Árboles urbanos pueden empeorar el aire, según un estudio

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Un estudio publicado en la revista Science Advances advierte que algunas especies de árboles plantadas en las ciudades pueden empeorar la calidad del aire al liberar compuestos que favorecen la formación de ozono nocivo. La investigación, dirigida por científicos de la Universidad de Jinan, en Guangzhou (China), concluye que el riesgo aumenta cuando estas emisiones vegetales se combinan con contaminantes del tráfico y la industria.

Los investigadores analizaron, entre otros datos, la atmósfera de Pekín, una ciudad con una amplia presencia de sauces llorones y álamos. “Cuando obtuvimos estos datos, al principio no lo creíamos”, afirmó Bin Yuan, coautor del estudio, al explicar la magnitud de la contribución de la vegetación urbana a la química atmosférica.

El papel de los compuestos vegetales

El ozono troposférico no se emite directamente desde los vehículos o las chimeneas. Se forma cuando la luz solar hace reaccionar los óxidos de nitrógeno (NOx), procedentes principalmente del tráfico y la actividad industrial, con compuestos orgánicos volátiles (COV). Los árboles liberan de forma natural algunos de estos compuestos, sobre todo isopreno, un subproducto de la fotosíntesis.

Entre mayo y julio de 2021, la vegetación de Pekín generó el 10% de las emisiones de COV, frente al 90% asociado a actividades humanas. Sin embargo, las plantas fueron responsables del 52% de la reactividad química relacionada con la formación de ozono. Según el estudio, los compuestos emitidos por los árboles reaccionan en la atmósfera con mayor rapidez y eficiencia que muchos de los contaminantes de origen humano.

La exposición al ozono puede inflamar las vías respiratorias y supone una preocupación especial para las personas con asma o enfermedades pulmonares crónicas. Entre las especies y géneros con mayores emisiones biogénicas figuran el sauce llorón (Salix babylonica), que representa el 11,7% de los árboles de Pekín, además de otros sauces, los álamos, los eucaliptos y los robles o encinos.

Los eucaliptos son especialmente habituales en Australia. En Sídney, cerca del 65% del arbolado urbano pertenece a especies emisoras de isopreno, principalmente eucaliptos. En Estados Unidos, los robles constituyen uno de los géneros dominantes entre los árboles urbanos con alta emisión biogénica. En contraste, los arces, comunes en Europa, se relacionan con niveles de emisión considerablemente menores.

El calor intensifica la reacción

El efecto isla de calor urbana puede agravar el fenómeno. El asfalto, el hormigón, los suelos impermeables y el calor generado por la actividad humana hacen que las ciudades alcancen temperaturas superiores a las de las zonas rurales cercanas. El estudio señala que, a 35 °C, la reactividad de los compuestos biogénicos puede multiplicarse por siete frente a la registrada a 20 °C.

Robyn Schofield, especialista en aerosoles de la Universidad de Melbourne, explicó a Nature que el calor adicional somete a los árboles urbanos a un mayor estrés y puede hacer que produzcan más COV que ejemplares de la misma especie situados en un bosque.

Los autores no plantean detener la reforestación ni eliminar las zonas verdes. Yuan subrayó que los árboles aportan beneficios sustanciales, como refrigeración urbana, almacenamiento de carbono y protección de la biodiversidad. Su propuesta es seleccionar con mayor precisión las especies utilizadas en las ciudades, priorizando las de bajas emisiones y evitando aquellas con una elevada producción de isopreno.

El estudio también reclama acelerar la reducción de los NOx procedentes de vehículos e industrias. Sin estos contaminantes en la atmósfera, las emisiones naturales de los árboles no podrían transformarse en ozono perjudicial, por lo que la planificación del arbolado y el control de las fuentes humanas deben abordarse conjuntamente.

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