Puerto Vallarta será, del 4 al 7 de octubre, el centro de una conversación gastronómica que rebasa la exhibición culinaria. La edición 18 de Vallarta Nayarit Gastronómica reunirá a más de 80 chefs, cocineros y especialistas de México, España, Estados Unidos, Brasil, República Dominicana y Chile, con una presencia relevante de representantes jaliscienses. El encuentro llega en un momento en que el estado busca consolidar su cocina como un activo cultural, turístico y productivo de alcance internacional.
El programa se concentrará principalmente en el Sheraton Buganvilias Resort & Convention Center, pero sus actividades también alcanzarán San Sebastián del Oeste, Riviera Nayarit y Bucerías. Esa expansión territorial responde a una idea central del festival: los platillos no pueden entenderse de forma aislada, porque dependen de los ingredientes, los paisajes, los oficios y las cadenas de producción que los hacen posibles.

Una agenda que busca acercar la cocina al territorio
Bajo el lema “Descubriendo una Nueva Realidad”, Vallarta Nayarit Gastronómica combinará showcookings, talleres, catas y conferencias magistrales. La fórmula no es nueva dentro de los festivales gastronómicos, pero en este caso adquiere peso por la diversidad de perfiles convocados: habrá cocineros con reconocimiento nacional e internacional, especialistas en bebidas y profesionales vinculados con productos regionales.
Los formatos abiertos, como las demostraciones de cocina en vivo, permiten observar técnicas, decisiones de producto y formas de presentar una tradición culinaria ante públicos distintos. Los talleres y catas, en cambio, ofrecen una relación más directa con los procesos detrás de cada ingrediente o destilado. La combinación importa porque transforma al asistente de consumidor pasivo en participante de una experiencia de conocimiento.
La representación de Jalisco estará encabezada por Francisco Ruano, Xrysw Ruelas y Óscar Segundo. Su presencia funciona como una señal de que el encuentro no pretende limitarse a importar figuras de prestigio, sino mostrar la capacidad creativa ya instalada en la región. Para un destino turístico como Puerto Vallarta, esa distinción es estratégica: una agenda gastronómica sólida debe proyectar identidad local y no sólo replicar tendencias de otras ciudades.
Productos con nombre propio
El chile de Yahualica, la raicilla y el tequila tendrán un lugar especial en la programación. Los tres productos condensan una discusión que va más allá de la promoción comercial: cada uno está ligado a zonas de producción, métodos específicos y saberes transmitidos entre generaciones. Presentarlos dentro de un encuentro internacional permite explicar por qué el valor de una cocina comienza en el campo y continúa en la transformación artesanal e industrial.
Ese enfoque resulta especialmente pertinente ante una gastronomía global cada vez más atenta a la trazabilidad. El origen de los insumos, la remuneración de productores, el impacto ambiental y la protección de denominaciones regionales dejaron de ser asuntos secundarios. Un restaurante puede elevar la visibilidad de un ingrediente, pero su permanencia depende de que la comunidad que lo cultiva o elabora pueda sostener su actividad.
Por ello, la inclusión de bebidas y productos jaliscienses no debe leerse únicamente como una vitrina de sabores. También plantea una oportunidad para conectar a cocineros, distribuidores, productores y visitantes alrededor de cadenas económicas concretas. Cuando esa relación se construye con continuidad, los festivales pueden dejar beneficios más duraderos que los generados durante los días de actividades.
El impulso de la visibilidad internacional
La edición de este año también pondrá atención en chefs mexicanos reconocidos por la Guía Michelin. El interés tiene una base clara: la cocina mexicana atraviesa una etapa de mayor exposición ante públicos internacionales, y Jalisco participa de ese proceso con restaurantes que ya figuran en la selección de la guía.
En Guadalajara, Alcalde y Xokol cuentan con Estrella Michelin, mientras que Tacos y Gorditas Elvira y Palreal recibieron la distinción Bib Gourmand. Además, otros establecimientos de Guadalajara y Puerto Vallarta fueron incluidos entre las recomendaciones. Estas menciones no sustituyen la riqueza de la cocina cotidiana ni resumen toda la oferta estatal, pero sí generan una referencia comprensible para viajeros, medios especializados e inversionistas que siguen los circuitos gastronómicos globales.
La atención continuará en diciembre, cuando Guadalajara sea sede por primera vez de la ceremonia de Latin America’s 50 Best Restaurants. A ello se suma que 2027 fue designado como Año de la Gastronomía en Jalisco y que el estado recibirá la Guía México Gastronómico 2027, de Culinaria Mexicana. La acumulación de eventos y reconocimientos configura una ventana de posicionamiento poco frecuente para la entidad.
Más que una cita para visitantes
Los organizadores informaron que la edición anterior superó los 14 mil asistentes, en su mayoría procedentes de otras regiones del país, y generó más de 5 mil 500 cuartos noche, además de una derrama cercana a 300 millones de pesos. Son cifras relevantes para el sector turístico, aunque su verdadero alcance depende de cómo se distribuyan los beneficios entre hoteles, restaurantes, proveedores, transportistas y productores locales.
El desafío consiste en evitar que la gastronomía se reduzca a un atractivo de temporada. La fortaleza de Jalisco y Nayarit está en convertir el interés momentáneo en rutas, compras, colaboraciones y proyectos que permanezcan activos durante el resto del año. Para lograrlo, el prestigio de los chefs debe dialogar con quienes siembran, pescan, fermentan, destilan y cocinan fuera de los reflectores.
Vallarta Nayarit Gastronómica llega así a su edición 18 con una función más amplia que la de reunir nombres reconocidos. Durante cuatro días, la región pondrá en una misma mesa las cocinas locales y las tendencias internacionales, pero la discusión de fondo será otra: cómo usar la visibilidad gastronómica para fortalecer una identidad territorial sin desprenderla de las comunidades y los productos que la sostienen.
