Jovany “N”, conocido como “La Muñeca”, pasó en pocas semanas de ser un nombre marginal en el narcomenudeo capitalino a figurar como pieza relevante en la investigación del doble homicidio de dos colaboradores cercanos a Clara Brugada, ocurrido en mayo de 2025. Su detención en Yautepec, Morelos, el pasado 28 de junio, aportó un nuevo eslabón a una cadena que ya suma 19 personas arrestadas, aunque las autoridades siguen sin identificar al autor intelectual ni el móvil preciso del ataque.
Las primeras pesquisas lo vinculan con el control de puntos de venta de droga en colonias del norte de la Ciudad de México, principalmente El Arbolillo I, San Felipe de Jesús e Impulsora, dentro de la alcaldía Gustavo A. Madero. Su pertenencia a La Unión Tepito, confirmada por la Fiscalía capitalina, explica parte de su ascenso dentro de la estructura criminal local y su eventual relación con Samuel Santos Carvajal, alias “El Chamaco”, señalado como uno de los presuntos ejecutores materiales del crimen.
El contexto del doble homicidio
El ataque contra los dos funcionarios ocurrió en mayo de 2025 en la Ciudad de México y generó una de las crisis de seguridad más visibles para el gobierno local en los últimos años. Ambos colaboradores desempeñaban funciones de alto nivel dentro del equipo de Clara Brugada, entonces jefa de Gobierno. La magnitud del hecho obligó a desplegar operativos simultáneos en varias alcaldías y en el Estado de Morelos, donde se localizó a varios de los detenidos.
Hasta ahora, las detenciones incluyen presuntos miembros de la célula de ejecución, operadores logísticos y personas acusadas de facilitar vehículos y recursos financieros. Francisco “N”, identificado como coordinador logístico, fue captado por cámaras de videovigilancia días antes del ataque, lo que permitió reconstruir parte de la logística previa. Otros detenidos, como Isaí “N”, Jasiel “N”, Wendy “N”, Dylan “N” y Jocabed “N”, han sido vinculados a proceso por feminicidio, homicidio y asociación delictuosa.

La posición de “La Muñeca” dentro de la red
Las investigaciones establecen que “La Muñeca” operaba puntos de venta en zonas estratégicas del norte de la capital, un territorio disputado por varias organizaciones. Su cercanía con “El Chamaco” no implica necesariamente participación directa en la planeación del homicidio, pero sí lo sitúa dentro del círculo inmediato que las autoridades consideran responsable de la logística y el resguardo posterior de los implicados. Hasta el momento, la Fiscalía no ha precisado si “La Muñeca” aportó información, vehículos o protección tras el ataque.
Este tipo de figuras intermedias resulta clave para entender cómo operan las redes criminales en la Ciudad de México: controlan territorio, gestionan flujo de drogas y mantienen contactos con otros grupos, pero rara vez aparecen como autores intelectuales. Su captura permite a las autoridades mapear mejor la estructura de La Unión Tepito, aunque el avance sigue dependiendo de la información que aporten los detenidos ya vinculados a proceso.
Avances y límites de la investigación
El incremento a 19 detenidos refleja una estrategia de saturación operativa por parte de la Fiscalía capitalina. Sin embargo, el hecho de que casi la mitad de los arrestados ya haya sido vinculado a proceso no resuelve las dos preguntas centrales: quién ordenó el asesinato y qué motivó el ataque. Las autoridades han evitado especular públicamente sobre posibles móviles políticos o disputas territoriales, limitándose a describir la participación material de cada detenido.
La ausencia de respuestas sobre el autor intelectual mantiene abierto el riesgo de que el caso se estanque en el nivel operativo. En investigaciones anteriores de alto impacto en la capital, la detención de mandos medios no siempre condujo a la identificación de quienes tomaron la decisión final. El caso actual enfrenta el mismo desafío: convertir la información obtenida de los detenidos en pruebas que permitan avanzar hacia los niveles superiores de la organización.
La detención de “La Muñeca” añade un elemento más al expediente, pero también evidencia que las redes criminales en Gustavo A. Madero conservan capacidad de regeneración. Mientras las autoridades no logren identificar el origen de la orden y el móvil real, el doble homicidio seguirá representando un punto pendiente en la agenda de seguridad de la Ciudad de México.
