La Presa San Joaquín, situada en el límite entre Naucalpan, Estado de México, y la Alcaldía Miguel Hidalgo, ha emitido durante las últimas semanas un olor fétido que afecta a cerca de 10 mil habitantes de la zona. La situación alcanza a colonias de Tecamachalco y al entorno de Granja Las Américas, de acuerdo con Meni Cohen, presidente de la Asociación de Colonos de Tecamachalco.

Un problema compartido entre dos jurisdicciones
La ubicación de la presa vuelve más compleja la atención del problema: el cuerpo de agua se encuentra en una zona limítrofe, donde la responsabilidad ambiental, sanitaria y de mantenimiento puede involucrar a autoridades de distintos niveles y territorios. Para los residentes, sin embargo, el impacto es inmediato: la persistencia del olor deteriora la convivencia cotidiana y genera preocupación por las condiciones del agua.
El señalamiento vecinal expone la necesidad de identificar el origen de las emanaciones, determinar si existen descargas o acumulación de materia orgánica y comunicar medidas verificables. Sin un diagnóstico público y una intervención coordinada, el mal olor puede dejar de ser una molestia temporal y convertirse en un indicador de deterioro ambiental con efectos más amplios para las comunidades cercanas.
