Coahuila revela el doble desafío de la rendición de cuentas: ampliar el Bienestar sin erosionar la confianza pública

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La escala final de Claudia Sheinbaum en Saltillo, con la que cerró la primera etapa de una gira de rendición de cuentas por diez entidades, condensó varias tensiones centrales del inicio de su administración: la defensa de la soberanía nacional desde un estado fronterizo, la continuidad de la política social de la Cuarta Transformación y la compleja convivencia entre gobiernos de distinto signo partidista. El dato más concreto de la jornada fue que 88 mil 942 habitantes de Coahuila reciben algún apoyo de los programas del Bienestar. Pero el acto también dejó una imagen menos cómoda para el discurso oficial: restricciones de acceso al Auditorio Parque Las Maravillas, asistentes que denunciaron haber esperado desde la mañana y abucheos contra el gobernador priista Manolo Jiménez.

Más que un episodio protocolario, la visita permite observar el modo en que el gobierno federal busca construir legitimidad territorial. Sheinbaum insistió en que México es “un país libre, independiente y soberano”, un mensaje que adquiere especial peso en Coahuila por su extensa frontera con Estados Unidos, su estrecha vinculación manufacturera con el mercado norteamericano y la sensibilidad política que generan los asuntos migratorios, comerciales y de seguridad. La soberanía, en este contexto, no es sólo una consigna histórica: se convierte en una narrativa para defender margen de decisión interna mientras la economía regional depende, en buena medida, de cadenas productivas transfronterizas.

Una cifra social que exige lectura territorial

Los 88 mil 942 beneficiarios reportados por la Presidenta muestran que la red federal de transferencias y apoyos tiene una presencia relevante en Coahuila. Sin embargo, el número por sí mismo no permite responder las preguntas decisivas: qué programas concentran a las personas beneficiarias, qué municipios registran mayor cobertura, cuál es el perfil socioeconómico de quienes reciben los recursos y qué efectos medibles producen sobre ingresos, cuidados, permanencia escolar o acceso a salud.

Coahuila posee características que obligan a evitar lecturas lineales. Es una entidad industrializada, con polos económicos dinámicos como Saltillo, Ramos Arizpe, Torreón y Piedras Negras, pero también con marcadas desigualdades territoriales. En zonas urbanas integradas a la industria automotriz, metalmecánica y logística, los retos pueden estar vinculados con vivienda, transporte, cuidados infantiles y formalización laboral. En municipios rurales o semirrurales, en cambio, pesan más las distancias, la disponibilidad de servicios públicos y la vulnerabilidad de personas mayores. Una política social eficaz debe reconocer que la necesidad no se expresa del mismo modo en una comunidad rural que en un corredor industrial de alta exportación.

Coahuila revela el doble desafío de la rendición de cuentas: ampliar el Bienestar sin erosionar la confianza pública

La primera conclusión es que la cobertura debe dejar de evaluarse únicamente por el tamaño del padrón. Que casi 89 mil personas reciban apoyos acredita capacidad administrativa y continuidad de una política de transferencias directas, pero no basta para establecer si los recursos llegan con oportunidad, si alcanzan a los segmentos más vulnerables o si se articulan con servicios estatales y municipales. El siguiente estándar de rendición de cuentas tendría que incorporar indicadores de resultado: reducción de carencias, mejoras en bienestar de los hogares, evolución de la inserción laboral y cobertura efectiva por región.

El discurso soberanista frente a una frontera económica

Sheinbaum contrastó su proyecto con gobiernos anteriores, a los que acusó de gobernar con recetas y visiones procedentes del extranjero. La formulación conecta con una línea política sostenida por la Cuarta Transformación: la crítica a las políticas económicas asociadas con la liberalización, la subordinación a organismos externos y la reducción de la capacidad rectora del Estado. En Saltillo, no obstante, esa crítica enfrenta una realidad particularmente compleja. Coahuila se beneficia de su cercanía con Estados Unidos, de las inversiones vinculadas al T-MEC y de una economía orientada a la exportación.

La aparente contradicción puede resolverse sólo si soberanía significa capacidad de negociar, regular y distribuir mejor los beneficios de la integración, no aislamiento. Para Coahuila, una postura nacional firme ante Washington puede ser compatible con atraer inversión, siempre que ofrezca certidumbre jurídica, infraestructura, disponibilidad energética, agua y mano de obra calificada. El riesgo surge cuando el lenguaje político se interpreta como desconfianza hacia la cooperación económica o cuando las disputas bilaterales se trasladan sin mediación a decisiones regulatorias que afectan a las empresas instaladas en la frontera.

La segunda conclusión es que el verdadero examen de la soberanía será material. Defenderla no equivale únicamente a rechazar presiones externas en el discurso; implica aumentar contenido nacional en las cadenas de suministro, formar talento técnico, asegurar condiciones laborales dignas y evitar que el crecimiento exportador conviva con rezagos urbanos. Si esos elementos no avanzan, la narrativa soberanista puede conservar fuerza simbólica, pero tendrá una traducción limitada en la vida cotidiana de los trabajadores y las comunidades receptoras de inversión.

El abucheo al gobernador y los límites de la coordinación

La presencia de Manolo Jiménez, gobernador de extracción priista, en un evento encabezado por una presidenta de Morena tenía una dimensión institucional relevante. La cooperación entre Federación y estado es indispensable en asuntos que no admiten fronteras partidistas: seguridad, infraestructura hídrica, movilidad, salud, desarrollo industrial y atención a población migrante. Sin embargo, el abucheo que recibió el mandatario, quien no tomó la palabra, evidenció que la convivencia administrativa no elimina la confrontación política ni el peso de las identidades electorales.

Desde la óptica federal, la asistencia del gobernador puede interpretarse como un gesto de coordinación y reconocimiento de que los programas sociales tienen ejecución territorial. Para el gobierno estatal, participar permite mantener interlocución directa con la Presidencia y evitar que la competencia partidista bloquee proyectos de interés regional. Para sectores opositores, en cambio, el escenario puede reforzar la percepción de que los actos de rendición de cuentas se convierten en espacios de movilización política donde los gobernantes de otro partido quedan en posición defensiva.

También existe la perspectiva de los beneficiarios y asistentes, que no necesariamente comparten la lógica de los partidos. Para ellos, la principal exigencia suele ser práctica: acceso sencillo a apoyos, trato respetuoso, respuestas ante trámites pendientes y claridad sobre derechos. Cuando la atmósfera de un evento público se desplaza hacia la disputa entre simpatizantes y adversarios, el objetivo de informar puede quedar subordinado a la demostración de fuerza. Esa dinámica erosiona la posibilidad de que la rendición de cuentas funcione como diálogo ciudadano y no sólo como validación política.

Los candados transforman un acto abierto en un problema de confianza

El aspecto más delicado de la jornada fue el cierre de accesos mediante candados para impedir la entrada de personas al auditorio. De acuerdo con los reportes, la medida generó molestia entre asistentes, algunos de los cuales señalaron que habían sido convocados desde la mañana y finalmente optaron por retirarse. Las razones operativas de un control de acceso pueden ser comprensibles: aforo limitado, protocolos de seguridad presidencial y necesidad de evitar aglomeraciones. Pero la ejecución y la comunicación de esas medidas son tan importantes como su justificación.

Un acto de rendición de cuentas tiene una promesa implícita de apertura. Si una parte de la ciudadanía recibe convocatoria, invierte tiempo y traslado, y encuentra las puertas cerradas sin información suficiente, el costo no se limita a una mala experiencia logística. Se instala la percepción de que la participación está reservada para quienes cuentan con acceso privilegiado, acreditación o vínculo con estructuras organizativas. En una administración que basa parte de su legitimidad en la cercanía con el pueblo, esa brecha entre el mensaje incluyente y la experiencia concreta merece atención.

La tercera conclusión es que la logística es política. La credibilidad de un informe no depende únicamente del contenido del mensaje presidencial ni del número de asistentes dentro del recinto. Depende igualmente de que las reglas de ingreso sean públicas, verificables y aplicadas con criterios claros. Publicar horarios, capacidad máxima, mecanismos de registro y alternativas de transmisión o atención para quienes no puedan ingresar reduciría la frustración y limitaría sospechas de selección discrecional. La seguridad no tiene por qué estar reñida con la transparencia organizativa.

Beneficiarios, empresas y gobiernos locales: intereses que no siempre coinciden

La política del Bienestar produce efectos diferenciados. Para personas adultas mayores, estudiantes, hogares de bajos ingresos y otros grupos inscritos, los apoyos representan un ingreso o respaldo que puede aliviar gastos esenciales y dar previsibilidad económica. En un estado donde el empleo formal industrial es importante, las transferencias no necesariamente sustituyen el salario, pero sí pueden amortiguar costos de alimentación, transporte, medicamentos o cuidados. Su valor aumenta para quienes se encuentran fuera del mercado laboral, enfrentan trabajos precarios o viven lejos de los principales centros urbanos.

Para el sector empresarial, el debate es más amplio. Las empresas requieren estabilidad macroeconómica, infraestructura y fuerza laboral disponible; a la vez, observan cómo las transferencias, el salario mínimo, las pensiones y el gasto público inciden en el consumo local y en las decisiones de empleo. La discusión responsable no debe oponer automáticamente programas sociales y actividad privada. El punto relevante es si el gasto social se acompaña de inversiones productivas y servicios públicos que eleven capacidades. Una red de protección sin oportunidades de movilidad económica puede contener la pobreza, pero no necesariamente reducir sus causas estructurales.

Los municipios enfrentan otra tensión. Son la primera ventanilla ante demandas sociales, pero una parte sustantiva de los programas se diseña y comunica desde el ámbito federal. La coordinación puede evitar duplicidades y mejorar padrones; la competencia puede fragmentar la atención y dificultar que las personas entiendan qué nivel de gobierno responde por cada necesidad. En Coahuila, donde las distancias y los perfiles productivos varían ampliamente, la coordinación de datos y presupuestos debería tener un peso mayor que la disputa por atribuirse el mérito político.

De la gira al tablero de resultados

El recorrido por diez estados cumple una función de presencia política y comunicación directa, pero su utilidad institucional dependerá de lo que ocurra después de los eventos. La Presidencia podría convertir las giras en una plataforma de seguimiento con compromisos territoriales verificables: metas de incorporación a programas, avances de infraestructura, solución a problemas identificados por comunidades y reportes periódicos sobre ejecución. Sin esa segunda fase, la rendición de cuentas corre el riesgo de ser percibida como una ceremonia de balance unilateral, más cercana a la campaña permanente que a la evaluación pública.

En Coahuila hay temas que permiten medir esa transición. La presión sobre el agua, la expansión industrial, la movilidad de trabajadores, la seguridad en corredores logísticos, la atención a migrantes y el crecimiento urbano requieren coordinación multinivel. No todos se resuelven mediante transferencias monetarias, aunque éstas contribuyan a aliviar vulnerabilidades. El desafío para la Federación es demostrar que su presencia social puede conectarse con una estrategia territorial de desarrollo; el desafío del estado es colaborar sin renunciar a señalar vacíos o necesidades no atendidas.

Los riesgos de confundir respaldo social con capacidad estatal

La amplia aceptación de los programas sociales puede fortalecer la base política del gobierno, pero no debe llevar a confundir popularidad con solución estructural. El primer riesgo es presupuestario: los apoyos permanentes requieren financiamiento sostenible y reglas claras, especialmente en un contexto de mayores obligaciones de pensiones y demandas de inversión pública. El segundo es administrativo: padrones extensos exigen actualización, mecanismos ágiles de corrección y controles contra exclusiones, duplicidades o intermediación indebida.

Un tercer riesgo es la polarización territorial. Cuando actos institucionales se convierten en escenarios de abucheos, restricciones de acceso y lecturas partidistas, se estrecha el espacio para acuerdos que Coahuila necesita para sostener su dinamismo económico. La visita de Sheinbaum dejó una señal positiva de presencia federal y continuidad de apoyos para 88 mil 942 personas, pero también una advertencia: la legitimidad de una política pública se fortalece cuando sus resultados son comprobables y cuando la ciudadanía puede participar sin obstáculos opacos. La próxima etapa de la gira deberá probar que escuchar, informar y corregir tienen el mismo peso que movilizar y celebrar.

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