El especialista Mariano Salinas ha explicado en El Heraldo Radio el concepto de abuso reactivo, un patrón en el que la víctima de agresiones prolongadas responde con intensidad y el agresor utiliza esa reacción para presentarse como perjudicado. Aunque no aparece en manuales clínicos, el término describe con precisión cómo se invierten los papeles en relaciones de poder asimétrico.

La dinámica funciona de manera predecible: tras meses o años de humillaciones y provocaciones, la persona agredida establece un límite de forma vehemente o incluso violenta. Esa respuesta, aunque comprensible como defensa, es inmediatamente capitalizada por el agresor para desplazar la atención sobre su propio supuesto daño. El resultado es que el entorno social y, a veces, la propia víctima, pierden de vista quién inició el ciclo de violencia.
Reconocer el patrón sin justificarlo
La utilidad principal del concepto radica en separar la responsabilidad inicial de la respuesta reactiva. Entender que una explosión emocional no convierte a la víctima en agresora principal permite romper la culpa internalizada. Al mismo tiempo, Salinas señala que llegar a ese punto de reacción indica un deterioro grave de la salud emocional y constituye una señal clara de que la situación exige intervención profesional inmediata.
El riesgo de permanecer en la dinámica es doble: la persona agredida puede escalar hacia conductas que la comprometan legal o psicológicamente, mientras el verdadero agresor consolida su posición de víctima ante terceros. La recomendación central del especialista es buscar apoyo terapéutico antes de que la reacción se convierta en el nuevo centro del problema.
Este marco conceptual ayuda a identificar cuándo una relación ha alcanzado un punto crítico y ofrece una herramienta para que tanto la víctima como su entorno distingan entre provocación y respuesta, facilitando así la interrupción del ciclo de maltrato.
