El Consejo para la Ciencia, Tecnología e Innovación de Sinaloa (Confíe) recibió 84 fragmentos de madera petrificada, presumiblemente fósiles vegetales, que pasarán a custodia institucional para su protección, registro y posible exhibición pública. La entrega no sólo incorpora nuevas piezas al patrimonio científico bajo resguardo estatal: también crea la posibilidad de que el material sea revisado con criterios especializados y deje de depender exclusivamente de una colección particular.
Los ejemplares fueron entregados por Bernardino López Zamorano, Ladislao Romero Bojórquez y la bióloga Mariana Consuelo Romero Utrilla durante un acto realizado en el Santuario del Meteorito Bacubirito, dentro del Centro de Ciencias de Sinaloa. Tras la recepción, Confíe embaló los bienes para su traslado y conservación, y prevé realizar el trámite de registro ante el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), instancia responsable de la protección del patrimonio paleontológico nacional.

Del hallazgo casual a una colección con valor científico
La historia de una parte de este acervo comenzó fuera de un laboratorio. Ladislao Romero Bojórquez relató que, en el verano de 1994, encontró un objeto tras una lluvia en una calle de terracería al llegar a su domicilio en Culiacán. A primera vista parecía un trozo de madera vieja; al tocarlo comprobó que era una roca. Ese contraste entre apariencia vegetal y consistencia mineral despertó un interés familiar que, con los años, derivó en la recolección de madera petrificada.
El dato es relevante porque ilustra una ruta frecuente en el conocimiento paleontológico regional: los primeros indicios suelen aparecer en el territorio, a partir de observaciones de habitantes que reconocen formas inusuales en su entorno. Sin embargo, la identificación visual no basta para establecer la edad, el origen geológico o la especie de un ejemplar. La donación cambia el destino de las piezas al ponerlas en una institución capaz de ordenar su información, preservar su contexto documental y facilitar su consulta por especialistas.
Lo que todavía deben revelar las piezas
La madera petrificada se forma mediante permineralización, un proceso que puede extenderse durante millones de años. Durante ese lapso, el material orgánico del árbol es sustituido gradualmente por minerales, mientras parte de su estructura interna puede conservarse en forma de piedra. Esa preservación permite que, bajo estudio, los fósiles aporten señales sobre tejidos vegetales, condiciones ambientales y transformaciones geológicas ocurridas en épocas remotas.
Bernardino López Zamorano subrayó que estudiantes e investigadores podrán analizar los fragmentos para determinar a qué especies de árboles pertenecieron, así como los periodos y zonas donde existieron. Esas preguntas marcan la diferencia entre una colección de objetos llamativos y un conjunto de evidencia científica. Para responderlas serán necesarios inventarios, descripción de cada pieza, comparación anatómica y, cuando proceda, estudios geológicos que permitan relacionarlas con formaciones o sitios de procedencia identificables.
La cautela expresada al calificarlos como presuntos fósiles vegetales también es importante. Antes de atribuir una pieza a una especie, una antigüedad o una localidad concreta, la investigación debe reunir evidencia verificable. El valor inmediato de la donación reside precisamente en que conserva el material para ese proceso, evitando que la falta de resguardo, el deterioro o la dispersión impidan futuras evaluaciones.
Custodiar no equivale sólo a almacenar
El titular de Confíe, Samuel Octavio Ojeda Gastélum, señaló que el organismo asume la responsabilidad de proteger bienes que son propiedad de la nación. En términos prácticos, la custodia implica mantener condiciones adecuadas de conservación, documentar el ingreso de las piezas y cumplir con los procedimientos establecidos por el INAH. También exige que cualquier exhibición posterior privilegie la integridad de los ejemplares y comunique con precisión lo que se sabe de ellos, sin adelantar conclusiones que aún correspondan a la investigación.
El director del Centro INAH Sinaloa, Servando Rojo Quintero, recordó que el estado posee riqueza paleontológica y arqueológica, y que quienes tienen este tipo de bienes actúan como custodios. Esta definición amplía la responsabilidad más allá de la institución receptora. La protección del patrimonio depende de que hallazgos potencialmente relevantes no sean tratados como simples curiosidades decorativas ni salgan de los circuitos de registro y conocimiento público.
Una oportunidad para vincular patrimonio y formación científica
La incorporación de los 84 fragmentos al Centro de Ciencias de Sinaloa puede tener un efecto educativo concreto si el resguardo se acompaña de investigación y mediación pública. Una exhibición bien documentada permitiría explicar cómo un árbol puede convertirse en piedra, qué información conserva y por qué la paleobotánica ayuda a reconstruir paisajes antiguos. Para estudiantes, el material ofrece una referencia física cercana de procesos que suelen enseñarse de manera abstracta.
El alcance de la donación, por tanto, no se limita al número de piezas recibidas. Su importancia dependerá de la trazabilidad que se logre construir sobre cada fragmento, de la colaboración entre Confíe, el Centro de Ciencias y el INAH, y de la capacidad de convertir la colección en preguntas de investigación. Con ese recorrido, un hallazgo iniciado en una calle de terracería puede integrarse de forma responsable al conocimiento sobre la historia natural de Sinaloa.
