La nave Link se aproxima al Swift, pero no logra prolongar su misión

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CABO CAÑAVERAL (AP).— La nave espacial privada Link, desarrollada por Katalyst Space Technologies para intentar salvar al Observatorio Swift de la NASA, logró acercarse la semana pasada a menos de 15 kilómetros del telescopio y obtener imágenes de su posición. Sin embargo, el vehículo no tenía combustible suficiente para completar la maniobra decisiva: elevar a Swift a una órbita más estable y prolongar su vida operativa.

El acercamiento se produjo dos semanas después de que la NASA y Katalyst dieran por cancelado el rescate, una decisión motivada por los problemas que Link sufrió poco después de su lanzamiento, en julio. Aunque la misión ya no podía cumplir su objetivo original, la empresa decidió continuar con la aproximación como ejercicio para futuras operaciones de mantenimiento y servicio en órbita.

Un rescate frustrado por el combustible

Link comenzó a girar de manera incontrolable poco después de despegar rumbo a Swift. Los controladores de vuelo lograron reducir el bamboleo y estabilizar la nave, pero el procedimiento consumió una parte importante del combustible disponible. Esa reserva era indispensable para acercarse con precisión, sujetar o acompañar al telescopio y modificar su trayectoria orbital.

El Observatorio Swift se encuentra en pleno descenso orbital debido, entre otros factores, a la actividad solar, que aumenta la resistencia sobre los objetos que se desplazan alrededor de la Tierra. Sin un impulso que lo llevara a una órbita más alta y duradera, el telescopio está destinado a reingresar en la atmósfera. La NASA calcula que ese episodio ocurrirá en algún momento entre octubre y finales de este año.

“Estuvimos tan cerca, pero tan lejos”, declaró Ghonhee Lee, director ejecutivo de Katalyst. La frase resume la diferencia entre demostrar que una nave puede aproximarse a un satélite y ejecutar con éxito una operación de extensión de vida, que exige controlar simultáneamente la navegación, la estabilidad, el consumo de combustible y la interacción con un objeto envejecido.

La nave Link se aproxima al Swift, pero no logra prolongar su misión

Una misión concebida con poco margen

Katalyst atribuyó parte de las dificultades a la rapidez con la que fue construida Link. La misión se preparó en apenas nueve meses y, según Lee, los ingenieros tuvieron que utilizar componentes disponibles en lugar de esperar las piezas consideradas ideales. Esa presión permitió poner el vehículo en órbita en un plazo reducido, pero también limitó el tiempo para probar el sistema y corregir posibles fallas antes del lanzamiento.

La NASA pagó 30 millones de dólares por el intento. Desde el principio, ambas partes lo plantearon como un experimento con riesgos controlados y con un objetivo adicional: obtener experiencia en el mantenimiento de satélites que no fueron diseñados originalmente para ser visitados. El límite más importante era evitar una colisión, que podría haber generado una nube de fragmentos y aumentado el riesgo para otras naves en órbita.

El administrador de la NASA, Jared Isaacman, reconoció que el resultado no fue el esperado, pero defendió el valor de este tipo de proyectos. A su juicio, prolongar la vida de una nave científica puede ser razonable cuando el costo de rescatarla es inferior al de reemplazarla. Esa lógica gana importancia a medida que los telescopios y satélites acumulan años de operación y sus instrumentos continúan produciendo datos difíciles de sustituir.

Swift seguirá observando mientras sea posible

Swift, lanzado en 2004, está dedicado principalmente al estudio de estallidos de rayos gamma y otros fenómenos violentos del universo. La NASA había suspendido temporalmente sus observaciones este año para conservar energía, pero las reanudó la semana pasada. La decisión muestra que, pese al deterioro de su órbita, el observatorio todavía conserva capacidad científica y que sus responsables intentan aprovecharla hasta el final.

Link no dispone, según Lee, de combustible suficiente para intentar otra aproximación significativa. Aun así, la nave puede seguir utilizando sus tres brazos robóticos, de aproximadamente un metro cada uno, y recopilar datos sobre la operación antes de reingresar en la atmósfera y desintegrarse durante las próximas semanas. En ese sentido, el vehículo se ha convertido en una plataforma de pruebas, aunque ya no pueda actuar como salvavidas de Swift.

El mantenimiento orbital como nueva prioridad

El caso de Swift también pone de relieve un problema más amplio: muchas naves espaciales valiosas están llegando al final de su vida útil sin contar con mecanismos sencillos para recibir combustible, reparar componentes o modificar su órbita. Durante décadas, el mantenimiento en el espacio fue una actividad excepcional, reservada a misiones muy específicas. La experiencia de Link sugiere que esa práctica podría volverse más frecuente, pero también que requiere vehículos robustos, sistemas de aproximación probados y una planificación menos comprimida.

La NASA ya incorpora esa perspectiva en nuevos proyectos. El recién lanzado Telescopio Espacial Nancy Grace Roman fue diseñado para poder reabastecerse de combustible, aunque operará a unos 1,6 millones de kilómetros de la Tierra, en un punto de observación que hará más complejas las futuras intervenciones. El diseño anticipado de esas tareas contrasta con las dificultades de intentar rescatar un telescopio antiguo que no fue concebido para recibir asistencia.

La órbita del Telescopio Espacial Hubble también ha descendido como consecuencia de la actividad solar. Katalyst trabaja en una nave de próxima generación que podría elevar al observatorio, de 36 años, a una trayectoria más duradera. Lee subrayó que esa operación no es inminente: el Hubble todavía tendría algunos años de vida útil. Pero la advertencia de Swift es clara: cuanto más tarde se planifica una intervención, menor suele ser el margen para resolver fallas, ahorrar combustible o evitar que una misión de servicio se convierta únicamente en una demostración técnica.

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