Rescatistas intentan salvar a niño tras ocho días de sismos en Venezuela

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Las operaciones de rescate en el estado venezolano de La Guaira continúan centradas en la extracción de Fabio, un niño de nueve años que permanece atrapado bajo los escombros de un edificio de doce pisos desde el doble terremoto del 24 de junio. Los equipos internacionales, procedentes principalmente de El Salvador y Argentina, trabajan a seis metros de distancia del menor en la localidad costera de Caraballeda, donde la estructura colapsó por completo. La intervención comenzó a las 23:00 hora local del miércoles y se desarrolla con el apoyo de Protección Civil venezolana y efectivos del Ejército, en un contexto donde las probabilidades de supervivencia disminuyen con cada hora transcurrida.

Cronología del desastre y respuesta inicial

El doble sismo del 24 de junio generó daños masivos en la región norte del país, con un saldo oficial superior a 2.290 fallecidos y 11.267 heridos. El epicentro afectó principalmente la franja costera de La Guaira, donde múltiples edificios de mediana altura sufrieron colapsos parciales o totales. Desde el primer momento, la coordinación internacional permitió el despliegue de 3.000 rescatistas bajo supervisión de la ONU, logrando hasta ahora la extracción de 13 personas con vida. Entre los casos más recientes destaca el del vigilante Hernán Gil, de 43 años, liberado tras 72 horas de trabajo continuo en Playa del Mar, un hecho que renovó temporalmente las esperanzas de los familiares de otras víctimas potencialmente atrapadas.

La operación actual por Fabio se distingue por su complejidad estructural. Los rescatistas han debido apuntalar con vigas de madera la zona de acceso debido al riesgo de nuevos derrumbes. Aunque no existe certeza sobre el tiempo requerido, los equipos estiman que la labor podría prolongarse varias horas más. El padre del niño permanece en el lugar a la espera de noticias, mientras un militar consultado por EFE señaló que el menor podría encontrarse junto al cuerpo de su madre; sin embargo, un rescatista presente aclaró que no se descarta la presencia de otras personas con vida en el mismo espacio.

Desafíos técnicos y límites de la supervivencia

El principal obstáculo radica en la inestabilidad del edificio, que obliga a procedimientos de refuerzo previo antes de cualquier avance. Esta metodología, habitual en rescates urbanos prolongados, reduce el ritmo de avance pero minimiza el riesgo para los equipos. Las experiencias previas en terremotos de magnitud similar muestran que la tasa de supervivencia después de ocho días cae drásticamente, aunque casos aislados de personas rescatadas entre los días siete y diez demuestran que factores como el espacio de aire, el acceso a líquidos y la posición del cuerpo pueden extender las posibilidades. Los rescatistas internacionales aplican protocolos de escucha y monitoreo de signos vitales que permiten confirmar la presencia del niño, aunque la confirmación de su estado de salud solo será posible una vez alcanzado.

Contexto de la ayuda internacional y balance operativo

La presencia de equipos de El Salvador y Argentina responde a acuerdos de cooperación regional activados inmediatamente después del sismo. Estos grupos aportan experiencia en operaciones urbanas de búsqueda y rescate que complementa las capacidades locales. Hasta el momento, el balance de 13 personas rescatadas con vida representa un resultado modesto frente al número de damnificados, pero cada caso individual refuerza la justificación de mantener equipos en el terreno más allá de los plazos iniciales. Las autoridades venezolanas han mantenido actualizaciones diarias a través de Protección Civil, aunque la falta de cifras detalladas sobre personas aún desaparecidas dificulta una evaluación completa del impacto humano.

El caso de Fabio ilustra las tensiones inherentes a cualquier operación de este tipo: la necesidad de equilibrar la urgencia humanitaria con la seguridad de los rescatistas y la realidad de recursos limitados. A medida que transcurren los días, las decisiones operativas se tornan más delicadas, pues cada hora adicional de trabajo incrementa tanto el desgaste físico de los equipos como la exposición a riesgos secundarios. Las autoridades han evitado establecer plazos fijos para el cese de las labores, reconociendo que la decisión final dependerá de las condiciones estructurales y de las señales que puedan detectarse en el lugar.

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