Investigadores de la Universidad de California en Berkeley determinaron que las agujetas no se sueltan únicamente por un mal nudo: el impacto repetido del zapato contra el suelo, combinado con la inercia de los bucles y extremos libres mientras se mueve la pierna, puede aflojar el cordón hasta deshacerlo en pocos pasos. El proceso suele acumularse de forma casi imperceptible antes de acelerarse.
Las grabaciones en cámara lenta mostraron que cada golpe del calzado contra el suelo deforma momentáneamente el centro del nudo. A la vez, cuando el pie cambia de dirección, los extremos y los lazos continúan desplazándose por inercia. Esa combinación reduce la fricción entre las partes del cordón y permite que uno de los extremos comience a deslizarse.

El desatado no avanza a una velocidad constante. Según los experimentos, el nudo puede parecer estable durante numerosos pasos, aunque ya esté perdiendo tensión. Cuando un extremo libre se alarga, gana capacidad de movimiento y ejerce una fuerza mayor en el siguiente ciclo; entonces se produce un fallo acelerado y el cordón puede pasar de aparentemente intacto a completamente deshecho en segundos.
Para separar las fuerzas involucradas, los científicos observaron movimientos de pierna sin impacto y golpes del pie sin el balanceo normal al caminar. Ninguna de las dos condiciones produjo el mismo resultado por sí sola. El fenómeno apareció cuando coincidieron el golpe contra la superficie y el movimiento pendular que hace oscilar las agujetas.
Las mediciones con acelerómetros colocados cerca de los cordones registraron impactos de entre seis y ocho veces la aceleración de la gravedad durante la caminata. Los ensayos controlados usaron un valor cercano a 7 g, aplicado mediante un péndulo de unos 20 centímetros que golpeaba el centro del nudo. El sistema permitió repetir el movimiento y variar la intensidad y dirección de la fuerza.
La forma del nudo cambia su resistencia
El estudio también comparó dos formas de atar los cordones. El nudo cuadrado, en el que los cruces se alternan, resultó más estable que el llamado nudo de abuela, cuyos cruces siguen el mismo sentido y favorecen que el cordón se retuerza. En las pruebas, la configuración más débil se aflojó y falló antes, mientras que el nudo cuadrado resistió sin un fallo completo durante los periodos observados.
La orientación del golpe y la posición de las agujetas sobre el zapato también modificaron el resultado. Por ello, dos personas pueden usar calzado similar y realizar un nudo parecido, pero experimentar tiempos distintos antes de que el cordón se suelte. La tensión inicial influye además en el movimiento del pie dentro del tenis y, con ello, en las fuerzas que llegan al nudo.
El mecanismo no requiere correr. Aunque correr puede aumentar algunas fuerzas, los investigadores reprodujeron condiciones correspondientes a una caminata relativamente lenta. Basta la repetición de impactos, cambios de dirección e inercia de los extremos para que un nudo acumule pequeños deslizamientos hasta alcanzar la fase rápida de desatado.
Un estudio con 1,014 personas de entre 2 y 73 años en Guanajuato halló diferencias en la morfología del pie según edad y otras características, pero no analizó el desatado de agujetas. Sus resultados no permiten atribuir la duración de un nudo a una forma específica del pie, aunque recuerdan que la distribución de fuerzas al caminar no es idéntica en todas las personas.
