La ausencia de la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia “Maru” Campos, en el Segundo Informe de Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum se sumó a la de varios actores políticos de Morena y de figuras vinculadas con la Cuarta Transformación durante el acto realizado el lunes 1 de septiembre de 2026 en Palacio Nacional. Aunque el evento reunió a integrantes del Gabinete federal, representantes de los Poderes de la Unión y mandatarios estatales, las sillas vacías de personajes con peso político abrieron cuestionamientos sobre los motivos de sus inasistencias.
La presentación del informe comenzó a las 11:00 horas y tuvo como propósito exponer el balance de la administración federal en su segundo año de gobierno. La ceremonia mantuvo el formato institucional de convocar a autoridades federales, legisladores, gobernadores y representantes de distintos sectores. Sin embargo, la atención pública no se concentró únicamente en el contenido del mensaje presidencial, sino también en quienes no acudieron a la sede del Poder Ejecutivo.

Campos no confirmó públicamente su asistencia
De acuerdo con los reportes difundidos tras el acto, Maru Campos fue invitada al Segundo Informe, pero no asistió. Antes de la ceremonia, la gobernadora panista no confirmó ante medios locales si acudiría a Palacio Nacional y tampoco explicó de manera pública las razones de su ausencia. Hasta la información disponible, no se ha dado a conocer una postura oficial de su administración que detalle si la inasistencia respondió a compromisos de agenda, una decisión política o alguna otra circunstancia.
La falta de una explicación formal adquiere relevancia por el contexto de la relación entre el gobierno de Chihuahua y autoridades federales. Campos ha enfrentado críticas y señalamientos por la presunta participación de agentes extranjeros en operativos de seguridad efectuados en el estado sin notificación previa al Gobierno federal. Según la información difundida, el caso derivó en un citatorio de la Fiscalía General de la República para que se conocieran detalles sobre una posible entrada o participación no autorizada de agentes extranjeros.
Ese antecedente no permite establecer por sí mismo una relación directa con la ausencia de la mandataria estatal en el informe. No obstante, explica por qué su falta fue observada con mayor interés que la de otros invitados: la coordinación en seguridad es una de las áreas donde la comunicación entre gobiernos federal y estatales resulta especialmente sensible, tanto por las competencias legales involucradas como por el impacto de los operativos en la población.
También faltaron figuras de Morena
La ausencia de Campos no fue la única que llamó la atención. Entre los políticos que no acudieron al informe se mencionó al senador Gerardo Fernández Noroña, integrante de Morena; al senador Adán Augusto López Hernández, también de Morena; a Rubén Rocha Moya, gobernador con licencia de Sinaloa, y a Andrés Manuel López Beltrán, integrante de la dirigencia morenista. La presencia de estos nombres en la lista impidió que las inasistencias fueran leídas exclusivamente como una señal de distancia entre un gobierno estatal de oposición y la Presidencia.
Fernández Noroña y López Hernández han tenido una participación visible en la vida política nacional y dentro de la coalición gobernante. Rocha Moya, por su parte, ha sido una figura relevante en la relación entre el Ejecutivo federal y Sinaloa, mientras que López Beltrán mantiene un perfil ligado a la organización interna de Morena. Ninguno de ellos había explicado públicamente, de acuerdo con los reportes disponibles, los motivos específicos de su falta en la ceremonia.
En actos de esta naturaleza, una ausencia puede tener múltiples explicaciones: compromisos legislativos, actividades locales, cuestiones de salud, ajustes de seguridad o decisiones personales. Por ello, la ausencia física no constituye automáticamente una ruptura política ni permite inferir desacuerdos sin una declaración de los involucrados. La interpretación adquiere sustento sólo cuando se acompaña de hechos verificables, mensajes públicos o definiciones institucionales posteriores.
Un acto institucional con lectura política
Los informes presidenciales tienen una dimensión protocolaria y otra política. En la primera, representan un espacio de rendición de cuentas del Ejecutivo federal; en la segunda, funcionan como una fotografía de las relaciones entre los distintos niveles de gobierno y las fuerzas que integran la mayoría legislativa. La asistencia de gobernadores, integrantes del gabinete y dirigentes partidistas suele proyectar coordinación institucional, aunque esa imagen no sustituye las diferencias que pueden existir en temas concretos.
La composición de los asistentes en Palacio Nacional mostró que el informe conservó una amplia representación de autoridades públicas. Aun así, las ausencias destacaron por la relevancia de algunos de los nombres involucrados y por la pluralidad de sus procedencias partidistas. La presencia de mandatarios y funcionarios de distintos espacios políticos también subrayó que la convocatoria se desarrolló en un marco institucional, más allá de las diferencias entre gobiernos emanados de partidos distintos.
Para Chihuahua, el episodio ocurre en un momento en que la agenda de seguridad mantiene un lugar central en la discusión pública. Cualquier asunto relacionado con cooperación internacional, actuación de corporaciones y coordinación con la Federación exige claridad documental y comunicación entre autoridades. El seguimiento al citatorio de la FGR y las eventuales explicaciones de la administración estatal serán elementos más relevantes para evaluar el fondo de esa relación que la sola ausencia en un acto oficial.
Por ahora, el Segundo Informe de Sheinbaum deja dos hechos confirmados: la gobernadora Maru Campos no estuvo presente en Palacio Nacional y tampoco asistieron varias figuras cercanas a Morena. Sin explicaciones públicas adicionales de las personas señaladas, atribuir una causa común o una consecuencia política inmediata a esas ausencias excedería la información disponible. El desarrollo posterior de la agenda federal, legislativa y estatal permitirá determinar si se trató de coincidencias de calendario o de señales con mayor significado político.
