Coahuila registró la recuperación de 735 piezas óseas durante 2025, en medio de nuevos hallazgos de fosas clandestinas

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Los servicios periciales de Coahuila recibieron 735 piezas de restos óseos durante 2025, con un peso aproximado de 58 kilogramos, de acuerdo con información recopilada por primera vez en el Censo Nacional de Procuración de Justicia Estatal. El registro dimensiona la magnitud de los hallazgos de restos humanos no identificados en la entidad y adquiere especial relevancia después de que el colectivo Grupo VIDA localizara una nueva fosa clandestina en el municipio de Viesca, en la región de La Laguna.

El dato no establece que las 735 piezas provengan de un solo sitio ni que estén relacionadas entre sí. Se trata de restos recibidos por los servicios periciales en distintos puntos del estado a lo largo de un año. Sin embargo, confirma que la recuperación de fragmentos óseos no constituye un episodio excepcional, sino una actividad recurrente que exige capacidades permanentes de búsqueda, registro forense e identificación humana.

Una cifra que amplía la dimensión del problema

La información fue proporcionada por el Centro Regional de Identificación Humana (CRIH) y la Fiscalía General del Estado de Coahuila (FGE), instituciones que participan en el procesamiento de cadáveres y restos óseos no identificados. Según el censo elaborado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), las piezas fueron recibidas durante 2025 en un contexto en el que las autoridades estatales y federales registraron el ingreso de 97 mil 920 cadáveres en todo el país.

Coahuila no aparece entre las entidades con mayor concentración de cadáveres recibidos. Esos porcentajes correspondieron al Estado de México, con 11.3 por ciento; Guanajuato, con 7.4; Baja California, con 7.1; y Ciudad de México, con 7 por ciento. La comparación resulta importante porque muestra que el volumen de cadáveres y el número de restos óseos no identificados son indicadores distintos: una entidad puede no encabezar el primer registro y, aun así, enfrentar una presión considerable en materia de búsqueda e identificación.

La clasificación utilizada por el censo también ayuda a entender qué representa la cifra. Los restos fueron registrados como “fragmentos” porque se localizaron en piezas más pequeñas que los segmentos o estructuras óseas de las que originalmente formaban parte. No se trata, por tanto, de cuerpos completos ni necesariamente de esqueletos articulados, sino de evidencias que deben ser recuperadas, embaladas, analizadas y comparadas con información de personas desaparecidas.

El estado de esqueletización ofrece una pista temporal

Al momento de su recepción, los fragmentos se encontraban en estado de esqueletización. Esto significa que ya no conservaban tejido blando, una condición que puede estar asociada con un periodo prolongado desde la muerte. La información permite plantear que varios de los restos podrían corresponder a personas fallecidas años antes de su localización, aunque por sí sola no determina una fecha exacta ni permite establecer la identidad de las víctimas.

Ese deterioro modifica la complejidad de la investigación. Cuando desaparecen tejidos y otros elementos identificables, el trabajo forense depende en mayor medida de la antropología, la odontología y la genética, además de la reconstrucción del contexto en que fueron encontrados los restos. La condición de las piezas también puede dificultar la obtención de perfiles genéticos útiles, por lo que cada fragmento debe conservarse y documentarse con criterios técnicos que permitan futuras comparaciones.

La cantidad registrada tampoco equivale automáticamente al número de personas desaparecidas o fallecidas. Una sola persona puede estar representada por múltiples piezas, mientras que un conjunto recuperado en una misma zona puede incluir restos de individuos distintos. Por esa razón, el valor del registro no está únicamente en sumar fragmentos, sino en organizar la evidencia para determinar su procedencia, establecer asociaciones y evitar duplicidades dentro de las bases forenses.

Viesca vuelve a colocar la búsqueda en el centro

El hallazgo reciente de Grupo VIDA en Viesca muestra cómo los colectivos de familiares continúan desempeñando un papel decisivo en la localización de posibles fosas clandestinas. Sus integrantes recuperaron restos óseos humanos en una zona donde realizan trabajos de búsqueda de manera permanente. Hasta ahora, la autoridad no ha confirmado si esos restos forman parte de las 735 piezas reportadas en el balance de 2025 o si corresponden a un periodo posterior.

La falta de una conexión confirmada entre ambos hechos no reduce su importancia. El reporte estadístico revela el volumen general de restos que llega a las instituciones, mientras que el trabajo del colectivo señala los lugares concretos donde pueden encontrarse nuevas evidencias. La identificación completa de cada pieza depende de que ambos procesos estén articulados: la localización en campo debe acompañarse de registros precisos, y el análisis de laboratorio debe traducirse en respuestas verificables para las familias.

El desafío ya no es sólo recuperar, sino identificar

La primera incorporación de esta información al censo del Inegi representa un avance porque hace visible una parte de la labor forense que durante años permaneció dispersa entre expedientes y reportes institucionales. Aun así, el número de piezas recuperadas plantea preguntas que la estadística todavía no responde: cuántas fueron asociadas con una persona, cuántos perfiles genéticos pudieron obtenerse, qué cantidad permanece sin identificar y cuánto tiempo transcurre entre el hallazgo y la entrega de resultados.

Responder esas preguntas será determinante para medir la capacidad real del sistema de identificación humana en Coahuila. Recuperar 735 piezas en un año documenta una operación de búsqueda y peritaje, pero no necesariamente un cierre para las familias. El indicador más relevante será la proporción de restos identificados y vinculados con una investigación, porque sólo entonces el hallazgo dejará de ser una cifra acumulada y podrá convertirse en una respuesta judicial y humanitaria.

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