La familia de Tadeo decidió no continuar con su inscripción en un colegio privado de extracción católica ubicado en el centro de García, luego de que la institución impusiera condiciones para admitirlo tras conocer que vive con dos padres. Jazael Figueroa y su esposo, Antonio, consideraron inaceptables las restricciones planteadas por el plantel y priorizaron la seguridad emocional de su hijo frente a un entorno que, según su testimonio, marcó una diferencia por la composición de su familia.
La evaluación reveló la estructura familiar
El proceso de inscripción comenzó en enero. Inicialmente, a los padres se les informó que no había cupo para Tadeo, pero el colegio cambió de postura poco después y citó al menor para presentar un examen de admisión. El conflicto surgió durante la evaluación psicológica, cuando el niño habló con naturalidad de su familia y la institución se enteró de que tiene dos papás.

Tras esa conversación, la directora del plantel, quien es religiosa, citó a Antonio para comunicarle su postura. Figueroa relató que la directiva dejó claro que, de haber sabido desde el inicio que se trataba de una familia homoparental, habría mantenido la respuesta de que no existía lugar disponible. El padre atribuyó a la escuela una preocupación sobre supuestas conductas que podrían generarse entre otros alumnos por el hecho de que Tadeo fuera hijo de una pareja del mismo sexo.
Las condiciones que rechazó la familia
La escuela no negó formalmente la inscripción, pero propuso que el menor permaneciera “a prueba” durante el periodo restante. Entre las medidas señaladas por Figueroa estaba que él no pudiera aparecer como padre del niño, realizar trámites ni acudir al plantel. También se les pidió ocultar la realidad familiar ante maestros, estudiantes y otros padres de familia.
De acuerdo con el testimonio, la institución recomendó además evitar muestras de afecto en casa para no “confundir” al menor. La familia interpretó esas exigencias como discriminatorias y concluyó que aceptarlas implicaría negar públicamente el vínculo de Tadeo con uno de sus padres. Para ellos, la continuidad del proceso ya no ofrecía condiciones de respeto suficientes para el niño.
La decisión tras el encuentro
Figueroa se encontraba en silla de ruedas y esperaba dentro del vehículo mientras Antonio y Tadeo estaban en la escuela. Describió como un momento de impotencia verlos salir del plantel después del incidente. “Obviamente tomamos la decisión de no continuar, primero está la seguridad de nuestro hijo”, afirmó.
La familia optó por retirar al menor del proceso de ingreso. Figueroa cuestionó qué garantías de respeto y seguridad podría tener Tadeo en una institución que, desde el primer contacto posterior a la evaluación, condicionó su permanencia a ocultar la estructura de su hogar.
