Las polpette di melanzane, una preparación tradicional italiana elaborada con berenjena, pan rallado, huevo, ajo y perejil, se presentan como una alternativa vegetariana a las albóndigas convencionales. La receta, pensada para aprovechar esta verdura durante su mejor temporada, rinde entre 16 y 20 unidades y puede servirse sola, con salsa de tomate casera o junto a arroz y patatas fritas.
El punto decisivo de la elaboración es controlar la humedad de la pulpa. La berenjena debe quedar tierna, pero bien escurrida para que la masa conserve cuerpo y pueda moldearse sin necesidad de añadir demasiado pan rallado. La tradición recomienda aplastarla con un tenedor o con las manos, sin usar batidora, para mantener su textura fibrosa.

Ingredientes y preparación
Para cuatro o cinco porciones como tapa se necesitan dos berenjenas grandes, dos huevos, dos dientes de ajo, unos 80 gramos de pan rallado, una ramita de perejil, sal, pimienta negra, harina y aceite de oliva virgen extra. De forma opcional, se pueden incorporar 30 gramos de parmesano o pecorino rallado para reforzar el sabor.
Las berenjenas se lavan, se pinchan con un tenedor y se asan enteras a 200 grados durante unos 25 minutos, hasta que estén muy blandas. Tras enfriarlas, se extrae la pulpa con una cuchara, se pica finamente y se coloca en un colador para presionarla y retirar el agua sobrante.
Una vez escurrida, la pulpa se mezcla con el ajo y el perejil picados. Se incorporan los huevos, el queso si se utiliza y el pan rallado poco a poco, hasta obtener una masa húmeda que permita formar bolas del tamaño de una nuez. Después de salpimentarlas, las piezas se pasan por harina.
Las albóndigas se fríen en abundante aceite bien caliente hasta que estén doradas y se dejan sobre papel de cocina para retirar el exceso de grasa. El tiempo total estimado es de 45 minutos, entre 25 minutos de preparación y 20 de cocción. Cada porción aporta aproximadamente 180 calorías, 6 gramos de proteínas, 10 de grasas, 16 de hidratos de carbono y 4 de fibra, según estimaciones que pueden variar con los ingredientes empleados.
El plato puede conservarse hasta tres días en la nevera dentro de un recipiente hermético. También admite congelación antes de freír, sin rebozar, durante un máximo de dos meses.
