Putin endurece su mensaje sobre Ucrania mientras admite presión de los drones

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Vladímir Putin afirmó que Rusia está ganando la guerra en Ucrania, descartó negociar con las autoridades de Kyiv a las que calificó de “terroristas” y anticipó nuevos ataques masivos contra la infraestructura energética ucraniana antes del invierno. El mensaje, pronunciado tras una cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái en Bishkek, combina una reivindicación de avance militar con una amenaza de escalada sobre objetivos civiles esenciales.

Una victoria declarada, sin calendario

El presidente ruso sostuvo que sus tropas mantienen la iniciativa en el frente y aseguró que el “enemigo se derrumbará”, aunque no ofreció un plazo ni aportó pruebas verificables para respaldar esa previsión. También aseguró que Moscú no prepara una nueva movilización, una posibilidad sobre la que han advertido analistas occidentales debido al desgaste acumulado por más de cuatro años de guerra a gran escala.

Según Putin, Rusia capturó 270 kilómetros cuadrados en la región de Donetsk durante agosto y logró cercar a un grupo numeroso de militares ucranianos. Reuters indicó que no pudo verificar de manera independiente esas afirmaciones. Esa precisión es relevante: los partes de guerra de ambos bandos suelen servir a objetivos militares y políticos, mientras que la comprobación sobre el terreno resulta limitada en las zonas de combate.

Donetsk concentra la apuesta territorial

La atención rusa se dirige a Sloviansk y Kramatorsk, dos ciudades clave del llamado cinturón de fortalezas ucraniano en el Donbás. Su eventual caída permitiría al Kremlin sostener que controla completamente Donetsk, región anexionada unilateralmente por Moscú en 2022 y cuya incorporación no es reconocida por la mayoría de la comunidad internacional.

Los datos disponibles describen una situación menos concluyente que la presentada por el Kremlin. EFE y el Instituto para el Estudio de la Guerra, con sede en Washington, señalaron que las tropas rusas estaban a mediados de agosto a pocos kilómetros de Sloviansk y Dobropillia. El avance ha sido lento, pero sostenido, y se produce a un costo elevado de bajas. Analistas ucranianos consideran que las primeras infiltraciones más profundas en el Donbás podrían ocurrir hacia finales de 2026, mientras el ISW cuestiona con frecuencia la escala de los progresos anunciados por Moscú.

La admisión de una vulnerabilidad

Putin reconoció que los ataques ucranianos dentro de Rusia han causado daños y que los drones son un desafío para las defensas del país. Se trata de una admisión poco habitual para un mandatario que suele presentar el territorio ruso como protegido frente a las consecuencias directas del conflicto. Kyiv ha ampliado precisamente esa presión con drones y misiles contra aeródromos, instalaciones energéticas y otras infraestructuras situadas en la retaguardia rusa.

La respuesta verbal fue tajante. Putin describió como “terrorismo de Estado” la advertencia del presidente ucraniano, Volodímir Zelensky, a las aerolíneas sobre una posible afectación de facto del espacio aéreo ruso por drones ucranianos. Moscú, dijo, encontrará una forma de responder si esa amenaza se concreta. El intercambio muestra que el conflicto ya no se mide solo por la línea del frente: la capacidad de interrumpir transporte, energía y actividad económica se ha vuelto un componente central de la estrategia de desgaste.

Una negociación subordinada a la correlación de fuerzas

Aunque declaró imposible dialogar con la dirigencia de Kyiv, Putin dejó una reserva: Rusia permanece abierta a conversaciones “concretas” si surge un impulso diplomático. La aparente contradicción responde a una lógica recurrente del Kremlin. Mantener abierta una fórmula abstracta de diálogo permite evitar la imagen de un rechazo absoluto, pero vincularla a condiciones no definidas preserva la exigencia de que cualquier negociación refleje primero una posición militar favorable a Moscú.

La amenaza contra la red energética ucraniana profundiza esa lógica. Con el invierno boreal próximo, los ataques a la electricidad y la calefacción pueden aumentar la presión sobre la población, la economía y la capacidad defensiva de Ucrania. Al mismo tiempo, Kyiv trata de compensar su menor capacidad de avance terrestre mediante ataques de largo alcance contra Rusia. El resultado es una guerra de desgaste con frentes interconectados: Rusia busca convertir avances graduales en una ventaja negociadora, mientras Ucrania intenta elevar el costo interno de sostener la ofensiva rusa. Ninguna de las dos dinámicas sugiere, por ahora, una resolución militar rápida.

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