Una audiencia en Mar del Plata puede devolver a sus herederos un cuadro saqueado por el nazismo

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El destino de “Retrato de una dama”, una pintura del siglo XVIII que fue robada durante la ocupación nazi de los Países Bajos y permaneció durante décadas en una vivienda de Mar del Plata, podría quedar definido este viernes. El juez federal Santiago Inchausti deberá resolver si homologa un acuerdo de suspensión de juicio a prueba solicitado por Patricia Kadgien y Juan Carlos Cortegoso, y si la obra es entregada de manera definitiva a Marei von Saher, heredera del galerista neerlandés Jacques Goudstikker.

La decisión judicial trasciende la posesión material de un cuadro valuado por especialistas en unos 250.000 euros. El expediente concentra cuestiones penales, patrimoniales e históricas: la eventual responsabilidad de quienes conservaron la obra, el derecho de la familia del comerciante despojado y el reconocimiento de que el saqueo cultural fue una dimensión concreta de la persecución nazi.

El acuerdo plantea una renuncia sobre la obra

Según fuentes vinculadas al caso, existe un preacuerdo entre la fiscalía federal a cargo de Carlos Martínez y la defensa del matrimonio. La propuesta incluye el pago de una suma cercana a los cinco millones de pesos, el cumplimiento de reglas de conducta y, sobre todo, la renuncia de Kadgien y Cortegoso a cualquier derecho sobre la pintura. Esa última condición habilitaría la restitución del cuadro a von Saher, quien se presentó como querellante y reclama la obra en calidad de heredera legítima.

La probation no equivale a una absolución ni a una declaración de inocencia. Es una salida alternativa al juicio penal que depende de la aceptación judicial y del cumplimiento de condiciones. En este caso, su importancia reside en que puede resolver rápidamente la custodia y la devolución del bien, aunque no elimina por sí sola el debate sobre el origen de la pintura ni sobre la responsabilidad de quienes la tuvieron en su poder.

La querella había anticipado que buscaría impulsar imputaciones por encubrimiento agravado y lavado de activos agravado, además de sostener que los hechos deben analizarse en conexión con crímenes de lesa humanidad. Si esa línea acusatoria avanzara, el escenario penal sería considerablemente más grave, con penas potenciales superiores a diez años de prisión y multas elevadas. La audiencia del viernes, por lo tanto, puede ordenar el aspecto patrimonial del caso sin clausurar necesariamente todas sus implicancias jurídicas.

Una pista inmobiliaria rompió ocho décadas de silencio

El cuadro estaba en la casa de Patricia Kadgien, hija de Friedrich Kadgien, un alto funcionario nazi conocido como el “mago de las finanzas” de Adolf Hitler. La pintura fue identificada en 2025 por una investigación de un medio neerlandés que la detectó colgada en el living de la vivienda, a partir de fotografías publicadas por una inmobiliaria. La secuencia muestra cómo un objeto que había permanecido fuera del radar institucional pudo ser localizado por la combinación de investigación periodística, archivos históricos e imágenes de circulación comercial.

Tras las denuncias de INTERPOL Argentina y de la Dirección General de Aduanas, la fiscalía abrió actuaciones el 25 de agosto de 2025, con apoyo de la Procuraduría de Criminalidad Económica y Lavado de Activos. Se realizaron allanamientos, incluido el domicilio de Kadgien y Cortegoso. El 3 de septiembre, el abogado de los sospechosos entregó la obra a la Unidad Fiscal. Desde entonces, el cuadro permanece bajo custodia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, a disposición del proceso dirigido por el juzgado federal de Mar del Plata.

Ante la Justicia, Kadgien sostuvo que la obra había sido comprada en 1943 por una cuñada de su padre en un museo de Colonia. Sin embargo, la procedencia de la pieza hasta su llegada a la familia no está documentada de manera completa. Esa falta de trazabilidad resulta central: en los casos de arte expoliado, la mera posesión prolongada no reemplaza la necesidad de acreditar una adquisición legítima, especialmente cuando el objeto procede de un período marcado por confiscaciones, ventas forzadas y apropiaciones vinculadas al aparato nazi.

La prueba artística conecta la obra con Goudstikker

Una pericia de la Academia Nacional de Bellas Artes confirmó que “Retrato de una dama” integró la galería de Jacques Goudstikker en Ámsterdam. El análisis también revisó su atribución: la obra, inicialmente asociada a Giuseppe Ghislandi, fue identificada como una pintura del naturalismo lombardo del siglo XVIII atribuible a Giacomo Ceruti. Los especialistas basaron esa conclusión en el tratamiento descriptivo de la vestimenta y en afinidades con retratos como el de la marquesa Laura Vitali Aliprandi.

La precisión de esa pericia importa por dos razones. Primero, fortalece el vínculo entre la pintura recuperada y la colección expoliada. Segundo, evita que el valor histórico del caso dependa únicamente de relatos familiares o de la visibilidad pública del hallazgo. La restitución de bienes culturales exige reconstruir cadenas de propiedad fragmentadas por la guerra; los inventarios, las fotografías, los catálogos y los estudios técnicos suelen ser las piezas que convierten una sospecha razonable en una reclamación verificable.

La devolución busca reparar una pérdida que no fue sólo económica

Goudstikker poseía una de las colecciones privadas más importantes de los Países Bajos, con más de mil obras que incluían piezas de Rembrandt y Vermeer. Cuando huyó del régimen nazi, murió durante la travesía y su galería quedó bajo control de los ocupantes alemanes. El saqueo de esa colección no fue un episodio aislado: formó parte de una política sistemática que despojó a familias judías de patrimonio, medios de subsistencia, memoria familiar y capacidad de transmitir bienes entre generaciones.

La DAIA respaldó la restitución al definirla como un acto de justicia histórica y reparación moral. Esa expresión no pretende sustituir el análisis judicial, sino explicar por qué el daño no se agota en el precio de mercado de la pintura. Un cuadro puede ser tasado, pero su recorrido también contiene pruebas de persecución, exilio y desposesión. Restituirlo implica reconocer que una transferencia ocurrida bajo un régimen de terror no puede evaluarse con los parámetros ordinarios de una compraventa privada.

Von Saher manifestó que, si recupera la obra, desea exhibirla temporalmente en el Museo del Holocausto de Buenos Aires. La iniciativa cuenta con el respaldo de la institución por su valor educativo y simbólico. Convertir la pintura en una pieza visible permitiría desplazarla del ámbito de la propiedad silenciosa al de la memoria pública: no como un trofeo recuperado, sino como evidencia de que las consecuencias materiales del nazismo siguen requiriendo investigación, cooperación internacional y decisiones judiciales capaces de reparar, aunque sea parcialmente, pérdidas que el tiempo no borró.

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