Australia evalúa adaptar vacunas comestibles para proteger a mamíferos carroñeros frente a la gripe aviar H5N1, pero aún no dispone de una fórmula oral apta para esas especies. La propuesta, planteada por los investigadores Andrew S. Flies y Prithul Chaturvedi, combina cebos vacunales con dispensadores inteligentes desarrollados para el demonio de Tasmania. Su objetivo sería reducir la exposición de animales que consumen cadáveres infectados, una vía que puede concentrar una elevada carga viral.

El punto de partida es una tecnología que no fue creada para la influenza aviar. Desde 2019, el equipo realiza ensayos de campo con dispensadores de carnada y distintos alimentos para aumentar la ingestión de dosis por demonios de Tasmania silvestres. El proyecto busca combatir el tumor facial de esta especie, uno de los pocos cánceres contagiosos conocidos, que se transmite durante forcejeos y mordeduras y presenta una alta mortalidad.
En esas pruebas también accedieron a los cebos zarigüeyas, quoles, pademelones y ratas. Para limitar ese consumo no previsto, los científicos desarrollaron un dispensador activado por movimiento que puede reconocer al marsupial en milisegundos antes de liberar el alimento. El sistema incorpora además un lector de microchips: identifica al animal que recibe la dosis, registra su temperatura corporal y transmite los datos en tiempo real.
La experiencia acumulada llevó al grupo a considerar una adaptación para especies carroñeras amenazadas por el H5N1. Según las estimaciones oficiales citadas por los autores, hasta el 10% de las especies de mamíferos australianos enfrentan un riesgo alto o extremo por el virus. Tras alimentarse de un cadáver infectado, estos animales pueden recibir una exposición intensa, lo que, según los investigadores, ofrece al patógeno más oportunidades de mutar y adaptarse a nuevos huéspedes.
La preocupación ganó urgencia tras los efectos registrados el año pasado en la isla Heard. Allí, la cepa H5N1 provocó la muerte de más de 13.000 crías de elefante marino del sur. Se detectaron infecciones en otras seis especies de aves y mamíferos de la isla, aunque la mortandad masiva solo fue documentada entre los elefantes marinos. También se informó la muerte de una foca peletera después de una infección.
El método propuesto tendría límites claros. No serviría para focas, leones marinos y otros pinnípedos que no comen en tierra, por lo que no accederían a los cebos. En animales de gran tamaño, los investigadores señalaron que los dardos también pueden ser difíciles de utilizar; entre las alternativas mencionadas figuran las inyecciones manuales y las agujas colocadas en una pértiga. El esquema oral podría extenderse a aves que consumen restos en tierra, aunque el trabajo no detalla campañas para esas especies. El artículo cita a los págalos pardos, la primera especie en la que se detectó gripe aviar en Australia.
Por ahora, el país cuenta con una única vacuna contra la gripe aviar autorizada para uso de emergencia en pequeños pingüinos y aves en cautiverio. Está elaborada con virus inactivados y debe aplicarse mediante inyección, por lo que no resulta útil para un cebo comestible. Para una estrategia oral, los autores consideran necesarios vectores virales vivos atenuados o modificados, capaces de ingresar con mayor facilidad en las células del huésped y estimular una respuesta inmunitaria.
Los antecedentes de las vacunas antirrábicas respaldan la discusión, aunque no sustituyen la necesidad de desarrollar y aprobar una fórmula específica contra la gripe aviar. Desde 1978, Europa distribuyó alrededor de mil millones de cebos en 30 países, y muchas de esas naciones son consideradas libres de rabia. En Canadá se probaron dosis orales más altas sin efectos adversos, mientras que una revisión en Estados Unidos calificó el método como seguro y eficaz. Los investigadores advierten que las exigencias regulatorias y las pautas estrictas de dosificación podrían requerir cambios para responder con rapidez a futuras amenazas en la fauna silvestre.
