Investigadores del Centro de Investigaciones sobre Desertificación (CIDE), institución conjunta del CSIC, la Universitat de València y la Generalitat Valenciana, han desarrollado el primer índice estandarizado capaz de cuantificar de forma homogénea los periodos de calma atmosférica prolongada en distintas regiones del planeta. Publicado en la revista Atmospheric Research, el Standardized Wind Speed Index (SWSI) permite comparar la severidad de estos episodios independientemente de las velocidades medias locales de viento.
El trabajo se basa en datos de 2.264 estaciones meteorológicas distribuidas en seis subregiones de América, Asia, Europa y Oceanía entre 1973 y 2023, tras aplicar rigurosos controles de calidad y homogeneización. El índice transforma los registros históricos en una escala probabilística de -3 a +3, donde valores negativos indican déficits persistentes de viento.
Un déficit atmosférico hasta ahora poco estudiado
Durante décadas, el concepto de sequía se asociaba casi exclusivamente a la falta de precipitaciones. Sin embargo, la atmósfera puede registrar también prolongados periodos de escasa circulación del aire, con efectos directos sobre la generación eólica, la dispersión de contaminantes urbanos, la polinización de cultivos y la erosión del suelo. El SWSI proporciona una herramienta objetiva para detectar y medir estas anomalías, que hasta ahora se analizaban de manera fragmentada y local.
Los valores del índice permiten estimar periodos de retorno, es decir, el tiempo medio esperado entre episodios de intensidad similar. Aplicado a dos casos recientes con fuerte impacto económico, el sistema mostró que la sequía de viento en el oeste de Estados Unidos en 2015 alcanzó un valor de -2,15, con un periodo de retorno estimado en 63 años. En Reino Unido, el episodio de 2021 correspondió a un déficit sostenido durante todo el año y un periodo de retorno de 70 años.
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Causas y tendencias observadas
Las sequías de viento pueden originarse por bloqueos atmosféricos, especialmente anticiclones persistentes que actúan como barreras a la circulación del aire. Cuando estos episodios se prolongan durante meses, suelen estar asociados a cambios en los patrones de circulación a gran escala. El estudio también identifica el fenómeno conocido como stilling, una tendencia al debilitamiento del viento a largo plazo.
Los datos revelan una acumulación de sequías de viento en Europa desde finales de los años noventa y un déficit global entre 1995 y 2010. Aunque se ha registrado cierta recuperación posterior, los valores actuales siguen por debajo de los medidos hace cuatro décadas. Esta evolución plantea preguntas sobre cómo evolucionará la variabilidad del viento en un clima cambiante y qué implicaciones tendrá para la planificación energética.
Implicaciones más allá de la energía eólica
Además de su impacto en los parques eólicos, la reducción prolongada de la velocidad del viento afecta la calidad del aire en zonas urbanas al limitar la dispersión de contaminantes. En agricultura, puede alterar la polinización y favorecer la acumulación de humedad en el suelo, incrementando riesgos fitosanitarios. El equipo del CIDE trabaja ya en un visor web que permitirá monitorizar el viento histórico y en tiempo real en España, una herramienta que podría resultar útil tanto para operadores energéticos como para autoridades sanitarias y ambientales.
El desarrollo del SWSI representa un avance metodológico significativo porque permite comparaciones objetivas entre regiones con climas muy distintos. Sin embargo, los propios investigadores señalan que el índice debe complementarse con otros indicadores para evaluar impactos específicos en cada sector. La disponibilidad de series largas y homogéneas sigue siendo un requisito fundamental para afinar las estimaciones de recurrencia.
La investigación abre la puerta a integrar el seguimiento de las sequías de viento en los sistemas de alerta temprana de fenómenos climáticos extremos. Su aplicación sistemática podría contribuir a una gestión más precisa de los recursos energéticos renovables y a una mejor comprensión de cómo los cambios en la circulación atmosférica afectan a los ecosistemas y a las sociedades.
