Un estudio publicado en Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences revela que los cachalotes del Mediterráneo están desarrollando variaciones claras en sus patrones de comunicación. Los datos recogidos durante casi dos décadas muestran que los grupos del este y del oeste del mar emiten codas con ritmos distintos, un hallazgo que cuestiona la idea previa de una población culturalmente uniforme.
La investigación se basa en el análisis de 5.291 codas registradas entre 2003 y 2021 en aguas de Baleares por el Balearic Sperm Whale Project y entre 2005 y 2019 en la zona oriental por el Pelagos Cetacean Research Institute. Esta base de datos, la más extensa reunida hasta ahora sobre la especie en el Mediterráneo, permite comparar con detalle cómo se comunican ambos grupos.
Diferencias detectadas en el ritmo de las codas
Los cachalotes occidentales, que frecuentan Baleares y el mar de Alborán, producen secuencias más pausadas en las que los clics individuales se distinguen con claridad. En cambio, los ejemplares del este emiten codas mucho más rápidas, hasta el punto de que resulta difícil percibir los cuatro clics que componen el patrón básico. La bioacústica Taylor Hersh, de la Universidad de Bristol, señala que estas diferencias fueron evidentes desde el primer momento en que se compararon las grabaciones de ambas regiones.
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Los investigadores interpretan estas variaciones como los primeros indicios de una divergencia cultural incipiente, similar a acentos regionales dentro de una misma lengua. No se trata de dos sistemas de comunicación aislados, sino de modificaciones que podrían requerir ajustes en la interacción entre individuos de ambos grupos.
Contexto histórico de la población mediterránea
Los cachalotes entraron en el Mediterráneo hace aproximadamente 20.000 años. Desde entonces han acumulado conocimientos sobre zonas de alimentación productivas y áreas que conviene evitar. Esta memoria colectiva, transmitida entre generaciones, constituye una forma de cultura que los científicos consideran característica de esta población aislada. El biólogo marino Luke Rendell, de la Universidad de St Andrews, destaca que el aislamiento geográfico ha favorecido la retención y el refinamiento de estos saberes a lo largo del tiempo.
Durante años se consideró que los cachalotes mediterráneos compartían un repertorio acústico muy simple y homogéneo. Los nuevos registros demuestran que esa simplificación no refleja la realidad actual y que la diversidad cultural está en proceso de aumento, impulsada por la distancia entre las dos subpoblaciones y por las distintas presiones ambientales que enfrentan.
Perspectivas para la conservación y el estudio de la cultura animal
El hallazgo abre una ventana para observar cómo surge un dialecto en una especie marina de larga vida. Al mismo tiempo, plantea preguntas sobre la capacidad de adaptación de estos animales ante cambios en el entorno, como la presencia de tráfico marítimo o variaciones en la disponibilidad de presas. Las diferencias acústicas podrían influir en la cohesión social de los clanes si los individuos de ambos extremos del Mediterráneo llegaran a interactuar con mayor frecuencia.
Los autores del estudio subrayan que el trabajo no concluye la existencia de dos culturas completamente separadas, sino que documenta un proceso evolutivo en marcha. La continuidad de los programas de monitorización acústica permitirá determinar si estas variaciones se consolidan o si, por el contrario, persiste suficiente intercambio cultural para mantener un repertorio compartido. En cualquier caso, los datos refuerzan la necesidad de considerar la dimensión cultural a la hora de diseñar medidas de protección para la población mediterránea de cachalotes.
