El Mediterráneo afronta una escasez creciente de lugares aptos para el fondeo de superyates. La flota que llega cada verano supera la disponibilidad de zonas con profundidad, resguardo del viento y acceso a la costa, mientras las normas para proteger las praderas de Posidonia reducen aún más el espacio utilizable. Puertos, parques marinos y autoridades locales buscan ordenar esa presión sin abandonar la protección ambiental, y algunas áreas ya incorporan nuevas boyas y sistemas de amarre.

La dificultad es mayor para las embarcaciones de gran porte. Necesitan más calado, una superficie de seguridad más amplia y protección frente a las condiciones meteorológicas, tres requisitos que escasean en las costas europeas más reguladas. Según informó Forbes, el crecimiento del sector no solo elevó la cantidad de yates: también impulsó a muchos propietarios a reemplazar sus barcos por unidades más grandes, sin que la infraestructura disponible se ampliara al mismo ritmo.
De la expansión de la flota a las zonas protegidas
La presión se trasladó a los puertos, las reservas naturales y los parques marinos del Mediterráneo. En esas áreas, la prohibición de fondear sobre Posidonia busca evitar que las anclas dañen una planta marina fundamental para el ecosistema. La medida limita las opciones de los capitanes, pero también responde a la necesidad de preservar fondos marinos sensibles en destinos muy frecuentados durante la temporada estival.
En Córcega, la presencia de superyates en zonas protegidas aumentó entre 2020 y 2025, de acuerdo con Madeleine Cancemi, directora del Parque Natural Marino de Cabo Corso y Agriate. Sin embargo, las cifras muestran un cambio en las prácticas de fondeo: la proporción de yates que ancló sobre praderas protegidas de Posidonia cayó del 35% en 2019 al 6% en 2025.
Cancemi sostuvo que los grandes barcos no son necesariamente incompatibles con los objetivos de conservación. Para ello, señaló, deben respetar la normativa ambiental y adaptar sus operaciones a la sensibilidad de los ecosistemas marinos. Esa búsqueda de compatibilidad llevó a varios parques a pasar de las restricciones generales a soluciones de gestión e infraestructura.
Junio: el debate llegó al Parlamento francés
En junio, legisladores franceses propusieron prohibir el acceso de yates privados de 50 metros o más a los puertos y aguas territoriales de Francia. La iniciativa difícilmente avance en los términos en que fue presentada, pero puso bajo mayor escrutinio al segmento de los grandes yates en uno de los litorales más demandados de Europa.
Al mismo tiempo, distintas autoridades desarrollan alternativas para evitar el fondeo libre en áreas delicadas. El Parque Nacional de Port-Cros trabaja en una nueva infraestructura de amarre alrededor de Porquerolles, con boyas inteligentes. En las Islas Baleares se añadieron campos de amarre ecológico y 20 embarcaciones de vigilancia para controlar las zonas restringidas.
Capitanes y clientes afrontan el nuevo sistema
Las restricciones no fueron recibidas de la misma manera por toda la industria. Camille Medina, responsable de flota de alquiler para la Unión Europea en Hill Robinson, afirmó que las limitaciones al fondeo en Pampelonne y las medidas de protección de la Posidonia en Córcega y Baleares resultaron frustrantes para capitanes y clientes cuando entraron en vigor. La concentración de muchas embarcaciones en pocas áreas aptas también puede elevar el riesgo de incidentes si el tiempo empeora.
Harald Van Exem, vicepresidente ejecutivo y director de servicios de yates de Fraser, planteó que una gestión estructurada puede aportar previsibilidad. En lugares como Porquerolles o La Maddalena, donde se reemplaza el fondeo libre por redes organizadas, los capitanes pueden planificar con mayor certeza y los huéspedes encuentran un entorno más tranquilo. Algunos barcos ya operan con tecnologías que reducen la necesidad de anclar: el Artefact, de 80 metros, utiliza propulsión híbrida y posicionamiento dinámico; sistemas similares emplean el Yersin, de 77,6 metros, y el Akula, de 59,1 metros.
