Marc Félez, barcelonés de 25 años, ha confirmado que seguirá intentando instalarse en El Bierzo pese a haber detenido la rehabilitación de una vivienda de más de dos siglos. Diez meses después de dejar Barcelona, el joven ha pasado tres meses en una tienda de campaña en un terreno donde proyecta construir una cabaña autosuficiente. Su decisión llegó tras una separación personal y refleja una apuesta que combina ruptura vital, trabajo remoto y búsqueda de un entorno menos urbano.

Autonomía con límites materiales
Félez evita presentar la experiencia como una postal idealizada. Durante ese periodo obtuvo agua mediante bidones rellenados cada tres o cuatro días, se duchó con una bomba de 17 euros y alimentó sus dispositivos con una batería conectada a una placa solar. El problema decisivo fue la conectividad: para acceder a internet debía desplazarse a puntos elevados de la montaña o al pueblo más cercano. La experiencia muestra que la vida rural puede reducir presión ambiental y mejorar el bienestar percibido, pero sigue dependiendo de infraestructuras básicas para quien trabaja digitalmente.
El proyecto se sostiene con ingresos variables. Félez gestiona redes sociales y realiza vídeos promocionales para empresas y particulares; además, calcula que YouTube le aporta cerca de 500 euros mensuales antes de impuestos, mientras que las colaboraciones publicitarias pueden alcanzar entre 1.000 y 1.500 euros por acción. Cuando tuvo que reiniciar la iniciativa, tres amigos le prestaron 1.000 euros cada uno. Ese respaldo revela que la autosuficiencia aspiracional no elimina la necesidad de una red económica y personal estable.
Nuevo alojamiento y regreso a la obra
Con las lluvias de otoño, dejará la tienda para ocupar en octubre una vivienda casi gratuita ofrecida por una mujer de un pueblo cercano que conoció su historia. Antes viajará durante septiembre por áreas rurales de Bolivia, acompañado por una amiga y su familia, en un recorrido financiado por un patrocinador y convertido en una miniserie de vídeos. A su vuelta prevé retomar la construcción de la cabaña. El cambio de alojamiento no supone abandonar su plan: le da un margen más realista para convertir una experiencia provisional en un proyecto de residencia duradero.
