La Policía india arrestó a ocho empleados del templo de Ram en Ayodhya por presunta apropiación de donaciones en efectivo y objetos de valor depositados por los fieles. El escándalo, que involucra decenas de millones de rupias, afecta directamente a una de las instituciones religiosas más visibles del país y al proyecto político del nacionalismo hindú.
Según reportes locales, el monto presuntamente desviado rondaría los 70 millones de rupias (más de 800.000 dólares), aunque las autoridades aún no han confirmado la cifra. El templo, administrado por el Shri Ram Janmabhoomi Teerth Kshetra Trust, declaró ingresos superiores a 16 millones de dólares solo en el ejercicio 2024-25, lo que lo sitúa entre los santuarios de mayor recaudación de la India.
Impacto político inmediato
El caso golpea un símbolo central del BJP. Inaugurado en 2024 por el primer ministro Narendra Modi, el templo fue erigido sobre el terreno de la antigua mezquita Babri, destruida en 1992. Esa destrucción desencadenó una de las peores oleadas de violencia comunal de las últimas décadas. El vicepresidente del BJP en Uttar Pradesh, Neeraj Singh, reconoció que los hechos resultan “vergonzosos” para la fe de millones de hindúes.

El Partido Samajwadi, principal fuerza opositora en Uttar Pradesh, ha utilizado el escándalo para cuestionar la gestión del templo. El episodio revela que incluso los lugares de culto más protegidos por el poder político no están exentos de fallas en los controles internos, especialmente cuando manejan volúmenes elevados de donaciones en efectivo sin supervisión independiente suficiente.
Con unos 50 millones de visitantes anuales, cualquier irregularidad en Ayodhya trasciende lo religioso y afecta directamente la narrativa de integridad que el Gobierno ha asociado al templo desde su inauguración.
