La advertencia de la OMS sobre un posible incremento significativo de fallecidos en Venezuela tras los sismos del 24 de junio abre un escenario complejo que trasciende la fase de rescate inmediato. El desplazamiento de equipos de búsqueda hacia tareas de recuperación señala un cambio de etapa donde las cifras de víctimas podrían elevarse por causas secundarias, como infecciones no tratadas y falta de atención médica continua. Esta transición exige evaluar no solo el daño directo, sino las cadenas de consecuencias que afectan a un sistema de salud ya debilitado por años de crisis financiera y emigración masiva de personal.
Ampliación de la crisis de recursos médicos
La escasez preexistente de hasta el 37 % de medicamentos esenciales en muchos hospitales se agrava ahora por la destrucción parcial de infraestructuras y la pérdida de trabajadores sanitarios. Cuando un responsable de la OMS menciona la desaparición de la encargada de la red de atención materna en La Guaira, se evidencia cómo la interrupción de cadenas de mando específicas puede generar vacíos de atención que afectan a poblaciones enteras durante meses. Esta situación no solo eleva la mortalidad materna e infantil a corto plazo, sino que también compromete programas de vacunación y control de enfermedades crónicas que ya operaban con márgenes estrechos.

La coordinación de equipos médicos internacionales por parte de la OMS representa un mecanismo de contención temporal. Sin embargo, la sostenibilidad de esta ayuda depende de la capacidad del Estado para absorber y distribuir recursos una vez que la atención mediática disminuya. Históricamente, donaciones masivas han enfrentado problemas de logística en contextos de crisis prolongada, lo que podría traducirse en acumulación de suministros en puertos mientras regiones afectadas siguen sin acceso oportuno.
Riesgos de brotes y desplazamiento poblacional
Las más de 16 000 personas sin hogar enfrentan condiciones de hacinamiento que favorecen la propagación de enfermedades respiratorias e infecciones gastrointestinales. En un país donde la cobertura de agua potable y saneamiento ya era irregular antes de los sismos, los campamentos temporales pueden convertirse en focos de transmisión si no se implementan protocolos estrictos de higiene. La OMS ha documentado en otros desastres cómo la combinación de desplazamiento masivo y colapso de servicios básicos genera incrementos de hasta un 40 % en casos de diarrea aguda durante las primeras semanas posteriores.
Otro factor de riesgo radica en la posible reactivación de cadenas de transmisión de enfermedades como el sarampión o la difteria, cuya vigilancia se ha debilitado por la emigración de epidemiólogos y la interrupción de cadenas de frío. La llegada de ayuda internacional puede mitigar parcialmente estos riesgos, pero solo si se prioriza la restauración de sistemas de vigilancia epidemiológica en paralelo con la atención de heridos.
Efectos en la migración y el capital humano
La salida de decenas de miles de trabajadores de la salud hacia otros países ya había reducido la capacidad de respuesta del sistema. Los sismos añaden una capa adicional de pérdidas por fallecimientos y desapariciones, lo que podría acelerar la decisión de emigrar entre quienes permanecen. Este círculo vicioso reduce aún más la posibilidad de reconstruir servicios esenciales en el mediano plazo y aumenta la dependencia de asistencia externa.
Por otro lado, la visibilidad internacional del desastre podría generar oportunidades de cooperación técnica sostenida si los gobiernos receptores de migrantes venezolanos canalizan parte de su apoyo hacia programas de retorno temporal de profesionales. Países como México, que ya han enviado 71,2 toneladas de ayuda, podrían ampliar su rol más allá de la donación material hacia esquemas de intercambio de personal que fortalezcan la resiliencia local.
Incertidumbres económicas y de gobernanza
La falta de inversión acumulada durante años significa que cualquier plan de reconstrucción enfrentará limitaciones estructurales. Los recursos destinados a salud compiten ahora con necesidades de vivienda, infraestructura vial y restablecimiento de servicios básicos. En ausencia de mecanismos transparentes de rendición de cuentas, existe el riesgo de que parte de la ayuda internacional se desvíe o se utilice de forma ineficiente, prolongando el sufrimiento de las comunidades afectadas.
Al mismo tiempo, la presión internacional generada por la crisis podría incentivar reformas internas orientadas a recuperar la confianza de organismos multilaterales. Si se logra establecer un marco de colaboración estable con la OMS y otras agencias, Venezuela podría acceder a financiamiento para modernizar su red hospitalaria, aunque el éxito de tal proceso dependerá de la voluntad política sostenida más allá del período inmediato posterior al desastre.
El escenario que se abre tras los terremotos combina urgencias sanitarias inmediatas con desafíos estructurales de largo alcance. La evolución de las cifras de mortalidad dependerá tanto de la eficacia de la respuesta actual como de la capacidad para revertir, al menos parcialmente, las deficiencias acumuladas en el sistema de salud durante la última década.
