Andrés Giardello cumplió el 22 de agosto 11 años de vivir en México, país al que llegó después de construir sus primeros pasos profesionales entre Colonia del Sacramento, Uruguay, y Buenos Aires, Argentina. El actor considera que su trayectoria refleja el efecto de una decisión tomada durante la adolescencia: abandonar su ciudad natal a los 17 años para perseguir una carrera en la actuación.
En entrevista con El Siglo de Torreón, Giardello recordó que a esa edad dejó atrás una localidad que entonces tenía alrededor de 23 mil habitantes para trasladarse a Buenos Aires, una ciudad de aproximadamente cuatro millones de personas. El cambio implicó una ruptura personal y profesional considerable, pero también le permitió acceder a una formación y a un circuito artístico más amplios.
Una vocación nacida en un escenario local
Su primer contacto con las artes escénicas ocurrió alrededor de los 15 años, cuando un amigo vinculado con el teatro le ofreció cubrir el único papel disponible en la obra Dulce compañía. Interpretó a Orixa Xangó, una figura asociada con San Jorge dentro de la religión Umbanda. Aquella experiencia despertó una vocación que, según sus propias palabras, comenzó como un “bichito” y terminó orientando sus decisiones posteriores.
Dos años después, Giardello se mudó a Buenos Aires con apoyos puntuales de personas ajenas al medio artístico. La decisión no estuvo respaldada por una red profesional consolidada ni por certezas sobre el futuro, pero respondió a un objetivo definido: formarse como actor y encontrar oportunidades que no estaban disponibles en su ciudad de origen.
Su traslado posterior a México obedeció a una lógica semejante. El actor describe al país como un “gran faro de producción audiovisual” y como una especie de Hollywood latinoamericano, debido a la cantidad de proyectos que se desarrollan para el mercado nacional, para América Latina y para Estados Unidos. Esa concentración de trabajo atrae a intérpretes de distintos países hispanohablantes y también de otras regiones.

De Mauricio Garcés a Roberto Armendáriz
Durante sus 11 años en México, el actor ha participado en producciones de registros diferentes. En la serie José José, el príncipe de la canción interpretó una versión del actor y comediante Mauricio Garcés, una figura estrechamente ligada a la cultura popular mexicana. El papel le exigió trabajar el acento, la voz y la gestualidad, además de revisar buena parte de las películas de Garcés para aproximarse a un personaje reconocido por varias generaciones.
Giardello también formó parte de Chespirito: Sin querer queriendo, donde interpretó a “Pepe Jamaica”, un personaje creado para la ficción y relacionado con los conflictos y obstáculos que atravesó Roberto Gómez Bolaños. Para el actor, el proyecto tuvo un significado particular: aunque no pudo conocer personalmente a Chespirito, quien murió un año antes de su llegada a México, pudo acercarse a su historia y trabajar con sus hijos, así como conocer espacios vinculados con la organización del comediante.
En No fue mi culpa dio vida a Marcos, hermano de una víctima de feminicidio que busca justicia. Ese trabajo lo colocó dentro de una narración centrada en la violencia de género y sus consecuencias familiares, un registro distinto al de las bioseries y las producciones de entretenimiento masivo. También apareció en la telenovela Padres por conveniencia, experiencia que vinculó con sus recuerdos de infancia, cuando veía melodramas mexicanos junto a su abuela.
Un ingreso inesperado al cierre de una saga
Actualmente participa en la décima temporada de El señor de los cielos, producción que marca el cierre de la historia de Aurelio Casillas después de diez temporadas y varios derivados. La emisión para Estados Unidos comenzó el 7 de julio a través de Telemundo, mientras que en México los primeros cinco capítulos llegaron a ViX el 21 de agosto.
Su personaje es Roberto Armendáriz, un exdiputado al que distintos intereses políticos intentan convencer de convertirse en candidato a la Presidencia de la República. El actor definió su llegada al proyecto como “caída del cielo”, porque recibió la llamada con muy poco margen: le preguntaron si podía comenzar a grabar al día siguiente y aceptó de inmediato.
La incorporación tardía a una producción de larga trayectoria puede representar un desafío particular. El intérprete debe integrarse a una historia con personajes establecidos y a una audiencia que conoce sus códigos, al tiempo que construye una figura capaz de aportar nuevos conflictos. En este caso, Armendáriz introduce una dimensión política dentro del universo criminal y dramático de la serie.
La vigencia de la telenovela y el teatro pendiente
Giardello sostiene que la telenovela mantiene una presencia relevante en México pese al crecimiento del streaming. Su alcance se explica por la convivencia de las transmisiones en televisión abierta con la distribución digital, que permite que estos relatos se vendan a otros países y se traduzcan a numerosos idiomas. Desde su perspectiva, el género también ofrece a los actores un entrenamiento intenso, debido al elevado número de escenas que suelen grabarse en una jornada.
El actor reconoce, sin embargo, que todavía busca ampliar su trabajo teatral. Al llegar a México encontró dificultades para incorporarse a los escenarios y tuvo que producir por cuenta propia un espectáculo unipersonal relacionado con José José. Destinó a ese proyecto parte de sus ingresos con la intención de que el público lo conociera en una faceta distinta a la televisiva.
Su actividad profesional también se extendió a las redes sociales. En sus cuentas comparte videos sobre asados y cocina, una afición que nació de su papel habitual como asador entre sus amigos. La propuesta le ha permitido acercarse a la producción de contenidos y a la colaboración con marcas, además de mostrar las tareas que existen detrás de un formato que suele parecer espontáneo.
El recorrido de Giardello combina movilidad, adaptación y una búsqueda constante de nuevos espacios. Su experiencia en México no se limita a la acumulación de créditos: incluye la interpretación de figuras reconocibles, la participación en historias de impacto social, el ingreso a una saga televisiva consolidada y el desarrollo de proyectos propios. A 11 años de su llegada, el actor mantiene abiertas las rutas del teatro, la televisión, el cine y la producción digital.
