y 499; y emergencia, desde 500 puntos. Con sus 18 puntos, Coquimbo se encuentra lejos de los umbrales que activan recomendaciones sanitarias reforzadas o medidas extraordinarias.

Las partículas MP10 incluyen fracciones inhalables de menos de 10 micrómetros de diámetro y pueden originarse en fuentes naturales o humanas. La combustión de vehículos y calefactores, procesos industriales, fundiciones, pinturas, cerámicas y plantas de energía figuran entre las actividades que pueden contribuir a su presencia en la atmósfera.

Prevención incluso en jornadas favorables

Un escenario bueno permite disfrutar de espacios abiertos, pero no reemplaza las prácticas que ayudan a conservarlo. Mantener los vehículos con revisión de gases vigente, privilegiar el transporte público o compartido, evitar la quema de hojas y basura, y no fumar en espacios cerrados son medidas que disminuyen emisiones y exposición.

En los hogares que utilizan calefacción, la recomendación técnica es emplear leña seca, con menos de 25% de humedad, encender con papel y astillas secas, conservar el tiraje abierto tras iniciar o recargar el fuego y revisar que no exista humo visible en el cañón. La sustitución gradual de equipos antiguos por alternativas más eficientes y de menores emisiones puede sostener mejores condiciones ambientales cuando cambien las variables climáticas o aumente la demanda energética.

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